#4 TiemposMosaico de plumas

Sigamos los pasos de Irlanda | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

Si mi hijo hubiera nacido,
creo que aun así Rocío y yo no
nos hubiéramos casado.
Ambos fuimos afortunados de que
el embarazo no fuera.
Nos gritábamos casi por nada,
reñíamos a la menor provocación.
Eran los nervios al futuro y era triste
escarbar para saber que no
teníamos nada qué hacer juntos.

César Silva Márquez, “Juárez Whiskey”

 

El viernes pasado en un día histórico para Irlanda las mujeres lograron la legalización del aborto con un 66.4% de votos a favor. Con una población de 4.7 millones de habitantes donde el 78% se declara a católico los resultados del viernes pasado significan el rechazo a la iglesia en temas sociales. Así, la Octava Enmienda de la Constitución de la República Irlandesa ha sido derogada, en ella se establecía el derecho a la vida de una mujer embarazada y su feto. Una prohibición del aborto aún en casos de violación, incesto, riesgos para la salud de la madre y anomalías en el feto. La nueva ley señala que las mujeres podrán abortar de manera legal en las primeras 12 semanas. De las siguientes semanas hasta la número 24 las féminas estarán en su derecho de limitar la vida del feto si esta las pusiera en riesgo o si el feto no pudiera vivir fuera del útero.

            El paso que ha dado Irlanda es grande, pone en contexto mundial lo que por años se ha practicado: el aborto. El cual no se limita a ninguna clase social ni a un rango de edad. Basta dar una vuelta por el Mercado República para encontrar un té de ruda o de canela con la leyenda “Té para abortar”. Abrir los clasificados del periódico y encontrar una mujer cubriéndose su rostro “Te sientes desesperada, llámanos”. Memes sobre el Misoprostol que hablan sobre efectividad para interrumpir embarazos. En la literatura es común encontrar casos donde las protagonistas han realizado esta práctica. Por ejemplo, en su primer libro Todos los días son nuestros[1], Catalina Aguilar Mastretta retrata la historia de María quién ha decido abortar a los veintiséis años “Nunca quise tener un hijo que yo no pudiera tener sola, un hijo al que no pudiera mantener como mi mamá hizo conmigo, con ayuda o sin ella […] Para mí ni siquiera fue una decisión. Siempre he querido tener hijos, pero en ese momento considerarlo como una posibilidad real me parecía impensable. La idea de que alguien dependiera de mí a cabalidad me doblaba las piernas; y no de un modo amigable y emocionante como a veces se ve en las películas en las que papás que no están listos para tener hijos los tienen y se dan cuenta de que les cambiaron la vida para bien. No. A mí se me doblaban las piernas con una angustia sorda, con una certeza completa de que simplemente no. Por eso lo llamé el no-niño desde siempre. Porque no era posible, era un no.”

            La historia de María es una de tantas que ha sido retratada en la literatura desde tiempos de la edad media. No se trata de ponerme feminista, se trata de ser consciente de las cifras[2] 45% de los 25 millones de abortos que se realizan en el mundo son de alto riesgo. En nuestro país las complicaciones del aborto representan la quinta muerte en mujeres; 57% de estas muertes ocurrieron por prácticas clandestinas, el único estado con ceros muertes por aborto es la Ciudad de México donde desde hace once años es legal. No se trata de obligar a todas las mujeres a abortar. No se trata de imponer nuestro pensamiento a las mujeres. No se trata de abortar sólo porque mi pareja me condicionó el futuro de la relación si no realizo la interrupción del embarazo. No se trata de decirle a la vecina “oye, tú que no tienes ingresos, ni estudios, ni una relación estable, ve a abortar”, NO. Se trata de que nosotras como mujeres tengamos la decisión sobre nuestra vida. Se trata de que si yo decido ser madre a los 16 años porque eso he soñado, está bien. Se trata de que si tengo 30 años y decido abortar también está bien. El Estado debe garantizar la salud de las mujeres. Gobierno y  sociedad debemos aprender a respetar la decisión de cada una de las personas.

Para finalizar comparto una frase popular sobre la maternidad: “¿Tú lo vas a tener? ¿Tú lo vas a cuidar? ¿Tu lo vas a mantener? No, verdad, entonces, a CHSM”. La cual se puede transformar para quienes deseen abortar ¿Tú lo vas a abortar?…

 

[1] Catalina Aguilar Mastretta, Todos los días son nuestros, Océano, México, 2016.

[2] Los datos aquí presentados se publicaron en http://www.excelsior.com.mx/comunidad/2017/04/23/1159247

andrea.larraga@live.com.mx

También recomendamos: De santos, diablos e intelectuales | Columna de Andrea Lárraga

Nota Anterior

Soy mujer de palabra y cumpliré: Patricia Silva Celis

Siguiente Nota

La verdad os hará libres |Columna de Ricardo Sánchez García