#4 TiemposCartas de navegación

Tokio está en la siguiente calle | Columna de Luis Moreno Flores

Cartas de navegación

Lo más cerca que he estado de Tokio es cuando paseo por sus calles, gracias a Google Maps. En uno de esos viajes di vuelta cerca de unas canchas de fútbol y me encontré con un barrio muy parecido al mío, desde entonces tengo deseos de visitarla.

En contraste, también me siento atraído por esa ciudad debido a que frecuentemente me gusta pensar en la escena repetida en películas y series de televisión donde se ve una calle repleta de luces neón, gente y negocios con comidas extrañas, sobre la que miles de personas transitan sin inmutarse, como si fueran un cardumen humano. Ambas imágenes resultan antagónicas y, sin embargo, ahora (al menos para mí) son postales clásicas y magnéticas de Tokio.

En los dos casos me surgió la duda sobre cómo sería yo insertado en ese panorama. Para el primero quizá me sentiría reconfortado de caminar por un sitio desconocido, girar en alguna esquina que me lleve a la sorpresa de encontrar una visión de mi hogar en México.

Al segundo, regularmente le agrego a la secuencia un protagonista que en medio de ese caótico escenario de centellas artificiales, sobrepoblación y ritmo frenético de vida, entra en una de las fondas de comida perteneciente a otro mundo (seguro la frecuenta a diario) se sienta a la mesa e instantáneamente encuentra un sitio dentro del caos, encuentra su sitio en el universo. ¿Cómo elegir un puesto cuando hay cien más? ¿Podría yo escoger mi sitio en ese microcosmos?

Tengo la arrogancia de creer que domino mis movimiento sobre San Luis, mi ciudad. Para combatirla recientemente hago prolongados paseos en los que salgo de casa sin rumbo definido e intento seguir caminos que nunca antes había visto, hasta que me pierdo. Doy con negocios “nuevos”, calles con nombres de héroes desconocidos, casas de arquitectura extranjera o con detalles decorativos tan inverosímiles como bustos griegos, pozos de luz parecidos a naves espaciales, pinturas de Quetzalcóatl o anacrónicas limosinas. Me invade la certeza de que la ciudad se ha vuelto otra.

Estoy convencido de querer ir a Tokio, uno de esos lugares donde el ser humano recuerda su insignificancia, para buscar un resquicio que me pertenezca, un remanso de tranquilidad al cual llamar mío. Mientras que camino por San Luis con la esperanza de extraviarme, de perder algo. Perder ciudades para encontrar otras, ciudades que antes eran invisibles, diría Ítalo Calvino. Perder Tokio para encontrar San Luis y viceversa.

También recomendamos: Motivos para no votar por AMLO | Columna de Luis Moreno Flores

Nota Anterior

¿Cómo sé qué candidatos quieren ser diputados por mi distrito en SLP?

Siguiente Nota

José Escobedo Monsiváis, El Yaqui de Salinas  | Colaboración de Miguel Ángel Paisano