#4 TiemposDesde mi clóset

Revolución, inclusión o dilución | Columna de Paúl Ibarra

Desde mi clóset

 

La resistencia comunitaria al orden social heterosexual, luego de cincuenta años de lucha, atraviesa por un estadio de desazón. El sistema político actual ha abierto algunas grietas por las que se han colado algunas demandas legítimas del movimiento de liberación. Sin embargo, lo que ha sucedido en realidad, por lo menos desde el inicio del nuevo milenio, es un proceso de cooptación. El sistema heterosexual encontró la forma de integrar las demandas, a través de un proceso de heterosexualización del movimiento.

De esta manera, resulta fundamental el surgimiento de voces críticas al orden hegemónico. Los rescoldos del lejano movimiento de liberación requieren ser avivados en aras de resistir a los embates del patriarcado y el régimen heterosexual. Esta resistencia no implica el abandonar la lucha por el acceso integral a los derechos civiles y políticos, ni tampoco permitir se atropellen los derechos económicos, sociales y culturales de quienes militan en la resistencia homosexual. Si no más bien el incorporar una perspectiva crítica al vendaval proveniente del Estado-Nación, el cual responde a intereses heterosexuales por antonomasia.

Es por ello que es necesario regresar a las bases, con el objetivo de detonar procesos de movilización comunitaria. Estos procesos favorecerán la nueva militancia en pos de resistir y cuestionar las decisiones estatales, con el objetivo de dar cabida a un mundo diverso y respetuoso de la diferencia. Este modelo norteamericano que busca la homogenización individual, a través de una política neoliberal que se centra en la individualización del sujeto y en los derechos positivos, ha arrasado con toda posibilidad de acciones colectivas que difieran con el modelo.

El derecho a disentir con el orden hegemónico es altamente controlado por el sistema. Cualquier intento “golpista” de la ideología dominante es vista como una amenaza, como una anomalía. En el caso de las prácticas erótico-afectivas entre hombres, se han reestructurado modelos y patrones que permiten legitimar la incorporación de estos sujetos en el devenir social.  Esta dilución práxica fortalece las aspiraciones del sistema por preservarse a sí mismo.

Lo anterior permite concluir sobre la necesidad, cómo se mencionó antes, de fomentar procesos de movilización comunitaria que disientan con el status quo con propuestas alternativas a las representadas dentro del orden social. La idea no es convertirse en un batidillo social homogéneo, más bien, el reconocer a través de las deferencias la existencia de sistemas transculturales que pueden coexistir con respeto.

El fomento de la movilización comunitaria es fundamental, ya que, en San Luis Potosí, en la actualidad la hegemonía heterosexual y las instituciones que lo promueven tienen una avasallante ventaja frente a un movimiento atrincherado. Las batallas han sido en generar triunfos para el régimen, ya que, no existen las condiciones dadas para el ejercicio libre de la sexualidad. En los últimos años se ha incrementado en la ciudad el índice de violencia hacia las personas no heterosexuales. El incremento en el número de suicidios dentro de la población LGBTTT es alarmante, ya que en los últimos dos años se han documentado más de quince incidentes constitutivos en suicidio.

Por otro lado, la prevalencia de las infecciones de transmisión sexual entre la población HSH permite reflexionar sobre la necesidad de mitigar los discursos de odio provenientes de los distintos poderes fácticos. No es solo la institución religiosa la promotora de estas violencias, lo es también el sistema de producción, las cámaras de comercio y los grupos que concentran el poder económico los que buscan acallar el ejercicio sexual libre. Por tanto, ¿de qué forma el movimiento debe priorizar las batallas que va a enfrentar, cuales pospone, y en cuales de plano se queda replegado?

@PaulIbarra06

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