#4 TiemposDesde mi clóset

Rompiendo el velo de la heterosexualidad obligatoria | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

La heterosexualidad como categoría de análisis, tiene distintos elementos que la equiparan con la masculinidad y la raza blanca, lo que la coloca en una posición privilegiada dentro del sistema normativo (Alegre, 2011). Ese privilegio le coloca un velo que impide a simple vista cuestionar los mecanismos de opresión que utiliza. Es decir, en un primer momento su accionar es imperceptible.

La imperceptibilidad de la opresión heterosexual le da una ventaja de origen. Asumir la heterosexualidad como un elemento fundacional para la construcción de la identidad sexo-genérica, impide la posibilidad de buscar una forma distinta de desarrollar lazos eróticos y afectivos. Así pues, la erotización del cuerpo y el desarrollo de vinculaciones afectivas distintas a las funcionales para la reproductividad humana no son pieza dentro del rompecabezas de la sexualidad normativa.

En este sentido, los homoerotismos y homoafectividades son contra-procesos que cada individuo desarrolla con base en sus referentes inmediatos. Si bien, hoy en día la tendencia se modifica de manera relativamente favorable, lo cierto es que las referencias para la construcción de una identidad homosexual están bañadas de prejuicios y estigmas. Esto, acompañado de una expectativa con base en la clase, la raza, el estándar de belleza y otros elementos socioeconómicos y culturales, han dado como resultado un modelo hegemónico de ser homosexual.

A la heterosexualidad la recubre una capa de legitimidad estatal. Es decir, el Estado, a través de sus instituciones genera las condiciones para el desempeño heterosexual de la vida humana. No hay una forma legitimada por el sistema, distinta al devenir heterosexualizado de la convivencia social.

 

En el caso específico de los hombres que tienen sexo con hombres en San Luis Potosí, existe una crisis de sentido que es necesario atender. Esto debido a la promoción exacerbada de una política fáctica de heterosexualización social. En la sociedad potosina se han creado las condiciones propicias que impiden a los hombres que se relacionan erótica y afectivamente con otros hombres el generar procesos emancipadores del propio cuerpo. Por lo que es común observar situaciones de auto-sabotaje ocasionadas por la homofobia internalizada. La cual, de la mano con la homofobia social, generar tensiones que ha sido difícil sortear por parte de este sector de la población.

Así pues, la heterosexualidad como dispositivo de control del sistema, vincula la práctica erótico-afectiva a la reproductividad de la especie y al ejercicio de los roles de género. Esto, de la mano con la violencia sistémica que existe en una ciudad densamente poblada como San Luis Potosí, ha llevado a tener una población HSH confinada. No sólo es la homofobia internalizada o social la responsable de la violencia, sino la propia cultura occidental que promueve la encarnizada supervivencia del individuo frente al devenir social.

Romper la heterosexualidad obligatoria implica cuestionar los distintos subsistemas que repercuten en el ejercicio de la sexualidad. La institución religiosa, como líder moral de diversos grupos sociales, establece parámetros normativos que el cuerpo humano debe replicar. Asimismo, recalca los mecanismos a través de los cuales esos cuerpos deben relacionarse.

En San Luis Potosí, ocurre un fenómeno particular de evangelización constante de los procesos sociales. El contexto local se ve influenciado en una buena medida por la Iglesia Católica, es por ello que estos líderes religiosos tienen la potestad de opinar sobre cualquier tema que esté en la agenda pública. Lo anterior permite cuestionarse, ¿de qué forma la institución eclesiástica ha logrado preservar el status quo heterosexual, que ha contenido el avance en el ejercicio de los derechos civiles y políticos en este sector?

Vista como poder fáctico, la iglesia católica juega un papel primordial en la vida pública en la ciudad de San Luis Potosí, su influencia es tal que ha logrado alterar el flujo de las agendas políticas. Desde hace más de ocho años, por ejemplo, San Luis Potosí busca la reforma del Código Familiar para incluir a las parejas del mismo sexo dentro de la fracción normativa que define al matrimonio. La lucha por el matrimonio igualitario en el estado potosino se ha visto frenada principalmente por la influencia de la Arquidiócesis que ha influido en el poder legislativo para limitar esta reforma. Entonces, ¿es la religión una institución social que promueve la heterosexualidad como un régimen? ¿De qué forma logra contener la visibilidad del movimiento de liberación LGBTTT? ¿Será que los colectivos LGBTTT buscan la integración a la dinámica social, más que la revolución sexual?

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