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¿Reforma Educativa o magisterio? Columna de León García Lam

CONTRAPUNTO.

Muchos celebraron el día del maestro protestando contra la reforma educativa; lo cual ya no tiene mucho sentido porque la reforma es un hecho ya consumado. Para bien, o más bien para mal. Preocupa la radicalización de dos únicas posiciones: se está con los maestros o contra ellos, es decir a favor o en contra de la aplicación de la evaluación y de sus consecuencias laborales. Los signos son alarmantes: una reforma que inició aplastando a la maestra Elba Esther Gordillo (y habría que preguntarse por qué), la reformulación del pacto magisterial con el gobierno priísta, la aplicación de la reforma con estrategias muy poco loables (como parapetar soldados) y la resistencia de la parte más aguerrida del magisterio, todo esto coronado por el lamentable conflicto de Ayotzinapa en el que son desaparecidos 43 estudiantes del magisterio guerrerense.

Sin embargo, yo tengo puntos de vista que poco coinciden con los discursos de estas dos partes, pues no considero que los maestros mexicanos, así nomás, por definición, sean héroes culturales, ni aguerridos defensores de la “educación” (no estaríamos así); ni pienso que las evaluaciones sean perniciosas. Tampoco considero que la reforma educativa sea una panacea, ni pienso que logre ninguna de sus metas, ni siquiera las chiquititas como mejorar la infraestructura educativa (estoy seguro que en el futuro inmediato las escuelas indígenas seguirán igual de marginadas de toda dignidad).

El maestro de aula lejos de ser un actor venerable es un instrumento del Estado para el diseño del control social. Tiene el noble papel de enseñar a los individuos lo que significa respetar cosas tales como la autoridad, la ley y el castigo. El espíritu de los individuos y sus capacidades como la creatividad, la iniciativa, la inventiva y la diferencia son machacados cotidianamente en los salones de clase. El maestro tiene como función enseñar a obedecer; homogeniza el conocimiento y representa directamente el poder del Estado ante los individuos desde “maternal” hasta secundaria (por lo menos).  

El maestro como individuo es coptado por las estructuras sindicales; y hasta hace poco, la estructura magisterial mexicana estuvo a su vez coptada por el PRI y luego aprovechada por el PAN. Durante décadas, los maestros gozaron de prestaciones, sueldos, aumentos, canonjías y una serie de abusos sociales que llevaron a encumbrar a la maestra Elba Esther, su líder, en los lujos que ya le conocemos y a los resultados educativos que nos llevan a las famosas estadísticas: México es el país 107 de 108 en hábitos de lectura, por poner un pequeño ejemplo cuya corona es la famosa pregunta a nuestro presidente nacional. Los resultados educativos que tenemos se los debemos a un magisterio que durante décadas estuvo cómodamente instalado en un pacto no escrito con el Estado. El pacto se rompió cuando ocurrieron las deslealtades entre ellos: Los maestros hicieron su propio partido y apoyaron “la alternancia”; en respuesta, las entidades del Estado (partidos, personajes políticos, secretarías, etc.) se conjugaron para contener a los maestros: una reforma que evalúe sus resultados y recupere el control de sus intereses: sus plazas y sus sueldos.

Efectivamente la Reforma educativa no tiene nada de educativa. Pero la protesta de los maestros tampoco.

Es decir, puede haber una tercera oposición que cuestione tanto a los intereses del Estado-sistema, como al sistema educativo y a sus operadores los maestros. Una posición similar fue planteada por Erasmo de Rotterdam en el siglo XVI. Erasmo fue el primero, mucho antes que Foucault o Baudrillard, en cuestionar el papel de la educación escolarizada: el maestro ayuda a mantener las cosas como están. En la foto de la portada, una imagen (obtenida de la Wikipedia) en donde se aprecia un texto erasmista censurado por la Inquisición y para finalizar unas cuantas frases obtenidas del panorama educativo proyectadas para el 2014 (según la OCDE).

México es el único país de la OCDE donde se espera que los jóvenes de entre 15 y 29 años pasen más tiempo trabajando que estudiando.

Más del 20% de los mexicanos de 15 a 29 años no tienen empleo ni están matriculados en educación o formación.

En México, alcanzar mayores niveles educativos no necesariamente se traduce en mejores resultados en el mercado laboral. [Díganmelo a mí]

La inversión de México en educación es similar al promedio de la OCDE…

 …aunque el gasto público por estudiante sigue siendo bajo en la enseñanza primaria y secundaria…

En México, poco más del 86% del gasto en educación primaria es asignado a los salarios de los maestros.

Fuente de estas frases: https://www.oecd.org/edu/Mexico-EAG2014-Country-Note-spanish.pdf

@guaname

guaname@gmail.com

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