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SLP, donde los policías pagan hasta el chaleco antibalas

Por: Redacción

Ya es conocida la crisis de seguridad por la que pasa San Luis Potosí. En el mes de octubre se presentaron récords históricos en lo que se refiere a registros de criminalidad. La situación se repite a nivel nacional: en México ocurrieron 2 mil 371 homicidios durante octubre de 2017, lo cual lo convirtió en el mes más violento de los últimos 20 años. Pero alcanzar nuevas marcas de violencia es una constante, durante el presente año el récord se ha batido ya en cuatro ocasiones. Y sigue la cuenta.

La problemática es compleja y no se vislumbra una solución a corto plazo. Las estrategias planteadas no han funcionado y la vulnerabilidad es cada vez mayor. Según los últimos datos proporcionados por la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, la percepción de inseguridad entre la población creció 9.3 por ciento en el último tercer trimestre de reportado este año (julio-septiembre), lo cual implica que el 85.4 % de la población de San Luis Potosí capital considera que viven en un entorno inseguro.

De la delincuencia no puede esperarse nada. Trabajan en un entorno paralelo sin códigos ni ética alguna. Queda, por tanto, tan solo echar revisar a las autoridades y exigir resultados que se antojan urgentes para que el desarrollo del estado no se trastoque a varios niveles. Son ellos, a fin de cuentas, en quienes depositamos nuestra confianza y el destino de nuestros impuestos.

Pero incluso del lado de las fuerzas de seguridad hay una austeridad que complica el actuar desde lo más básico. Hace apenas unos días, el encargado de despacho de la Dirección General de Seguridad Pública Municipal (DGSPM), Saúl Francisco García Rodríguez, reconoció que la delincuencia rebasa a las corporaciones, aduciendo que se trata de una problemática social que se acumuló a lo largo de los años y ante la que ya es difícil reaccionar:  “Los programas sociales no han funcionado desde hace años, quiere decir que hay un tema social de fondo; y ese tema social rebasa las corporaciones policíacas, definitivamente tenemos que reaccionar a lo que no se hizo en su momento, o a lo que nos está haciendo”.

García Rodríguez respondía así al señalamiento que el diputado Sergio Desfassiux Cabello había hecho para que se le “apretara las tuercas” a las corporaciones estatales y municipales, para que existiera una mayor coordinación.

El representante de la DGSPM se sinceró, dijo que no había una falta de esfuerzo, sino una causa mayor, la de debilidad por  factores externos: “Nosotros seguiremos generando las acciones necesarias; al final del día la policía sigue trabajando duro. No ha sido suficiente (…) pero no podemos bajar la guardia, créame que no es un tema de falta de voluntad o de hacer las cosas. Al final del día hay otros factores externos a las corporaciones policíacas que están influyendo en esto”.

Al respecto, el propio Desfassiux Cabello, apuntó hacia una de las razones que podrían estar detrás del actuar insuficiente en la materia: el dinero. Los recursos de las fuerzas policiacas son limitados, por lo que invitó, rumbo a 2018, a aumentar el porcentaje de presupuesto destinado a seguridad.

 

POLICÍAS SIN LO BÁSICO

Es habitual cargar la mano contra el actuar de los policías. Entre casos de corrupción, negligencia y mala atención en general, su imagen se encuentra desacreditada, como suele pasar con los funcionarios en conjunto. De acuerdo a la última Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) del Inegi, alrededor de dos tercios de los mexicanos manifiestan que no denuncian por causas atribuibles a la autoridad (desconfían de ella, tienen aversión a la burocracia o de plano lo consideran una pérdida de tiempo).

Habría que preguntarse si los policías cuentan con lo necesario para realizar bien su labor, pensando sobre todo en esos elementos honestos, que día a día salen a arriesgar su integridad por la paz común. Y es ahí donde se revela una triste realidad: una cantidad considerable de los policías no cuentan con lo mínimo para realizar un desempeño digno. Al menos así lo revela la organización ciudadana Causa en Común, que recientemente dio a conocer datos escalofriantes en base a encuestas realizadas a integrantes de los cuerpos policiacos en San Luis Potosí.

