#4 TiemposColumna de Dalia García

Simulacro | Columna de Dalia García

Divertimentos

 

El 18 de septiembre de 2017 yo estaba en la Ciudad de México. Ese día llegó mi amiga desde muy lejos y fui a recogerla al aeropuerto. El plan era quedarnos en la ciudad dos o tres días para aprovechar su estancia y hacer valer al máximo las 16 horas de vuelo.

Llegó temprano y nos fuimos al centro histórico. En mente teníamos un pozole con aguacate, totopos y chicharrones para la hora de la comida. En el transcurso del día vimos mucho, comimos mucho, reímos mucho y decidimos viajar a San Luis Potosí esa misma noche.

La madrugada del 19 de septiembre llegamos a nuestro destino sin contratiempos. Unas horas después, se repitió aquel desastre legendario que solo conocía a través de imágenes, historias y videos que asimilaba como leyendas de horror: el sismo.

A mi amiga le tocó ser testigo del cúmulo de sentimientos emociones y acciones desencadenadas a raíz de la desgracia: estaba suspendida; hablaba poco, pero veía mucho a través de la televisión y de las redes sociales. Se sumergió tanto en la situación, que llegó a preguntarme qué podía hacer para ayudar. Varias veces pensamos en la fortuna de no habernos quedado en la Ciudad de México un día más.

Hoy me encuentro en Morelos, Estado en el que se registró el epicentro del sismo hace un año. En la universidad, profesores y compañeros han compartido, más de una vez en clase, la experiencia de terror que vivieron en las aulas durante el fenómeno. Primero todo se movió hacia los lados, dicen, como un barco en mar abierto, después comenzó a brincar la tierra. Habían regresado al salón después del simulacro. Varios edificios se dañaron, y algunos siguen en proceso de reconstrucción.

No alcanzo a percibir la profundidad de ese miedo que aun se hospeda en quienes vivieron la tragedia, mi experiencia en ese tipo de eventos es nula. Sin embargo, no me es ajeno el sentimiento de dolor por las pérdidas, por los corazones agitados y rotos, por los cuerpos atrapados, por el extravío mental, por el impacto emocional y por la separación de muchas almas.

Es la 1:19pm del 19 de septiembre de 2018. Desde mi escritorio escucho la alarma de la pequeña fábrica ubicada a unos metros de distancia: simulacro.

dalia.garciga@gmail.com

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