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El tricolor vestido de azul. La visita de Meade a SLP | Crónica de Jorge Saldaña

Tercera llamada

No mataron al becerro gordo, no lo vistieron con el mejor traje, no le pusieron anillo en el dedo ni calzado en sus pies, pero San Luis Potosí ayer sintió el retorno de un hijo pródigo, uno lejano quizás, pero al fin y al cabo el único con aspiraciones presidenciales que tiene ciertas raíces con uno de los apellidos potosinos más rancios.

Es José Antonio Meade, el precandidato del PRI a la primera magistratura quien vestido como panista, en camisa azul cielo, llegó conduciendo una blanca camioneta de trabajo a la empresa Midori ubicada en uno de los parques industriales.

Pasaba el medio día y una pequeña, pero importante comitiva ya esperaba al ungido del peñanietismo. El Senador Teófilo Torres Corzo, enfundado en una fina y llamativa guayabera color lila, fue el encargado de introducir a Meade con Vicente Rangel Mancilla, socio del parque industrial, así como con directivos y empleados que rápido extendían la mano al visitante.

A puertas cerradas para los medios, el precandidato se sentó con media docena de jóvenes trabajadores a quienes concedió una foto y compartió breves minutos una botella de agua. La rentabilidad política del acto le sería cuestionada un poco más tarde, sobre todo porque su precampaña se supone está dirigida a miembros de su partido con derecho a voto en la convención tricolor y no a obreros potosinos de la industria de las vestiduras de vehículos.

El saludo en privado con el empresario hijo del desaparecido Don Vicente Rangel parecía justificar el acto, pero fueron pocos los que pudieron atestiguar el encuentro y los acuerdos, si acaso los hubo.

Minutos más tarde, Meade salió al área de recepción de telas para la empresa, que en ese momento se convirtió en área de recepción a los medios, que también querían cortar tela.

No se pudo. Un colaborador del precandidato fue preciso y escamoteó al gremio apenas tres preguntas de las que respetaron dos.

Sobre educación la primera, y sobre corrupción y los candidatos del PRI en San Luis la segunda, específicamente sobre Oscar Bautista y su intención explícita de brincar de la Ecuación Corrupta a una curul federal.

La respuesta fue muy parecida a lo expresado por Meade en Veracruz el domingo. “No habrá cabida a personajes que busquen servirse y el PRI se tendrá que reivindicar”.

 

Alguien debió tomar nota del asunto, pues aunque lo intentó en un par de ocasiones, a Oscar Bautista no le permitieron ni acercarse a Meade, y cuando lo tuvo a menos de un metro de distancia, fue el propio bigotón diputado de la Zona Media el que dudó en extenderle la mano a Meade y es que al parecer, las cámaras estaban muy cerca y Bautista, que no les perdía el ojo, lo tenía claro.

Vámonos al partido, le dijo su anunciado asesor José Ramón Martel al candidato mientras subía en la cabina trasera de la camioneta con sueño de convertirse en presidencial.

En la avenida Luis Donaldo Colosio, desde las 11 de la mañana comenzó un disimulado acarreo de militantes que llegaban por tandas en los mismos vehículos particulares.

A pesar de los esfuerzos y de las más de tres horas de retraso, no se logró el lleno total al auditorio Plutarco Elías Calles ni mucho menos en la explanada exterior del edificio tricolor potosino.

El candidato descendió nuevamente del vehículo para enfrentarse de inmediato al largo besamanos y “selfiecamino” que le tenían preparado.

En primera fila lo esperaban todos los diputados priistas, que con su permiso sin goce de sueldo en mano, dejaron abandonada la permanente en el Congreso, en la que por cierto, sin quórum, el resto de los legisladores se animaron a sesionar violando así su reglamento interno. Ya será tema para mañana. En el momento todos coreaban a Meade, y buscaban la oportunidad para estrechar su mano.

 

Los saludó de mano a todos los de las primeras filas, pero destacó el apretón con Enrique Galindo Ceballos que se ubicó en lugar estratégico, logró el cometido y hasta intercambió algún comentario en corto con Meade que lamentablemente fue inaudible.

Igualmente el comentario personal que hizo al diputado Gerardo Serrano Gaviño, a quien lo buscó con la mirada, se le acercó y le expresó un “nos vemos al rato para comer con la familia y platicar contigo”. Fernando Chávez y otros que estaban a un lado de “Chilito” no pudieron ocultar su expresión de sorprendidos.

Con la atención puesta en Meade, a los priistas y medios casi les pasó desapercibida la presencia de la señora Lorena Valle, esposa del gobernador Juan Manuel Carreras, a quien ubicaron a un lado de la esposa del precandidato, Juana Cuevas, pero el propio José Antonio en su discurso se encargó de hacerla notar aunque no de la manera más precisa:

“Le agradezco a Lorena Valles…” dijo en dos ocasiones durante su discurso haciendo un pequeño “peñanietazo”.

Si no hubo borrego gordo durante la reunión con empresarios que más tarde encabezó el precandidato tricolor vestido de azul en las Caballerizas de la familia Torres Corzo, mucho menos hubo frutsis o tortas en el PRI. La fiscalización del INE no perdona y lo acaban de ventanear como uno de los precandidatos que más ha gastado. No era para menos la austeridad.

Así que por muy “Chato” López, Valladares, Martín Alba, Torres Corzo o gerente de BMW en San Luis, nadie pudo obtener más que café y una exposición sobre las condiciones económicas del país y los retos en materia de seguridad a los que se enfrenta el Estado.

Los grandes y cuidados jardines de los Torres Corzo recibieron más agua ayer, que la “crema y nata” de las oligarquías potosinas y los representantes de las cámaras empresariales que se reunieron alrededor del ex Secretario de Hacienda tanto de Calderón como de Peña Nieto.

 

Finalmente, el foro “Puntos de encuentro” tuvo como escenario el Centro de las Artes en San Luis Potosí y ahí Meade nuevamente expresó su compromiso por el país, la importancia de la participación de los jóvenes, exaltó el programa dual de estudio y trabajo, alabó el papel de las mujeres y de los sectores productivos.

Nada nuevo bajo el sol. No hubo nota nacional, no hubo anuncio relevante. Los potosinos vieron a un estadista preparado más que a un político de arrastre, muchos datos, poco entusiasmo. Buen trato, amable y atento, pero de bajo perfil y poco carisma magnético.

Como escribió San Juan en la parábola del hijo pródigo: “Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano estaba muerto y ha revivido; se había perdido y es hallado”.

Por eso antes de la partida José Antonio se tomaron los “Meade” la foto del recuerdo, todos los descendientes y agregados se arremolinaron a su lejano pariente. Así se vivió la visita de Meade en San Luis. Un panista que volvió a su tierra en forma de candidato tricolor, y que no es, por cierto, la primera vez que a los potosinos nos ocurre.

 

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