Según el informe, 78% de los policías encuestados manifestaron haberse visto obligados a pagar con sus propios bolsillos la reparación de sus patrullas, 76% por sus botas, 78% por su uniforme, y 80% de ellos por sus fornituras. Una quinta parte de ellos también mencionó haber pagado por su chaleco antibalas. No se tratan de lujos ni demandas exóticas, sino de herramientas indispensables para desarrollar su trabajo de las que no disponen.

El dato más contundente revela que al 99% de los encuestados la institución no se les proporcionó el kit de primer respondiente. Basta decir que no son lujos personales, sino requerimientos para la atención ciudadana, para darse cuenta de que quienes están encargados de nuestra seguridad se encuentran con serias austeridades que derivan, a su vez, en una reacción inadecuada ante cualquier contingencia. Además, casi un tercio de ellos se han visto obligados a cumplir encargos personales de sus superiores.

Los policías encuestados están conscientes del meollo en el que se encuentran. Aproximadamente el 80% de ellos considera que la sociedad no confía en ellos y un 84% se sienten incluso discriminados.

El cóctel de condiciones y limitaciones hace que un significativo 96% de los policías encuestados se sientan “muy vulnerables” respecto a la dinámica en la que se encuentran inmersos, de nuevo, en consonancia con el estudio proporcionado por Causa en Común.

 

¿DE VERDAD FALTA DINERO?

Una cosa es el dinero y otra lo que se hace con él. Es probable que, como sugiere la situación, sea necesario aumentar el presupuesto destinado a seguridad. Pero al mismo tiempo parece haber un cortocircuito que provoca que los recursos no fluyan como es requerido.

La Orquesta ya ha mencionado que en el rubro de seguridad pública, el gasto fue 55%  superior al presupuestado, lo que lo convirtió en el quinto estado con mayor ejercicio del presupuesto en ese concepto, esto según el estudio Índice de Información del Ejercicio del Gasto, realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco).

Si el gasto ha aumentado y San Luis Potosí se encuentra entre los cinco estados que más dinero destinan a seguridad con base a porcentaje de su presupuesto, ¿cómo es que los policías han llegado a carecer de las piezas más elementales para desarrollar su profesión? No hablamos de vehículos de alta gama ni armamento con la última tecnología… sino algo tan básico como fornituras, botas y chalecos antibalas que los policías tienen que costear por su cuenta.

 

RESPUESTA TARDÍA

Lo señalado por la encuesta de Causa en Común no es una referencia aislada. Desde el año pasado policías estatales manifestaron su malestar por la falta de uniformes. A principios de agosto de 2017, durante la temporada de la Fenapo, Ignacio Alejandro Rojas Roque, elemento de Seguridad Pública Estatal (quien sería despedido en octubre), denunció la falta de compromiso del Gobierno del Estado al no cumplir con lo pactado y dotar de nuevos uniformes, así como el pago del bono de Riesgo Operativo, a los policías de dicha dependencia.

Unos días antes, el 25 de julio, por medio de un comunicado de prensa, el gobierno estatal señaló que la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE), con una inversión de 22 millones 800 mil pesos, uniformaría a todos los elementos estatales así como a los del Sistema de Prevención y Reinserción Social.
Fue apenas el 2 de noviembre de 2017 cuando el gobernador Juan Manuel Carreras entregó 1650 uniformes a policías estatales. El mandatario estatal mencionó que en los equipos se entregaron a elementos de las cuatro regiones del estado, incluyendo a los integrantes de la Fuerza Metropolitana Estatal, se invirtieron más de 11 millones de pesos para “dignificar el ejercicio de los policías y así impulsar la profesionalización para un mejor desempeño”. Habrá que ponerse imaginar en qué condiciones se encontraron todos los meses anteriores, cuando exponían su integridad en un escenario hostil como el de las calles..
Hace un año, La Orquesta recogió el testimonio de José, un elemento con más de 25 años de servicio como policía estatal: “Yo tengo dos seguros de vida, uno que pago yo. Entre los dos apenas llegan a los 800 mil pesos, si me muero no sé cuánto tiempo vaya a servirle eso a mi familia. Que nos juntáramos para ayudarnos estaría muy bien, pero está imposible porque cuando entramos nos dicen que somos policías operativos, empleados de confianza. […] Tendría que ver las condiciones en que estamos los policías porque nos arriesgamos y hacemos más que los burócratas y recibimos mucho menos. En este trabajo uno tiene que rifársela todo el tiempo ”.

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