#4 TiemposContrapunto

Entre taxis y camiones | Columna de León García Lam

Contrapunto

En el contexto de la precaria situación de seguridad que nos ofrece la administración gubernamental actual, hace unos días robaron la camioneta de mi casa, y por ello, desde entonces viajo en el transporte público. Así que plantearé algunos problemas al respecto de taxis y camiones.

El taxi es un transporte que nos provoca sentimientos encontrados: por alguna extraña razón, ver un embotellamiento de taxis amarillos en la ciudad de Nueva York es signo de civilización y progreso. En nuestro San Luis, los taxis verdes son la bandera de la barbarie misma y probablemente generan más problemas de los que solucionan. Como en muchos temas más, la culpa no es toda de los taxistas, sino de sus concesionarios y del gobierno mismo, que pone reglas de juego muy tramposas: porque todos sabemos que las concesiones no se otorgan de manera clara y leal, sino generalmente en contubernio con intereses muy oscuros.

Uno puede llegar a pensar, con inocente ingenuidad, que, a los pocos segundos de pararse en cualquier esquina, aparecerán varios taxis compitiendo por el pasaje. Que, con seguridad y diligencia, el chofer del taxi tomará las mejores decisiones viales y que, además del buen precio, el trato al cliente es casi inmejorable, porque estamos en las tierras de la calidez humana, que también reciben el nombre de San Luis Potosí. Habrá que agregar, tomando en cuenta la competencia que representan los Uber, que los taxistas se esmeran en conservar, a punta de buen gusto, la preferencia de la clientela…

Nada de eso: Los taxis de nuestro San Luis andan cometiendo por doquier faltas de cortesía y al reglamento de tránsito -como detenerse en doble fila-, pues van persiguiendo la chuleta y cual maquiavelos urbanos, el fin justifica sus medios: se pasan altos, rebasan por la derecha, se atraviesan, cruzan las líneas peatonales, se detienen abruptamente, y si en algún momento se confrontan con otra persona, en cuestión de minutos están protegidos por una horda de taxistas solidarios. Renglones aparte merecen todos esos taxistas donjuanes que les da por flirtear con las pasajeras y también, aquellos que agarran a pedradas a los coches Uber.

Respecto a esas moles amarillas o verdes, también dueños de las calles, que van echando humo de diesel por toda la ciudad, que siguen reproduciendo los mismos añejos problemas de siempre: deteniéndose en todas partes, peleando con los pasajeros, encarrerados, o bien lentísimos, que les da por atropellar, por amedrentar a otros conductores, con música chachalaca, y que por $8.50 machacan a causa de baches y topes, las asentaderas de los potosinos.

Taxis y camiones son fenómenos tan malos como necesarios. No podemos dejar de usarlos y por ello son así, porque no tenemos opción. Nadie se sube a un camión o a un taxi por puro gusto, se usan porque no queda de otra. Los cambios “positivos” del transporte vienen cuando los concesionarios calculan subir las tarifas… hecho que debe estar por ocurrir, si es que siguen aumentando los precios de los combustibles. Es entonces cuando los funcionarios, diputados y los empresarios se dicen preocupadísimos por mejorar.

¿Entonces qué hacemos, estimado y culto lector de La Orquesta? En lo que decidimos, me voy porque está por dejarme el último camión.

@guaname

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