#4 TiemposDesde mi clóset

Sexo de asignación, lo biológico también es cultural | Columna de Paúl Ibarra Collazo

Desde mi clóset

Al nacer, a todas las personas se les asigna un sexo, macho o hembra, con base en la anatomía sexual externa. Sin embargo, tras la experiencia científica que ha aportado la sexología médica, a nivel biológico es factible distinguir seis variables que tienen origen en el sexo de asignación. La primera, el sexo cromosómico, es así que una hembra humana posee un cromosoma sexual denominado XX, en tanto, un macho humano tiene un par cromosómico sexuado XY. Luego se ubica el sexo gonadal, la presencia de ovarios en las hembras y testículos en los machos. Durante la etapa de gestación se localiza el sexo hormonal prenatal, en los machos humanos testosterona, no para el caso de las hembras (Shibley Hyde & D. DeLamater, 2006).

Al respecto, Andrew Whitehouse, investigador australiano, documentó que la testosterona prenatal es responsable directa de los rasgos faciales del macho de la especie humana, lo que permite reflexionar sobre el papel de las hormonas sexuales en el desarrollo de una persona a lo largo de la vida (Universal, 2015).

Por otro lado, a lo largo del proceso de gestación ocurre una diferenciación cerebral prenatal que se extiende una vez que el neonato es dado a luz. La presencia de testosterona en el macho humano permite la masculinización del cuerpo fetal, la ausencia de esta hormona permite la feminización del producto. “Si hay presencia de testosterona durante el desarrollo fetal, estas células especializadas en el hipotálamo se vuelven insensibles al estrógeno. Si el estrógeno está presente, estas células se vuelven sumamente sensibles a los niveles de estrógeno en el torrente sanguíneo” (Shibley Hyde & D. DeLamater, 2006). Hasta ahora se han mencionado solo aspectos biológicos del desarrollo humano que dan lugar a la asignación de un sexo, sin embargo, el pensamiento heterosexualizado esta introyectado de manera implícita que incluso en el lenguaje médico se habla de masculinización y feminización de un cuerpo, en alusión directa a las cargas simbólicas que la cultura arroja sobre los cuerpos sexuados.

Un cuarto elemento del sexo de asignación son los órganos internos. Tubas uterinas, vagina superior y útero para el caso de las hembras; vesículas seminales y próstata para los machos humanos. En quinta posición se ubica la apariencia genital externa; abertura vaginal, labios mayores y menores en las hembras; escroto y pene en los machos (Shibley Hyde & D. DeLamater, 2006). De manera reductiva, la cultura circunscribe el sexo biológico solo a estos elementos anatómicos, lo que no permite observar la gama de posibilidades existentes en la diversidad humana.  

En el sexo de asignación, también es necesario hacer referencia al sexo hormonal puberal, en una sexta posición. En la pubertad hembras y machos producen en mayor medida estrógenos/progesterona y testosterona respectivamente (Shibley Hyde & D. DeLamater, 2006), lo que da lugar a los caracteres sexuales secundarios, que, a través de procesos fisiológicos, estimulan el dimorfismo humano.

Dicho lo anterior, es preciso señalar que la especie humana es “sexualmente dimorfa” (Conchillo, 2016), es decir, para la reproducción, requiere del intercambio genético de células sexuales llamadas óvulos y espermatozoides. Así pues, la especie humana en apariencia tiene dos formas, macho y hembra. En la mayoría de los casos, hay una coincidencia entre las variables mencionadas. “En la mayoría de los casos, la persona es una mujer o un varón consistente” (Shibley Hyde & D. DeLamater, 2006). Un macho tiene cromosomas XY, tiene testículos, produce testosterona en niveles adecuado, posee próstata, vesículas seminales, pene y en la pubertad adquiere características secundarias, resultado de la producción masiva de testosterona, se dice que ha conformado un conjunto paralelo de atributos apropiados.

Sin embargo, en aproximadamente el dos por ciento de los nacimientos (Blackless, 2000) se ha documentado que como resultado de diversos factores durante el desarrollo sexual fetal, el sexo “indicado por una o más de estas variables puede estar en desacuerdo” (Shibley Hyde & D. DeLamater, 2006) con el sexo que indican los otros elementos. La intersexualidad es el resultado de las contradicciones entre alguno de los seis elementos que determinan el sexo biológico de una persona. Las personas intersexuales han tenido que superar las barreras de la ciencia médica que ha obligado a asignarles una de las dos formas hegemónicas, incluso, la intersexualidad busca la despatologización debido a que es vista como una condición anormal. Con lo anterior, es posible llegar a la conclusión que el sistema patriarcal heterosexualizado ha privilegiado a los machos y las hembras de la especie en aras de fomentar la reproducción que permita la preservación de la especie. Además, ha invisibilizado e incluso buscado exterminar a aquellas corporalidades no funcionales para la reproductividad humana, esto en atención al postulado darwiniano de la adaptabilidad de las especies, y de la supervivencia del más apto.

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