#4 TiemposBalcón Vacío

Scorsese machaca | Columna de Alex Valencia

Balcón vacío


Los primeros años de Martin Scorsese (NY, 1942) no fueron sencillos; nació en la “pequeña Italia”, un barrio de migrantes —como sus padres— de origen siciliano. Desde su infancia padeció asma, lo cual le llevó a impedirle practicar deportes, en cambio tuvo la oportunidad de pasar tiempo en los cines, viendo películas de Roy Rogers y westerns como Duelo al sol (Duel in the sun, King Vidor, 1946). La vida en el barrio y una fuerte formación católica fueron el complemento para comenzar a moldear a uno de los cineastas más grandes de la historia, aún en activo y de quien actualmente podemos disfrutar “Martin Scorsese, la exposición” en el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) de Monterrey hasta el 15 de julio.

Organizada por la Cinemateca-Museo Alemana de Cine y Televisión, la muestra contiene una gran cantidad de objetos, documentos y fragmentos de películas a través de los cuales se explora la figura del autor desde diferentes perspectivas, amén de las que uno mismo pueda crear en su recorrido. Está dividida en nueve categorías temáticas: familia, hermanos, hombres y mujeres, héroes solitarios, Nueva York, cine, cinematografía, edición y música. De ahí mi comentario sobre las diferentes formas en las cuales puede apreciarse, al alcance del interés de cada visitante. Se puede leer la cédula de sala y recorrer el tema, se puede tratar de encontrar la forma en cómo construye sus películas, las implicaciones sociológicas, sicológicas, cinematográficas, en fin, el límite es la manera como deseemos disfrutarla.

Como fan del director y su obra me hubiera gustado ver más sobre películas como Silencio, Casino, El rey de la comedia o Hugo, pero ya con lo expuesto hay, como señalé, mucho material; por ejemplo, al inicio del recorrido podemos ver el cortometraje The Big Shave (1967), realizado mientras hacía su maestría en la Escuela de Cine de la Universidad de Nueva York y el cual, pese a haberse vuelto en una referencia para entender su cine, no es conocido por el gran público. Ahora bien, podríamos ver la exposición como dos partes en el cerebro de Scorsese, en una primera parte, las relaciones sociales, en la segunda, el mundo del cine, interconectadas ambas por Nueva York.

“Las relaciones entre sus personajes cinematográficos se definen por la desconfianza, el miedo y la traición, por un lado, y una búsqueda de seguridad, confianza y cercanía, por el otro. A menudo, los mecanismos de las relaciones parecen determinados por el destino en vez de la elección individual. La violencia juega un papel central, al igual que la búsqueda de la espiritualidad.” Reza una de las cédulas de sala y es lo que vemos en la primera parte, los complicados vínculos con los amigos, la familia, las parejas o la soledad y la incomprensión a través de fragmentos seleccionados de películas y exploración de personajes, particularmente de Travis Bickle y Jake La Motta, los ejes de Taxi Driver y Toro Salvaje, respectivamente, ambos representados por Robert de Niro, uno de los actores más habituales de Scorsese y dos de los personajes en los cuales encontramos una profunda riqueza en esa búsqueda autoral del alma humana.

A pesar de estar latente en toda la exposición, la sección dedicada a Nueva York es un puente mediante el cual a través de objetos de utilería y diseño de arte de Pandillas de Nueva York, Calles peligrosas y La edad de la inocencia entre otras, nos llevan por un recorrido histórico, en tanto al centro, una maqueta de la ciudad desde la cual parten líneas conectoras, nos conducen a pantallas en las cuales podemos ver las calles en las cuales se han filmado algunas de las escenas más memorables del autor.

La segunda parte nos permite explorar no solamente la labor de Scorsese en procesos cinematográficos, sino también su amor hacia el cine. hay dos espacios de video uno frente a otro, uno donde vemos en 180° una composición con escenas memorables de su filmografía, mientras que en la de enfrente vemos escenas comparadas de películas que le han influido. Paso seguido encontramos una parte muy interesante de la colección personal del director, un cartel original de Los Inútiles, de Fellini; las zapatillas rojas usadas en la película del mismo nombre, la Palma de oro obtenida por Taxi Driver, cartas, memorándums y recados originales entre Scorsese y Godard, Oshima, Kurosawa, un televisor como el que había en la casa del director en su infancia y el story board de una película que imaginó a los once años, The Eternal City.

En este tramo vemos también la manera en que se involucra en la fotografía, edición y música en un viaje fascinante donde se pueden apreciar las entrañas de su trabajo, story boards con instrucciones precisas, guías de edición, una muestra de cómo la escena de la bañera de Psicosis se tomó como base rítmica para la edición de la pelea contra Sugar Ray en Toro Salvaje, fotos de su trabajo con Thelma Schoonmaker, su editora habitual, para culminar con otro elemento esencial en sus películas y vida: la música. Es el último momento y se trata de algo gozoso, escuchamos, vemos y compartimos por un momento el gusto por la música popular norteamericana, el rock en general y finalizamos con un mural donde posa felizmente junto a los Rolling Stones.

Para buena parte del público aquí habrá acabado su recorrido por la obra de Martin Scorsese, para otros, el viaje a través de la mente de uno de los creadores más completos, de un historiador erudito, de un absoluto y devoto amante del cine, apenas estaría dando comienzo y deseando se extienda por un muy largo tiempo.

 

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