#4 TiemposSan Luis en su historia

Cómo surge la equidad y cuándo se aplica | Ricardo García López

San Luis en su historia

Recién fundado el pueblo de Roma, las normas jurídicas se aplicaban en forma rigurosa y bajo el postulado lex dura sed lex, la ley es dura pero es la ley, es decir que las normas debían aplicarse a todos los ciudadanos por parejo, dependiendo del delito que se cometiera, así por ejemplo si usted y yo hubiéramos sido ciudadanos romanos y usted toma un cacahuate al pasar por el mercado y, por otro lado yo asalto un banco y me llevo 100 monedas de oro, como la ley decía que el robo se castigara cortando la mano derecha al que lo cometía, usted y yo nos quedábamos sin mano derecha.

Al paso del tiempo y con la influencia de la filosofía griega, principalmente la ética, los jurisconsultos reaccionaron contra esa forma de aplicar la ley y determinaron que la pena debía ser proporcionada al delito y a las circunstancias en que se había cometido, es decir, se debe actuar con equidad (igualar la pena con el delito y las circunstancias en que se cometió), o sea que si yo ya tenía varios años robando monedas de oro y usted fue la primera vez que tomó el cacahuate, porque se le antojó, es ilógico que se aplicara la misma pena. Cambió entonces el criterio para aplicar el derecho diciendo que summa lex summa iniuria, lo que quiere decir que si la ley se aplica con todo rigor e igual para todos, más que honrar la justicia, la ofende y se torna dicha aplicación de la ley en una suprema injusticia y por eso es que hubo y hay  casos en que se justifica el actuar no sólo fuera de la ley sino más aún contra la ley.

Así tenemos que estos filósofos afirman que una de las formas de la equidad que también se llama justicia superior, es aquella que se encuentra situada por encima de la norma positiva [ley escrita] y por lo tanto en virtud de la epiqueya, es lícito a todo hombre actuar en contra de la letra de una norma jurídica obligatoria, cuando considera que el rigor de la misma es inadecuado en un caso determinado. No obstante, la aparente contradicción a la norma está conforme con la mente del legislador o lo que es lo mismo, con el espíritu de la ley. La ley no puede prevenir o controlar todos los casos particulares, tanto los presentes como los futuros, por ello es que se da la epiqueya  y mediante ella el juzgador se aparta de la aplicación estricta de la norma. Pongamos el caso de la norma, manifiestamente justa y adecuada, que ordena la devolución de una cosa a su legítimo dueño cuando éste entrega esa cosa a otra persona, ésta deberá volverla en el momento que el depositante la requiera. Esta norma pierde su eficacia cuando se presenta el caso de que el dueño de la cosa depositada la reclama en el momento que ha sido presa de una ira incontrolable, de suerte que con dicha cosa [vamos a suponer que fuera un arma de fuego] pudiese atentar contra la vida de la persona que le provocó tal estado de ánimo, siendo en este caso, que el que tiene la cosa ajena en su poder, puede optar por no entregar el arma al depositante puesto que puede provocar daños lamentables, es decir, con esto el depositario quebranta una norma de derecho pero no la equidad misma. Por lo tanto según los jurisconsultos y los moralistas, para aplicar la epiqueya o equidad, es necesario que existan las cuatro condiciones siguientes:

1a, que la situación que se está presentando sea un caso grave, no porque se me ocurre o me imagino, o porque no me gusta. 2ª. Que sea actual, cierta y real, no futura o imaginaria, por ejemplo cuando digo: te voy a hechizar, o el año 2022 te voy a echar la mala sal. 3ª. Que por eso mismo la norma pueda considerarse como irracional para el caso que se está presentando; 4a. Que  por la inminencia del caso, no exista posibilidad de acudir a la autoridad legítima.

Por todo lo expuesto entendemos que existen normas positivas, de convivencia social y religiosas que nada tienen que ver con la equidad pero que, con todo, las tengo que respetar. Así por ejemplo, vamos a suponer, que se me invita a un Bautizo, Primera Comunión o Confirmación como padrino, y como no me sujeto a las normas jurídicas, sociales ni religiosas y además me gusta llamar la atención, para demostrar mi independencia, mi libertad y que me vean,  asisto con shorts y patas de gallo a la ceremonia. Tal vez nadie o quizá alguien se atreva a decirme algo, pero, con toda seguridad, habrá una sanción manifiesta o callada pero la habrá.

Independientemente de que haya sanción o no, la lógica me dice que debo actuar, vestir o hablar en forma adecuada, en mi caso, como hombre viejo que soy, como ex catedrático de la Universidad, como ex funcionario público (de los antiguos, desde luego), como miembro de una sociedad a la que debo respetar y pedir que me respete.         

También recomendamos: Abuso de autoridad | Columna de Ricardo García López

Nota Anterior

Los cinco tipos de escritores que todo buen literato mexicano ha encarnado alguna vez | Columna de Xalbador García

Siguiente Nota

Hombre dispara a anciana en la cabeza para robarle; vecinos lo detienen y casi lo linchan