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Shocker | Columna de Los Coliseinos

La Catedral de la Lucha Libre

Shocker es uno de los mejores luchadores de los últimos veinte años. El nivel que llegó a tener le permitió tener un lugar que nunca nadie le podrá quitar.

En poco más de una década se comió al mundo. Cada decisión que tenía que ver con su carrera no solo era certera, también era mejor que la anterior. Como novato, como enmascarado, como desenmascarado, individuo y líder fue un éxito. ¿Qué pasó?

En otras ocasiones he hablado del tema y todo podría resumirse en el momento en que trató de internacionalizarse y firmó para la Triple A. Ahí la historia cambió para siempre.

En lugar de poner calificativos a la ligera me gustaría recalcar que la decisión de Shocker probablemente hubiera sido tomada por otros en su lugar. En aquel entonces, las expectativas sobre TNA eran tan altas como hoy lo son con AEW y, además, tenían un convenio con Triple A.

En el ámbito local el CMLL pasaba por un buen momento, Shocker y otros habían construido una empresa popular y con una calidad de lucha libre muy alta, sin embargo, los números de Triple A eran superiores.

Sin sentimentalismos, hablando solo de oportunidades y de negocios, la decisión de Shocker fue la correcta. Lo que pasó después seguramente solo pudo ser visto por los más entusiastas del CMLL: El CMLL se volvió la empresa más popular del país.

Mientras que la aventura con TNA no salió como se esperaba, en Triple A no se le dio el lugar que merecía porque, en aquel tiempo, en una decisión lógica, AAA decidió contraatacar usando a los luchadores que años atrás les habían dado éxito. Shocker no fue prioridad.

Pese a que Shocker se ganó el derecho a tener una facción porque primero demostró que podía tener éxito como individuo, de pronto parecía que su éxito solo dependía de una caracterización, un concepto, una facción y una mascota.

Replicar un concepto con luchadores con menos talento no es un buen indicio. La gente con la que Shocker se rodeó durante su estancia en Triple A no tenía el talento de sus compañeros en el CMLL. Entre Ke Monito y el Guapito la diferencia era abismal.

Un solo año bastó para modificar todo el panorama de la lucha libre. Cuando Shocker regresó, la estrella ya era Místico y el principal rudo de la empresa era Aguayo. Ni la confianza, ni el lugar, se recuperan tan rápido, por eso regresó siendo un subordinado de Aguayo.

Varios de sus viejos aliados y rivales ya ni siquiera estaban en la empresa y hasta el Ke Monito había dejado de ser una mascota de un individuo para serlo de todo un bando. Lo que vino después fue lo opuesto a su primer década.

Segundas y terceras versiones de un mismo concepto, alianzas que no duraban nada y un estilo de lucha que ya no era de vanguardia, fueron factores para que incluso sus victorias no tuvieran el eco que merecían.

Situaciones personales, lesiones y el descuido físico fueron claves para distanciarlo de los primeros planos. Se cae en un círculo vicioso del que ya no es fácil salir y si ha podido mantenerse en pie de guerra es solo y debido al talento que aún tiene.

Una carrera meteórica, un nivel que muy pocos han logrado tener, parte fundamental en la construcción de la última época de oro de nuestra lucha libre y una apuesta lógica, cantada, que no salió como se esperaba.

Al final del día creo que a un profesional se le debe de recordar más por sus aciertos, que por sus tropiezos. Sus mejores años se ven distantes, pero los tuvo y fueron maravillosos, el presente tal vez no sea inspirador pero nunca dejará de ser un grande.

Este texto fue publicado originalmente en www.twitter.com/loscoliseinos

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