#4 TiemposDesde mi clóset

Sobre la necesidad de repensar el Tercer Sector | Columna de Paul Ibarra

Desde mi closet

Hace algunos días se ha iniciado un movimiento en redes sociales denominado #SíConLasOSC, que está contraatacando luego de las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, que cuestionó la calidad moral de las mismas. Ante esta situación es necesario hacer algunos apuntes técnicos.

El Padrón del Registro de Organizaciones de la Sociedad Civil del Instituto Nacional de Desarrollo Social, tiene inscritas un total de 41344, de las cuales 24979, el 60%, se encuentran activas en el país. De este número, 2588 se dedican a la promoción y defensa de los derechos humanos y la promoción de la equidad de género, es decir, sólo un 10% del padrón activo. Por otro lado, 319 afirman trabajar la prevención del VIH, y 19 incorporan la perspectiva de juventudes en sus políticas de acción a nivel estatutario.

De este número sólo 33 en su objeto social se manifiestan a favor de la interrupción legal del embarazo. Del mismo modo, 261 incluyen a la diversidad sexual entre sus poblaciones objetivo y 284 incorporan la palabra sexualidad en su razón de ser. 32 OSC persiguen la emancipación al sistema actual y sólo 11 incorporan el feminismo dentro de sus estatutos.

Dicho lo anterior, y toda vez que 7302 se asumen asistenciales en su constitución legal, es necesario reconocer que sí son pocas las organizaciones civiles que verdaderamente tienen una ideología izquierdista. Por lo que es necesario hacer un análisis de la coyuntura.

En primera instancia, el tercer sector es un puente entre la ciudadanía y el gobierno, que actúa en corresponsabilidad con las instituciones para fortalecer la gobernanza y la democracia participativa. Sin embargo, en determinado momento, se ha cargado a la sociedad civil organizada el trabajo en temas de estado en los que no está interesado en asumir postura. De manera paradigmática, siempre son los temas de izquierda, los que el conservadurismo considera “sensibles”. El aborto, el matrimonio igualitario, la posibilidad de un modelo económico alejado al capitalismo, la emancipación, el buen vivir, el cambio climático, el reconocimiento de derechos a las personas no humanas, entre otros.

La sentencia del Presidente de la República de no trasladar recursos a las OSC obedece a la reestructuración de la política de estado, quien está buscando recuperar la rectoría de la gobernabilidad. Hace falta una reforma integral a la ley de fomento, así como a la normativa fiscal. Quienes hemos estado al frente de una OSC reconocemos que no hay una regulación equitativa. Hacienda les coloca como PYMES, pagan impuestos de la mismo forma que lo debe hacer una empresa o un consorcio. La autorización para la deducibilidad aplica de la misma manera para Fundación Carlos Slim, que para una pequeña Asociación Civil constituida por jóvenes y que no tiene un capital invertido, ni recurso humano, ni mucho menos material para sostenerse en pie.

Considero que es importante reconocer la apuesta por la recuperación de la rectoría en materia de política pública en la que, para su implementación de hacía uso de la sociedad civil sin el debido reconocimiento de su valía. Malbaratando el trabajo porque en el siguiente ejercicio fiscal se contemplase a la AC para la emisión de una convocatoria pública.

Es necesario reconocer el trabajo del Tercer Sector, pero también el identificar los puntos de quiebre y analizar la coyuntura. La sostenibilidad, la autogestión, el mercadeo social, y entender que la sociedad civil no está para suplir las deficiencias del Gobierno, si no, para que a través de ejercicios de corresponsabilidad se fortalezca el estado de derecho, se garantice el acceso pleno a los derechos humanos y se vele por los principios constitucionales.

Este es un momento para la autocrítica, las OSC han salido de su zona de confort y eso a todas destantea. Lo cierto es que existirán otras vías, se construirán otros puentes. La confrontación no es la solución en este momento. La creación de canales de interlocución es fundamental para la conciliación.

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