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Serena… Serena | Columna de Emmanuel Gallegos D.

Gambeta

Una de las cosas que se supone deben ser representadas dentro de una cancha de tenis es el aspecto de la deportivismo y la caballerosidad, aunque el término no sea aplicado propiamente para una mujer, se entiende el concepto de cualquier forma.

Lo que ocurrió el fin de semana pasado con Serena Williams es algo que no me sorprende, la verdad es que la actitud (que bien pudiera parecer como su nombre lo indica “serena”) me parece un poco engañosa, es una mujer fuerte y no me refiero a su evidente fuerza física, sino a su mentalidad y fortaleza de carácter.

Hay algo que debe reconocérsele a la menor de las Williams (y por supuesto que a Venus también): abrir una brecha y dar apertura a que jugadores de color, y especialmente en el tenis femenino, que no encajaban con el “molde” de lo que podría ser considerado “común” en el tenis profesional (o en el deporte en general) se les mostrara respeto y fueron consideradas como parte del entorno. A base de títulos y de buen tenis se hicieron un lugar importante en la historia del deporte blanco femenino, así de simple.

No se trata de atacar a una mujer por ser mujer, ni de atacarla por su color de piel, que sin duda es algo que no se puede hacer menos, es una lucha y una situación lamentable, en caso de que así fuera, pero al menos de mi parte, no lo es.

Recapitulemos lo que pasó el sábado: su coach le dio algunas indicaciones desde la tribuna, el juez de silla, Carlos Ramos, le señaló el cometer una violación, situación que ella negó y que su técnico aceptó haber cometido. Después, Serena rompió su raqueta en un arranque de ira, lo que le provocó una segunda violación que la llevó a una penalización de puntos y le recriminó textual al juez “Me debes una disculpa. Nunca he engañado en mi vida. Tengo una hija y defiendo lo que es correcto para ella. Nunca he engañado, y me debes una disculpa. Nunca harás otro de mis partidos”. Y por último, Ramos emitió una tercera violación, que incluía una penalización del juego, luego de que Williams lo confrontara y lo llamara “ladrón”. Estos son los hechos.

Ahora, luego de terminado el partido, Williams señaló en conferencia de prensa “No sé si el umpire influyó en el partido, tampoco me puedo sentar acá y volver el tiempo atrás y no decirle ´ladrón’, porque me sacó un game. He visto a otros hombres decir otras cosas a los jueces de silla. Estoy aquí luchando por los derechos de la mujer, por la igualdad de la mujer. Siento que, llamarle ‘ladrón’ y ser penalizada con la pérdida de un juego por ello es una decisión sexista. Nunca le ha quitado un juego a un hombre por llamarle ‘ladrón'”. No habló de su tenis o del buen juego que hizo Naomi Osaka, hizo una novela de todo lo sucedido argumentando luchar por los derechos de la mujer, que los hombres hacen cosas peores, y ahí me parece que radica su más grande error. Sin autocrítica no se puede. Claro que ha luchado por la igualdad y los derechos de la mujer, claro que los hombres lamentablemente reciben en muchas ocasiones trato diferente y eso es algo injusto, pero una cosa es el juego del tenis y otra las inferencias que pudo sacar de las marcaciones del juez.

Tristemente mi columna también se desvirtúa un poco, en lugar de hablar del triunfo de una jovencita de 20 años llamada Naomi Osaka ante el monstruo que es Serena Williams, hago hincapié en el tema del mal comportamiento de la estadounidense. El público haciendo ola de la molestia su compatriota abucheó durante la ceremonia de entrega de trofeos, otra situación muy pero muy lamentable. Lo que debió ser una noche inolvidable para Osaka, estuvo manchada por claroscuros que nada tienen que ver con su desempeño. Por esto, no queda más que mandar un hurray por Naomi y una manita abajo para Williams.

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