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Tri-ple decepción | Columna de Emmanuel Gallegos

Gambeta

Es difícil que, al menos yo, pueda nuevamente ilusionarme por lo que suceda con algún equipo de mis favoritos. El América que ha sido mi equipo desde pequeño ha logrado sacarme apenas unos esbozos de felicidad en los últimos años; el Real Madrid, tricampeón europeo me ha dado tragos dulces pero en su gran mayoría amargos (con todo y que han logrado levantar esas tres Champions); y por último, uno del que no siempre he esperado mucho, pero al final ha logrado decepcionarme, la Selección Mexicana.

Aunque desde el 2010 a la fecha, la selección española ha sido la favorita de entre todas, el apego que se siente por el equipo de tu país es algo que difícilmente podrá ser modificable, he sabido de algunos que apoyan a selecciones de otros países por tradición familiar o porque, quizá, algunos jugadores favoritos o aspectos de dicho selectivo se le han arraigado en el corazón, pero siempre, siempre, estará por encima la pasión y el “amor” que se le tendrá al Tri.

Ahora, lo que pasó con el México que jugó contra Alemania, me hizo creer por unos momentos que las cosas podrían cambiar, que México llegaría a ese quinto partido y que se moriría peleando en la raya y con la frente en alto al rival que tuviera en frente… lastimosamente no pudo ganarle a un Brasil plagado de figuras, pero no con mucho equipo y cayó eliminado de una forma muy pero muy sencilla, doblando las manos y destruyendo las pocas (falsas) esperanzas que me dieron y que fueron mermando luego de jugar contra Corea y Suecia.

La “mejor generación”, “la generación dorada”, las del “imaginemos cosas chingonas”, muchos nombres les dieron a los jugadores que la conformaron, pero tristemente para mí será más recordada como la generación de los bocazas, de los engreídos, de los que se sintieron más importantes que los demás (selectivos mexicanos), los que ofendieron a los que no creíamos en ellos, los que hicieron de las redes sociales su mejor arma para defenderse, cuando en la cancha es donde deben demostrar su valía. Pocos se salvan claro, algunos hicieron todo lo que pudieron en la cancha, cargando en sus espaldas los alegatos de otros tantos.

El que debió ser líder en el campo, y que entró únicamente para ser homenajeado, sin aportar nada futbolísticamente a México, Rafa Márquez, será recordado en este Mundial como el que llamó “mediocres” a los aficionados que se molestaron por la tan penosa demostración que dieron con los suecos. Esos a los que llama mediocres, son las personas que pagan boletos sobrevalorados para ir a verlo jugar con el Atlas, esos a los que llamó mediocres son los que buscan la camiseta con el nombre y número en el puesto afuera del estadio porque lo consideran su “ídolo”, esos a los que les llamó mediocres son los que “se chingaron la rodilla” y quizá nunca pudieron brillar en una cancha; Rafa, mediocre es no saber reconocer y aceptar la derrota, la decepción y la crítica luego de haber ganado mucho (con el Barcelona) y haber fracasado en este Mundial, grande, con los verdes.

Desafortunadamente se quedaron donde (casi) siempre nos hemos quedado en los mundiales, sólo les pido no se la pasen imaginando cosas, y mejor trabajen para conseguirlas. No es cuestión de falta de mentalidad positiva, sino de un mejor control del ególatra que se apoderó de ustedes y los hizo perder el piso.

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