#4 TiemposDesde mi clóset

Sextear, mi derecho | Columna de Paúl Ibarra

Desde mi clóset

En últimas fechas existe una creciente campaña para “prevenir” el sexting. Estas
campañas intentan evitar que las personas mandemos contenidos sexuales a través de los
dispositivos móviles y/o aplicaciones en línea. Sin embargo, estas campañas están
cargadas de estereotipos de género y mensajes que intentan normalizar la forma en que
las personas ejercemos nuestra sexualidad.

Compartir imágenes mías con otras personas no es una conducta de riesgo. Es una
forma en la que decido ejercer mis derechos sexuales, que son parte de los derechos
humanos reconocidos por la Constitución y los tratados internacionales en la materia,
firmados y ratificados por el estado mexicano.

Dicho lo anterior, criminalizar el sexting es sólo una forma de ejercer violencia
simbólica hacia las juventudes. Si bien es cierto que como en toda práctica sexual que
involucre alguien externo a mi persona existen situaciones en las que es necesario tomar
precauciones, lo cierto es que mandar el pack es una expresión comportamental de la
sexualidad válida y pertinente.

La cuestión es revisar las conductas de género que han fomentado que en mayor
medida hombres decidan ejercer violencia contra sus parejas o ex parejas sexuales
difundiendo contenido que se conoce en la actualidad como pornovenganza. Lo cual se
convierte en una dificultad para la víctima. Lo cual es responsabilidad directa del agresor,
y nunca de quien de manera autónoma y con la confianza adquirida en la relación de
pareja (sea virtual o física) mande fotografías y videos con contenido erótico.

Al respecto, el erotismo es la capacidad humana de sentir y proporcionar placer,
que, a través de estímulos sexuales efectivos, genera una respuesta fisiológica, psicológica
y social en cada persona. Dicha respuesta favorece la construcción de vínculos afectivos
atravesados por el género que, si no se manejan de manera adecuada, puede
desencadenar relaciones de poder promovidas por los mitos románticos del amor, que a su vez resultan en violencia en el noviazgo o en la relación de pareja. La difusión de imágenes eróticas sin consentimiento expreso es uno de esos productos de la violencia.

Que mande fotos desnuda no me hace ni una puta, fácil o zorra, ni indica que no
cuide mi reputación; manifiesta que estoy haciendo ejercicio de un derecho sexual. Que
quede claro, no es culpa de las mujeres. Aun y cuando la subprocuradora de delitos
sexuales así lo crea. Las juventudes tenemos derecho de vestir como se nos pegue la gana,
a caminar por las calles libres de acoso y a ejercer nuestra sexualidad de forma libre y sin
fines reproductivos o con base en la monogamia. Quienes deben ser sancionados son
aquellos individuos que violentan la autonomía sexual.


Tenemos derecho a sextear, sólo hay que tomar algunas precauciones universales
que a continuación enuncio:

1. Si vas a mandar nudes de cuerpo completo procura hacerlo por plataformas
cifradas de punta a punta como  Confide, Wickr o Signa.
2. Cuando mandes un nude en Facebok, WhatsApp, Telegram o Tinder, trata de que
no se vea tu rostro o alguna seña particular que te identifique.
3. Antes de mandar el pack, que ÉL te lo mande a ti. No caigas en chantajes.
4. Si no estás decidida a enviar nudes no lo hagas. Si intenta obligarte, déjalo en visto.
Siempre habrá mejores opciones en Tinder, Facebook o Snapchat.
5. Antes de iniciar una conversación con perfiles sin avatar propio, indaga un poco su
identidad.
6. Cuida tu cuerpo. Disfruta tu sexualidad.

Por último, de manera enfática rechazo toda aquella iniciativa que busque coartar las
libertades sexuales de las personas. Sextear no está mal. Quién lo está son esos
machitos que por hacerse los salsas envían tus fotos a sus amigos para sentirse
interesantes, ya que suyas no pueden mandar por inseguros.

 

@paulibarra06

 

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