Desde mi clóset

Religiones y representaciones simbólicas de las prácticas homoeróticas | Columna de Paúl Ibarra

Desde mi clóset

Los homoerotismos han sido motivo de controversia dentro de los sistemas religiosos, las opiniones son variadas, sin embargo, existen lugares comunes entre la mayoría, para éstas, las prácticas homoeróticas son vistas como un pecado. En este sentido, la religión se configura como un aspecto de identidad social y de creencias de un peso grande en la sexualidad, por ello es importante considerarla como institución constituyente de la conducta sexual.

Davidson (2004), Álvarez e Ibarra (2009), documentaron que entre más práctica religiosa y mayor religiosidad, se observa más vergüenza y culpa ante prácticas sexuales (Moral, 2010). Esto fue posible observarlo durante la construcción de los discursos colectivos ya que los sujetos que afirmaban vivir en un contexto familiar donde la práctica religiosa se llevaba a cabo con mayor ahínco, más complicado resultaba el hecho de asumirse como homosexuales.

Para un análisis integral es necesario entrelazar los significados construidos entre la familia y la religión, vistas como instancias constructoras de significados, estas configuran la identidad primitiva del individuo. Al hacer un análisis transreligioso es posible observar que para la mayoría de las religiones tradicionales en el contexto potosino, dígase católicos, evangélicos, testigos de Jehová, pentecostales, entre otras, todas ellas representan a las prácticas homoeróticas de manera negativa, y condenan a las personas que ostenten estas actitudes como una suerte de lastres que solo traen desgracia para las comunidades. Lo que da como resultado que los homosexuales se escondan en las catacumbas de la sociedad, lejos del dedo inquisidor de las instituciones religiosas.

Además del análisis transreligioso, resulta fundamental efectuar un análisis transgeneracional sobre las percepciones de los individuos que se asumen como homosexuales en lo concerniente a sus prácticas sexuales. Fue posible observar durante este estudio, que en primer lugar, para las personas con menos de treinta años, la práctica religiosa no se encuentra dentro de su devenir cotidiano, por lo que el peso que tiene esta institución en la construcción de la identidad individual no significa mucho; caso contrario sucede con las personas de más de treinta, quienes afirman contar con una devoción religiosa, que si bien no es tan marcada, sí influye en la toma de decisiones, lo que les limita en su devenir cotidiano. Por otro lado, fue posible documentar cómo es que, si bien los individuos no admiten tener una influencia religiosa, de manera implícita reproducen fundamentos religiosos importantes. El imaginario de la vida monogámica, que reproduce el modo heterosexual de vivir, es replicado en los ideales de las personas con prácticas homoeróticas que participaron en el estudio.

La asociación de la religión con la vida cotidiana se percibe como débil dentro del contexto estudiado, los participantes argumentaron la falta de interés por los asuntos eclesiásticos. Sin embargo señalan la forma en la que las religiones representan las conductas sexuales, que, en tanto actos profanos, condenan la masturbación, las prácticas sexuales fuera del matrimonio, las conductas homoeróticas y enaltecen la virginidad.

Dicho lo anterior, la religión funge como una institución que en coordinación con el contexto familiar emite un gran cúmulo de símbolos y significados que el individuo introyecta para la configuración de las representaciones sociales de las homosexualidades, la cual está permeada por el sistema sexo-género y rechaza aquellas actitudes que posicionen al sujeto en el lado inferior de la dicotomía sexual, lo femenino.

@paulibarra06

Previous post

Nuestro nombre en sus manos | Colaboración de Juan Jesús Priego

Next post

Un capo con uniforme | Columna de Jorge Saldaña