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RIUS…, ¿para principiantes? | Columna de Jorge Ramírez Pardo

Enred@rte

A fines de los años setentas, Gisela Román, alumna de Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, solicitaba a sus compañeros, por destacados y/o por más aventados, colaborar (sin remuneración económica) con Eduardo del Río, Rius, en el trabajo de investigación y recuperación de imágenes para alimentar contenidos en la elaboración de Los Agachados y las primeras ediciones de sus libros. Ello refleja un artista/artesano que no tenía el respaldo de grandes empresas editoriales y fue siempre un experimentador en riesgo contra marea y reclamos. El paso de los días lo convirtió, sin renunciar a la artesanía/arte, en el Mandón de la caricatura política en México.

Para entonces, su primer historieta, Los Supermachos, ya tenía peso porque alcanzó tirajes de 250 mil ejemplares. También entonces, durante un viaje terrestre por Latinoamérica –antes de ser estudiante puma-, al pasar por Montevideo, en plena efervescencia tupamara, un joven simpatizante de esa guerrilla urbana, puso en mis manos un facsímil, incrustado en una revista uruguaya, del fascículo de Los Agachados dedicado por Rius a reseñar los sucesos de 1968 durante el Movimiento estudiantil mexicano. Aquí, además de la capacidad narrativa del autor, se debe resaltar el valor para interpelar a un régimen, en ese momento de autoritarismo manifiesto al punto de la criminalidad. Valor y congruencia que Eduardo del Río tuvo hasta estos días.

Durante esa misma travesía, me percaté en Costa Rica y confirmé en Colombia, que las historietas de Rius tuvieron poco impacto en esos países a causa de los recurrentes mexicanismos y referencias caseras que, fuera de su contexto de origen, no se entendían. Los pocos ejemplares a mano, los requerían personas que habían vivido en México o tenían referencias precisas de caló, albur y sucesos recientes en su momento.

En mi casa, conducida por un hombre sabio autodidacta, quienes ya estábamos en secundaria o más, nos turnábamos cuanta publicación de Rius estaba al alcance. Por economía y gusto, esta propuesta desplazó otras historietas mexicanas y disneynianas que antes ocuparon nuestra atención y bolsillo.

Dos décadas después, antes del retorno definitivo a la ciudad/pueblo natal desde donde escribo, me topé en Nettuno, cercanías de Roma en Italia, con “Conóscete Carlos Marx”, versión en italiano del libro “Marx para principiantes” que me fue obsequiada. Ese libro también fue traducido al inglés. Busco y aún no encuentro cuáles libros más y a que idiomas fueron llevados. Doy, sí, con “A B Che” traducido al japonés.

Profe en temas diversos para varias generaciones

Es doctor honoris causa de la raza.

Los mexicanos somos de escasa lectura promedio y, al tiempo, dueños de los humorismos más agudos y de carga tragicómica auto/denigratoria resignada/pasiva (esto hace más de medio siglo identificado por Samuel Ramos y ratificado por Octavio Paz), por lo mismo, proclives naturales al consumo de lo icónico chistoso combinado con escaso discurso, mejor si descarga denuncias y ridículos que afectan al opresor. Terreno propicio para un educador/artesano/artista genial empírico que atendió ese trauma ancestral y de paso dio, a quien lo asumiera, espacios de consciencia más allá de catarsis masturbatorias o lavados culpígenos de pasmo.

Rius conoció, en tanto antecedente inmediato, el humor político de Abel Quezada, ejercido en plenitud durante los pasados años sesentas, quien retomó y reinventó la sátira en la prensa diaria que ya se había ejercido durante las postrimerías del porfiriato. Supo de las exquisiteces art/nouveu del Chango García Cabral en las portadas de Revista de revistas, y de Miguel Covarrubias para The New Yorker. También abrevó en las obras de arte caricaturescas de su contemporáneo Rogelio Naranjo.

Pero es Rius quien, sin proponérselo, se vuelve el líder o mandón de su generación y de las posteriores tan sólidas en trazos y agudeza (Helio Flores, Magú, El fisgón, Hernández, Jis, Trino, Patricio, Erre, Palomo y más que dieron por autodenominarse Los moneros). Es educador desacralizador de clerecías políticas y religiosas, lo mismo deremochas e izquierdistas. Hernando Pacheco se ha referido a los Clérigos del marxismo que en los extremos de la irracionalidad talibán coinciden con la mayoría de los príncipes de iglesia.

Su trabajo de pedagogo informal pregna en círculos estudiantiles. Con él, en México, la historieta dejó de tener muñequitos lindos con acabados pop/art para trocarse en radiografías sociales genuinas que cruzaban contextos y castas sociales. Singular con el sobrio manejo de colores (sólo brillantes en algunas portadas) o hasta la ausencia de ellos, por ejemplo, en los libros.

Z, El que está vivo en San Garabato, Cuc

El mejor homenaje para despedirlo y alejarlo del panteón de las momias, es releer sus dibujos/escritos, y dar continuidad proactiva a su quehacer en congruencia y militancia que inicia en la lectura y la renuncia al temor de pensar. Qué chinga para las derechas profascistas de todas las marcas. Eduardo, hasta luego. El cine está en deuda contigo, “Calzonzin inspector” sería conformarse con poco. Saludos a Rosita W que inspiró el sonido de Los Agachados y mucha vitamina para Los Supermachos que seguimos en este valle enmelcochado de corrupción.

 

Negritas con tache

Segundo festival de novela negra en el pueblo, y ningún paisano mereció ser ponente. “Semos” prestaespacios para lucimiento cupular malichista. San Rius Frius, ruega por la raza desapadrinada.

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