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Salvador Nava Martínez | Texto de Leonel Serrato

Este texto apareció originalmente en el periódico Pulso y hoy se reproduce con autorización de su autor.

Según una encuesta levantada por Pulso al Aire, para miles de potosinos, sobre todo para los que tienen de 25 años para abajo, el nombre de Salvador Nava Martínez es varias cosas, mire Usted:

Se trata de una avenida en la que ocurren muchos hechos de tránsito, incluso ha habido varios de consecuencias fatales; esa vía es sinónimo de muerte, de alta velocidad, de mordidas a los oficiales de tránsito que andan en un carrusel pastoreando conductores.

También dicen muchos que Salvador Nava es un líder panista.

Otras personas dicen que Salvador Nava era uno que quería ser Presidente, e incluso a algunos se les hace como que lo acaban de ver de candidato a algún cargo.

Muy pocos de esa edad, pero casi todos los mayores, sabemos bien quién es Salvador Nava Martínez; lo sabemos mejor incluso que su viuda o sus hijos varones.

Deliberadamente usé el “saber quién es”, y no “quién fue”, porque los pensadores, los hombre de acción a favor de los valores de una comunidad no tiene caducidad, son entes vivos en la medida que esa sociedad los honre poniendo en práctica su pensamiento y convirtiendo en realidad sus postulados.

Salvador Nava Martínez nació en esta ciudad; estudió medicina en la Universidad potosina, y ejerció la profesión (como todos los médicos de su familia) viendo siempre por la gente pobre; se casó con la señora Concepción Calvillo Alonso, y tuvo 6 hijos, sólo uno de ellos mujer; fue Director de la Escuela de Medicina de la Universidad Autónoma, en su oportunidad retomó el liderazgo de un grupo de profesionistas e intelectuales que había organizado su hermano mayor el doctor Manuel, y defendió con sencillez y energía la autonomía de la Universidad, convertida hoy en una inmensa guardería juvenil que dirige Mario García Valdez.

La lucha de esos profesionistas encabezados por el doctor Salvador Nava Martínez se extendió y participaron de ella, sin ambiciones mezquinas muchos prominentes potosinos; de modo natural llegó el momento en que tuvieron que enfrentar al poder omnímodo del cacique Gonzalo N. Santos; en esa lucha los ciudadanos ganaron al poder central.

En esa época el poder priísta golpeaba, torturaba, desterraba, encarcelaba, desaparecía y asesinaba a sus opositores; el doctor Nava y muchos otros ciudadanos fueron torturados y encarcelados.

La premisa del movimiento, que luego adoptó el apellido del doctor como identidad, era simple y luminosa: devolver al ciudadano la dignidad de soberano, quizás por eso don Mario Lozano González (padre del candidato a Presidente Municipal panista de esta capital) se refiere a sí mismo como “simple ciudadano” cada que regaña al poder.

El movimiento convivió con los gobiernos posteriores al derrocamiento de Santos porque esos gobiernos fueron prudentes, y en gran medida respetuosos de la gente.

Pero llegó el profesor (y licenciado) Carlos Jonguitud Barrios, por aquel entonces cacique magisterial, y el navismo lo enfrentó también, y lo hizo con éxito.

La lucha final del doctor Salvador Nava Martínez fue porque hubiera elecciones limpias, donde los votos de todos se contaran y contaran, esa lucha también la ganó, por eso ahora (pese a los organismos electorales desmemoriados) tenemos comicios creíbles.

Para los políticos es sumamente difícil entender que un líder político pudiera abanderar causas cívicas, y más complicado es llegar a pensar que ese liderazgo no buscara algo para sí, sino para todos.

Los sucesivos gobiernos panistas usaron de la confusión de la gente sencilla para hacerles creer que el doctor Nava era de esa filiación ultraderechista, cuando en realidad fue objeto de múltiples traiciones por parte de la dirigencia de esa franquicia electoral.

Hoy el navismo es sólo un referente, pues a la muerte del doctor Nava el liderazgo no encontró un relevo natural, aunque casi todos los políticos le encuentran suficientemente explotable como para colgarse de él.

Lo que sí es cierto es que el panismo nunca ha sido depositario fiel de las ideas y postulados del doctor Salvador Nava Martínez, y desde luego muchos de sus candidatos de hoy fueron simpatizantes, pero carecen del sentido cívico; al doctor Nava nunca se le hubiera ocurrido ser un político “chapulín”, es decir pasar de un cargo a otro como si tal cosa, lo que sí hacen cotidianamente los políticos panistas, como ayer lo hicieron los priístas.

Fueron panistas los que impusieron el nombre del doctor Salvador Nava Martínez a esa avenida asesina; por culpa de ellos el nombre del doctor aparece hoy en más averiguaciones previas que en exposiciones de motivos de legislaciones de avanzada.

Han sido los panistas (confundiendo a algunos genuinos navistas) los que ahora quieren convertir a Nava en una estatua, justamente para inmovilizar sus ideales y fundir en bronce estático su acción política a favor de las mejores causas sociales de nuestra ciudad. Parecen todos olvidar que el doctor clamaba justamente para que su última batalla no la librara en contra de las palomas convertido en una efigie, sin el enorme contenido humano que tuvo toda su existencia.

Los maliciosos saben que al doctor hay que convertirlo en calle, en plaza, en piedra o bronce, para que no les estorbe en sus ambiciones personales; los ingenuos no saben (u olvidan) que el mejor homenaje a un hombre de ideas es impedir que éstas mueran.

El doctor tieso, inmóvil, ofendido por las aves, abandonado en un rincón urbano rodeado de jardines, es lo más conveniente para los cínicos; el doctor vivo, actuante, vigente y gobernante es lo menos provechoso para los tontos y los desmemoriados. Yo le guardo en mi corazón el más grande monumento que he podido construir; y con mi proceder como Notario (o como abogado electoral con poco éxito) le rindo homenaje, sencillo, ramplón y pueblerino, pero lleno de cariño, admiración y respeto.

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