#4 TiemposColumna de Ricardo Sánchez García

Siempre la música | Columna de Ricardo Sánchez García

Sin partitura

 

La múcura está en el suelo, mamá no puedo con ella. De niño me pregunté qué sería aquello y mi curiosidad me llevó a descubrir la vasija de arcilla semejante a los cántaros usados en tierra de mi familia paterna, Guerrero, para llevar agua del pozo a la cocina, cuya función era mantener fresco el vital líquido. Esa canción despierta en miles de personas las ganas de sacudir los pies al compás de los hombros, me ha llevado a indagar orígenes de radiodifusoras, luchas por los derechos de autor, pero sobretodo evoca reuniones familiares de mi niñez. La música es sin duda un vehículo perfecto con multifuncionalidades.

De la música siempre hemos sabido, está lista para acompañar cualquier momento de nuestra vida. Si es de dolor ante la pérdida o si es por festejar un aniversario siempre hay una letra hecha ad hoc para la ocasión o una melodía despertando sentimientos inhibidos por pudor manifestados ante la gota salada del ojo. La profundidad del creador es muestra del rompimiento de fronteras lingüísticas pues pese a la incomprensión de un idioma los autores logran arrancar suspiros oriundos del alma.

Una canción nos transporta a fragmentos significativos de la juventud, nos identifica con una generación o nos evoca una persona. Pero también es consigna de lucha, herramienta de organización o espíritu de animación para no bajar los brazos, —la tierra con su ternura le dé el abrazo que no le dio la vida, esta cruda mezcla de espanto y horror— es letra de Elegía para Pablo Arias Pérez, el niño Tzotzil fallecido a los 22 días de haber nacido; tragedia narrada poéticamente por Martín Faz como parte de su obra musical Canciones para Roer. Dejar en la memoria hechos cruentos de injustas situaciones, es protesta y exigencia de no repetición.

La música puede ser pretexto para reivindicar derechos, enarbolar ideología y trascender fronteras. Lucia Moccia, artista y cantante de tangos, grabó varias canciones de este ritmo con letras feministas. Ella manifiesta recuerda a muchas mujeres compositoras quienes no podían firmar sus obras en los años 20’s y posteriormente en los 40’s se les fue reconociendo la autoría como reivindicación a su mérito de creadoras e intérpretes.

China Cruel es un grupo formado en 2017 caracterizado por componer tangos feministas como un género reapropiado por las mujeres. Baste escuchar su obra Sin Nada Más y el resto de sus letras y canciones para darnos cuenta la genial letra y excelente calidad de los arreglos musicales, bien arropados por una excelente interpretación. A Liliana Felipe la conocemos como pilar del arte musical, como compositora, intérprete e histriónica, escribió y grabó muchos discos donde encontramos letras con denuncia social. Liliana siempre ha sido comprometida con causas humanas, exigente de respeto a los derechos humanos, tejiendo ideas entre cumbias, sones, mambos y rancheras.

El Necio, conocida canción de Silvio Rodríguez, debía irrumpir el proceso electoral para reventar las redes y seguir dando tema de diálogo sobre el entonces puntero candidato, pues Beatriz despertó el simbolismo guardado por años, logrando remembrar en sagas generacionales ilusiones escondidas, olvidadas o mantenidas palpitantes esperando ser traídas a colación. Una melodía puede desbordar esperanza, levantar el ceño de coraje o mantener la dignidad de pie y siempre traerá añoranzas de cerveza y humo de cigarro, como cuando llega Jonatan Gamboa con su voz y guitarra para dar sentido a una reunión.

Combinación estética de expresiones, sonidos y silencios en intervalos con tiempo, ritmo y melodía fundidos en armonía para agradar al oído, es su definición. Pese al tecnicismo me parece bastante limitado el concepto para describir los alcances de escuchar, hacer, interpretar o ejecutar música. Más importante es distinguir la capacidad creativa de quienes se atreven a buscar nuevas rutas, explorar otros mundos y presentar al público frescas opciones.

La canción inédita tiene su propio mérito y le debemos un histórico mejor incentivo así como dignos espacios de difusión. Lastimosamente, oportunidades para nuevas propuestas han sido reducidas al grado de considerar imposible conectar una canción, sea pegajosa, rítmica, novedosa, de consigna o comercial, en la radio. El negocio manejado por unas cuantas familias hacedoras de éxitos y cantantes, pero también enterradoras de talentos obliga a muchos increíbles creativos a rondar por el subterráneo artístico.

Como en otras áreas de la cultura, la política o la lucha social, fueron las redes sociales quienes brindaron posibilidad a quienes sentían necesidad de decir algo a través de una letra y melodía. También es gracias a la libertad cibernética que hoy escuchamos música de los ayeres sin recurrir a una fonoteca y sin depender de una programación radiofónica acotada por el gusto de locutores.

No es extraño cuando reviso mis contactos y me dio cuenta la cantidad de amigos y amigas relacionadas con este arte. Tampoco es raro si reviso la biografía familiar y descubro a mi padre y mi tía escribiendo letras e inventando melodías. A lo largo de mi camino profesional también he podido expresar mi sentimiento a través de ese medio.

La música, siempre la música, es quien acompaña mis luchas como vehículo de mis esperanzas.

@RicSanchezGa

También recomendamos: Se vale soñar | Columna de Ricardo Sánchez García

Nota Anterior

México 2018: nos subimos al tren, y allá vamos | Columna de Dalia García

Siguiente Nota

El legítimo proceso de resistencia al estado heterosexual | Columna de Paul Ibarra