Columna de Jorge Ramírez Pardo

Revista perra producida por lectores que escriben | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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El escritor y editor David Ortiz Celestino está de regreso a nuestra ciudad/pueblo. Menciona cuánto se aprende durante las estancias laborales en la Ciudad de México y la inalcanzable bondad de sus sueldos (acá solo si eres funcionario de nómina pública o privada alta, magistrado o dipu-transa). También alude al alto costo que implica vivir en CDMX y la marginalidad provinciana que todavía se padece cuando se vive fuera de ese mega epicentro/ombligo del país. Su comentario más sorprendente para él mismo es, hace dos lustros, una pujante y nueva generación de literatos/lectores podía contribuir a hacer de San Luis Potosí un referente para la cultura nacional. Hoy no parece así y varios de ellos han emigrado.

David estudió licenciatura en Literatura en la Universidad de Guanajuato, cuando acá no había esa carrera (no olvidar que la UASLP suspendió por décadas las humanidades). Ahora hasta ofrece doctorado El Colegio San Luis. Desde cuando era estudiante, en el estado vecino, Ortiz Celestino inició con Anuar Jalife Jacobo una publicación periódica extraordinaria, Perros del alba, revista de arte y literatura, que luego trajo consigo al regreso a su natal San Luis, y cuya vida pudo extender hasta 10 números gracias a un apoyo del recién desaparecido Conaculta –Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-. Tal revista, para los parámetros locales, con una inusual calidad en contenido, forja y estética, con escasos precedentes locales de varios lustros a la fecha y solo escasos subsecuentes, dignificados por la revista de historia regional La Corriente que edita Javier Padrón, siempre en el límite de la subsistencia y tema para otra ocasión en este espacio.

En tal publicación, de una extensión promedio de 120 páginas por número, había un eje temático por número y secciones abordadas por expertos, un diseño singular apoyado con una carpeta fotográfica y dibujos originales. Esto es, interactuaba, de manera continua, con disciplinas de artes visuales. La revista/libro era un objeto de arte, pero más importante es que vino a desmontar el mito literario ancestral de que sólo lo emanado del taller que fundara hace 4 décadas el ecuatoriano Miguel Donoso o sus derivados, y dos clérigos ilustrados, hacían literatura local (quien no había pasado por ahí no existía ni era acreedor a los galardones literarios locales, si bien se filtraban excepciones como, las de ellos mismos, Los perros del alba).

Los perros del alba aglutinó a jóvenes escritores locales nacidos alrededor del año 1980, como los ya mencionados Ortiz Celestino y Jalife Jacobo, José Ramón Ortiz (con doctorado en Nueva York), Luis Carlos Fuentes (egresado de la Sociedad General de Escritores de México en lo literario y con estudios de cine en París), a Xalbador García (procedente de Cuernavaca, hoy con doctorado por el Colsan y colaborador de La Orquesta), Rocío Arellano, Saúl Castro, Daniel Bencomo, y otros escritores de esa generación radicados en otro estado. Pero no privó la condición de cachorros ochenteros, incluyeron la colaboración de, renombrados y no, escritores nacionales e internacionales de generaciones anteriores y con trayectoria reconocida. Entre los radicados en México destacan, Eduardo Milán (uruguayo), Eusebio Ruvalcaba y el potosino Ignacio Betancourt. Todos ellos invitados por los perros a impartir talleres literarios en la localidad.

David Ortiz Celestino

Este grupo en torno a la revista referida se distingue por su asiduidad a la lectura, su conocimiento e interacción con los más destacados literarios de habla hispana y el conocimiento de otras literaturas. Les signa también la movilidad y búsqueda en otros países. Xalbador García, actualmente residente en Estados Unidos, tuvo una estancia de más de un año en Filipinas, acudió a Islas Canarias a encontrarse con el poeta que le inspiró su más reciente libro “Leopoldo María Panero o las máscaras del tarot”. Luis Carlos Fuentes, hoy productor en Editorial Planeta, tiene dos libros de cuentos, varios guiones para cine de largometraje y, como todos ellos, es asiduo a la lectura y el coloquio multicultural. Todos, notables conocedores de cine. Varios de los mencionados, en 2014, hicieron la curaduría y conducción de un ciclo en torno a películas de Woody Allen. Luis Carlos y José Ramón son asiduos y estudiosos del cine de terror.

Quedan datos y considerandos en el tintero, provisionalmente, deja en claro que un camino para ser escritor perro, es leer, debatir y escribir sin descanso, cual perro del alba. Y si se emigra, hay motivo para el retorno porque la jauría tiene instinto y olfato para el reencuentro e identificación de la pandilla afín. A estos, bien vale seguirles la huella.

@PEnredarteslp 

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