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#Rusia2018 | El limbo tricolor

La Selección Nacional enfrentó, una vez más, el dolor de chocar contra sus límites

Por: Carlos López Medrano

La selección mexicana no pudo competirle a Brasil y quedó eliminada del mundial de Rusia de 2018 tras caer 2-0 en Samara. En un especie de pesadilla que ha atormentado a toda una generación, el cuadro tricolor cayó de nuevo en octavos de final, esa instancia a la que tiene como segundo hogar y de la que no se anima a salir. Por séptimo mundial consecutivo caímos en la misma instancia, derrumbando así un proyecto que se tenía como el mejor de nuestra historia. Al final no fue así. Era la última oportunidad para mucho de estos futbolistas que alguna vez se erigieron como una promesa para la trascendencia de la selección mayor pero que pese a la elasticidad, los atisbos y las ilusiones despertadas, quedaron en el mismo lugar que alineaciones que les antecedieron sin que a ellos se les dieran dádivas y reflectores equiparables.

La derrota con Brasil dolió, pero no tanto como lo sufrido en torneos anteriores donde la proeza llegó a entreverse. Esta vez la superioridad del rival fue clara, no hubo forma de impugnar. Y aunque hubo instantes de rebeldía que invitaban a levantarse del asiento, la pauta la marcaron los brasileños que bien pudieron golear de no haber sido porque Guillermo Ochoa tuvo una tarde inspirada.

El balance de la Copa del Mundo fue de medianía para México: dos victorias y dos derrotas. Tres goles a favor y seis en contra. La victoria inicial contra Alemania quizás fue  nuestra condena. Nos hizo soñar, pero también nos hizo adquirir cierta sobradez con la que perdimos la dimensión de las cosas. Aquella proeza, que nos alegró a todos —cómo negarlo—, encima quedó relativizada por el desempeño del cuadro teutón durante la temporada. Así queda patente al recordar que solo consiguieron ganar a Suecia de último minuto por una genialidad de Kroos y que posteriormente fueron anulados y derrotados por Corea del Sur. Los alemanes, días previos al Mundial, ya habían mostrado su desgaste al ganar con apuros a Arabia Saudita  2-1, en uno de sus últimos partidos de presentación.

Al final no somos tan buenos. Nos cuesta asumir que no somos lo que a veces llegamos a creer. A diferencia de otros países de menor población y de menor tradición futbolística, no contamos con ningún jugador que sea top 50 en el plano internacional. Y quizás tampoco tengamos a un par que entren en los 100 mejores del mundo. Nos sentimos los más guapos del barrio, pero lo cierto es que tenemos graves limitaciones. Nuestro capitán apenas le da para jugar en el Betis (no en el Real Madrid ni en el PSG ni en el Barcelona ni el Liverpool como los Casemiros, Cavanis, Coutinhos, Messis o Firminhos), y en pleno 2018 necesitamos que un jugador de 39 años, que recién pasó por serios problemas legales, siga representando una solución.

Jugadores como Héctor Herrera que afición y algunos medios han pintado como una mezcla de Zidane y Steven Gerrard, quedan evidenciados por ser, nuevamente, una intermitencia. El exjugador del Porto es alguien que es tratado como héroe por haber anotado dos golitos en 15 partidos de eliminatoria y que en cuatro partidos del mundial no se manifestó en el marcador ni tiró una sola asistencia. Igual todo la gente todo le perdona. Cuando vuelva a anotar un golazo se le catapultará nuevamente como una leyenda digna de dejar en la banca a Luka Modric.

Chucky Lozano perdió la oportunidad de ser la revelación de Rusia 2018. Tristemente no pudo convertirse en el James Rodríguez de Brasil 2014 en esta competición, lo cual le dificultará encontrar acomodo en la élite del futbol, esa que representan los equipos que han ganado cinco o más Copas de Europa. Luego del enfrentamiento con Alemania y algunas pinceladas contra Corea, su chispa se vino abajo. Pero en su caso la juventud le juega a favor, al igual que unas condiciones y un potencial que pintan para convertirlo —a él sí— en un histórico de nuestro deporte.

Fuera de eso poco más. Carlos Vela será recordado en el futuro más por lo que pudo ser que por lo que fue. Un tipo con cualidades notables (aunque no de primer nivel) que por desidia acabó relegado del concierto de las estrellas. Probablemente fue el mejor integrante del Tri en este Mundial, junto a Guillermo Ochoa.

México tiene jugadores dignos. Tipos que pelean y consiguen los resultados que tienen al alcance. Llegan a donde tienen que llegar. Luego se enfrentan a la barrera, el club selecto al que no podemos aspirar todavía. El G-8 futbolístico en donde están aquellos que bailan cuando tienen que bailar y que cuando tienen que pulverizar lo hacen sin piedad alguna. A Juan Carlos Osorio, no sin rastros de xenofobia, se le pedía que nos convirtiera en algo que no somos. Con algunos ingredientes buenos y aceptables se le pedía un banquete para el que se necesita una mejor materia prima.

Para un pueblo tan soñador y ansioso de buenas noticias es muy duro aceptar la realidad. La selección mexicana cumplió con el objetivo sensato y en vez de sentirnos satisfechos nos sentimos agobiados ante lo catastrófico que supone haber esperado tanto tiempo para llegar al sitio de siempre. El dolor se amplifica porque para la próxima oportunidad habrá que aguardar otros cuatro años de arrugas, canas  y nuevas responsabilidades para que, posiblemente, el final sea del mismo. Seguimos esperando al milagro en vez de apostar por la seriedad. De cualquier modo, tenga por seguro, volveremos a estar por las nubes cuando corresponda. Es nuestra especialidad y está bien que así sea.

@Bigmaud

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