#4 TiemposColumna de Ricardo Sánchez García

Tus flores negras, no | Columna de Ricardo Sánchez García

Sin partitura

 

El Día Internacional de la Mujer ha de recordarse cada año y también como cada año existen varias opciones: ¿felicitar o reflexionar? En días previos y posteriores al 8 de marzo veremos a funcionarias no darse abasto en sus festivos eventos, pero lo verdaderamente satisfactorio son las actividades académicas, con mujeres científicas aportando a la construcción del conocimiento y a la crítica social. Loables también los actos no oficiales que buscan reivindicar el sentido de la conmemoración.

 

Mientras muchas lideresas luchan por no convertir ese día en otro catorce de febrero, locutores de las más populares estaciones de radio se desbordan en halagos y frases de amor. A los más escuchados es a quienes debemos capacitar y ganar esos espacios para decir: no es un día de celebración a la hermosura de la mujer bien portada, esa que paciente espera recitales, serenatas, chocolates y muchas flores. Convencida fue de ser la criatura más hermosa de la creación, representación de sutileza y fragilidad. Crecen los esfuerzos para cuestionar la condena a la subyugación de este ser abnegado, porque dicen, el despilfarro de elogios lleva consigo un velado sometimiento al poder.

 

En España fue Clara Campoamor quien logró el sufragio femenino (1931), pero en nuestro país todavía persiste la idea de que el derecho a votar o ser electas fue concedido por el presidente Ruiz Cortines (1952), como una estrategia política y no consecuencia de la organización, exigencia y lucha de las mujeres.  El primer Congreso Nacional Feminista, en julio de 1923, propició que el entonces gobernador de San Luis Potosí expidiera un decreto en el que se reconoce el derecho a votar y a ser elegidas en elecciones municipales las mujeres potosinas.

 

En Yucatán, Elvia Carrillo Puerto resultó la primera mexicana electa diputada al Congreso Local, pero renunció por haber recibido amenazas de muerte. Al cambiar su residencia a nuestro Estado, donde nuevamente obtuvo el triunfo, este le fue negado por el colegio electoral.

 

Con todo y lo que nos dice la historia, en redes sociales aún se desatarán memes y absurdos comentarios buscando desestimar la idea “no quiero tus flores” pues persiste la negación a comprender el fondo del asunto. Las flores que una mujer jamás debería aceptar son las precedidas por una frase de burla o desprestigio o cualquier agresión física; la destrucción de los bienes personales o documentos. El violentómetro, elaboración del Instituto Politécnico Nacional, muestra gráficamente esta escala ascendente de agresiones a la que siguen patadas, aislamiento  y amenazas con objetos o armas.

 

Los ramos de flores cada vez serán más grandes, frondosos y atractivos, dicen voces expertas. Las disculpas más convincentes al grado de humillarse el agresor y las promesas de cambio buscarán ser más creíbles. Pero, en caso de permitirse tal relación, le seguirán el abuso sexual, la violación y finalmente el feminicidio como un cruento hecho, consecuencia de todas las violencias anteriores.

 

Las flores dejan de ser rojas de pasión y amor y se convierten en negras, de luto y muerte, representadas en una corona entregada como última disculpa de la que ya no se espera respuesta. Decir “No quiero tus flores”, es en realidad una forma de exigir respeto y difundir la idea de no aceptar como disculpa un regalo que por considerarse romántico e irrechazable se obligue culturalmente a tomarlo en el entendido de quedar olvidadas las agresiones que le anteceden. Como si el alma sanara con un simple curita.

 

Para comprender el contexto de lo dicho, bastan los números de la Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género, pues mediante encuesta sobre las relaciones en el hogar, concluye que más de 46% de las mujeres entrevistadas sufrió algún incidente de violencia por parte de su pareja y sí, el Estado de México aparece como la entidad con mayor prevalencia en esta situación. En el país, 4 de cada 10 mujeres han sido humilladas, menospreciadas, encerradas, amenazadas con destruir sus pertenencias o bien, expulsadas de sus casas y a 13 de cada 100 mujeres sus parejas las han golpeado, amarrado, pateado, tratado de ahorcar o asfixiar.

 

Pero no es la única forma de intentar dominar el cuerpo, pensamiento y tranquilidad de una mujer. En el estado potosino, tenemos como ejemplo la violencia política por cuestiones de género ejercida contra la magistrada Yolanda Pedroza Reyes. Estaremos al pendiente de la conclusión en el pleno del Congreso Local sobre la solicitud de la PGJE en el juicio de desafuero contra dos magistrados del Tribunal Electoral, los protegidos del sistema Calixto y Rigoberto. Confiamos en la resolución como una puerta para que la justicia y la lucha por la igualdad de género sienten un precedente sobre la no discriminación y el disfrute de los derechos político-electorales de todas las personas.

 

La igualdad entre hombre y mujer no debiera requerir un precepto jurídico, pero como otras luchas, ante la negativa por sectores sociales a reconocer el principio, se escribió obligatorio.

@DDHHSamuelRuiz

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