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#SíALosTorosEnCoahuila, carta a la afición coahuilense. Columna de El Mojado

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RUDEZA NECESARIA

“Como aficionado, no sé qué habría sido de San Luis Potosí si hubiera triunfado la prohibición a los toros”,  me dijo Alfredo, mientras discutíamos la votación por la que pasó Coahuila hace unos días.

Cuando oí eso, me remonté a la tarde de diciembre de 2013, cuando el Congreso del Estado de San Luis Potosí rechazó prohibir la tauromaquia en el Estado.

Yo estaba trabajando en la redacción del periódico, ese reducto taurino que espontáneamente se había formado con algunos amigos, dado que era uno de nuestros temas recurrentes, aunque ninguno de los participantes presumiéramos de ser grandes conocedores.

Así, con la tauromaquia como tema de moda en los medios, quienes nos dedicábamos a la edición web de ese periódico decidimos, aunque clandestinamente, que agregaríamos un punto más a nuestro manual de estilo: todas las notas sobre toros, ya sea a favor o en contra, deben estar acompañadas de una imagen donde la Fiesta se vea gloriosa.

Era alrededor de la una de la tarde cuando comenzamos a seguir en vivo por internet la transmisión de la sesión del Congreso en la que la prohibición a los toros en San Luis Potosí se votaría. Fue un día con gran actividad noticiosa, porque también ocurrió la designación de un consejo electoral que duró sólo unos meses y la muerte de Nelson Mandela.

Al final, con 16 votos en contra de la abolición, ocho a favor y tres abstenciones, se decidió que San Luis Potosí se mantuviera como una plaza taurina. Fue un golpe de congruencia a los antitaurinos, pues, como dijo Alfredo, la prohibición no es la solución.

“Las corridas de toros era algo con lo que yo había crecido, a donde he ido desde que era niño. El pensar que no iba a haber más corridas en San Luis era como si me robaran mi infancia, mis recuerdos”, fue algo que expresó Alfredo, con lo que concuerdo.

Yo también he estado cerca de los toros desde niño, pero no es una condición necesaria para sufrir por la posible prohibición. Marisol, aficionada aunque su unión con la Fiesta se dio cuando ya había entrado en la vida adulta, me envió un escueto pero totalmente emotivo mensaje de texto cuando se rechazó abolir la tauromaquia en San Luis Potosí: “¡Ganamos!”, dijo con esa calidez fraternal que puede sentirse con sólo una palabra dirigida a ti por tu mejor amiga.

Esa misma algarabía sentimos en la redacción del periódico, que fue compartida incluso por algunos que nunca han pisado una plaza.

Olga, quien sólo ha estado en dos corridas de toros en su vida, me explicó que la tauromaquia no le parece un acto de crueldad: “Hay mucha historia desde antes de que se pensara en la prohibición. Se siente una gran emoción por aprender qué es lo que pasa ahí, por entenderlo”.

Emoción, justamente eso, fue lo que noté que Olga sentía durante el segundo toro de Arturo Saldívar el pasado 25 de agosto en El Paseo, esa lidia a la que el juez, increíblemente, se negó a otorgar la segunda oreja.

“La prohibición no es la solución”, reiteró Alfredo en nuestra discusión, “no se puede vulnerar el derecho ajeno, porque en México hay libertad de creencias y no se tiene por qué imponer los gustos propios a los demás. Los taurinos no pretendemos imponer nuestras creencias, sólo pedimos que se respeten las nuestras. Al prohibir la tauromaquia, están atentando contra mi derecho a expresarme”.

Además, en un México acostumbrado a legislaciones de temas llamativos, pero hechas al vapor, la prohibición de los toros podría significarles problemas a personas que tienen su sustento económico alrededor de la tauromaquia.

“Tanto estuvieron quejándose de los animales en los circos y ahora la queja es que no hay dónde cuidarlos, no los aceptan en los zoológicos y muchos otros han tenido que sacrificar a los animales, porque resulta costoso mantenerlos, puesto que ya no generan ninguna ganancia. Se hizo un daño terrible a los circos y a los mismos animales que querían defender”, dijo atinadamente Alfredo.

De acuerdo con datos publicados por el periódico Excélsior, existen 286 ganaderías de toro bravo en México y más de mil 280 ranchos dedicados a esta actividad.

¡Que viva la fiesta! ¡Ojalá Coahuila encuentre pronto una nueva legislatura, que sepa reconocer el valor de la tauromaquia!

¡QUÉ BIEN SE SIENTE REGRESAR!

Hasta la corrida de San Luis Rey de Francia, el pasado 25 de agosto, yo había tenido, por motivos laborales, más de un año sin estar en una corrida de toros.

Volver, con la buena compañía, pese a que faltaron algunos buenos amigos, y disfrutar del sobrio toreo de Fermín Rivera, de la entrega de Juan Pablo Sánchez, aunque sin suerte; y de la pasión de Arturo Saldívar, fue para mí un gozo que hizo confirmar mi gusto por la tauromaquia.

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