Larry Zavala

Ramiro, el velador (parte 2 de 2). Una historia de Larry Zavala

EL ÓRGANO DEL TERROR

r_miro el velador parte 2 (1)

Yo me fui a la Ciudad de México el día viernes por la mañana pero cuando llegué allá me di cuenta de que mi esposa y mi hija no habían llegado; pregunté a todos los familiares si sabían algo, pero nadie pudo decirme nada, lo que yo no sabía es que lamentablemente el camión en donde viajaban había sufrido un accidente en la carretera, se salió en una curva y estaba debajo en el voladero, por eso yo no había visto nada.

Cuando regresé a la ciudad de San Luis ya la gente me buscaba para avisarme del fatal desenlace que ellas habían tenido, la vida se me terminó, eran lo único que yo tenía, lo único que yo había querido. Yo no me dedicaba a cuidar el panteón; sin embargo, mis delirios y mis tristezas me llevaron a pedir trabajo ahí en el panteón como velador, para seguir al lado de ellas.

Me fui intrigando en la plática y le di a Ramiro el pésame,

No te apures -me dijo- ya nos acostumbramos, ya estamos muy tranquilos, aún seguimos viéndonos todos y cada uno de los días, por eso es que trabajo ahí.

Se me hizo rara la historia y ya no le preste mucha credibilidad a lo que me decía y me comencé a sentir escéptico al respecto, sobre todo por la última parte de lo que contaba.

No me crees -me dijo- sabía que eras el único que no sentiría miedo. ¿Recuerdas la tumba que te señalé? Es donde se encuentran enterradas mi esposa y mi hija. Mientras yo te señalaba la tumba, mi hija me tomaba de la mano y me decía: “papi, ya pronto estarás a nuestro lado”.

¡La verdad ya no le creí!  Pero al ver mi cara de incredulidad me dijo:

-Sí, Larry, mi hija y mi esposa, cada día, cada noche en el panteón, me ven, me saludan, me dan las buenas noches y me dicen que ya estoy más cerca de pasar el resto de la vida juntos.

Ya creyendo un poco más le dije a Ramiro:

-¿Si tu hija dice eso es porque probablemente esté cerca tu muerte?

Ramiro se rio y me dijo:

-A eso me refería, Larry, a eso me refería. Anda, vete a tu casa para que descanses.

Me fui a casa, al paso de un par de días decidí realizar una visita a Ramiro, pero al llegar encontré todo cerrado, nadie respondía a la puerta. Eran casi las seis de la tarde de ese día y pensé que tal vez ya se habría ido a trabajar pero algo dentro de mí me hacía sentir incómodo. Me subí a un camión que  me llevó con rumbo al panteón del Saucito.

Llegue al panteón y todavía había alguna gente por ahí trabajando entre las tumbas. Me encaminé a la caseta de vigilancia, faltaban 5 minutos para las 7 de la noche y pensé: “Aquí esperaré afuera, para poder ver a mi único amigo”, ya que yo no era muy sociable, empecé a ser sombrío y no tenía casi amigos de mi edad.

Pasaron 15 minutos y Ramiro nunca llegó; sin embargo, a esa hora se presentó otro velador, al cual le pregunte por mi amigo.

-¿Tú eres el amigo de Ramiro, verdad? Mira, Ramiro murió hace quince días. Lo enterramos un par de días después.

No sentí miedo, al contrario le conteste al velador: “¡Cómo puede ser posible!, yo estuve aquí hace un par de días con él.

El velador me dijo que eso no era posible, ¡ya que Ramiro tenía más de quince días de muerto! Sin embargo, me dijo, “al revisar las cosas de Ramiro encontré algo que es para ti”

Me asombré. Me sorprendió el hecho que Ramiro me hubiera dejado algo, fue entonces cuando el velador me entregó un paquete, lo tomé y me salí de esa caseta de velador, ya triste, y le di las gracias.

Instalado a las afueras del panteón, en una banca, decidí abrir la entrega. Era una carta en la cual me agradecía por haber escuchado su historia, por mi amistad y compañía en sus últimos días. Él fue el primero en augurar que me convertiría en el “amo del terror”.

Dentro del paquete se encontraban dos fotografías: una que fue tomada días antes de que sucediera el accidente en el cuál habían perdido la vida su esposa e hija, cuando estas se encontraban sentadas en un parque sonriendo para la fotografía tomada en blanco y negro, fechada por atrás con el año de 1967

Y la otra fotografía justamente igual, en la misma pose, solo que esta no era sentados sonriendo en un parque, sino con doliente semblante y una mirada triste, pero los tres juntos observándose claramente. Los espectros de la hija y de la esposa de Ramiro en la fotografía, que estaba tomada justo en la tumba que me había señalado el día que me llevo al panteón.

Esta fotografía había sido tomada en el año de 1982, sonreí y justo al momento de terminar de leer vi que a la vuelta de la hoja venia una PD que decía: “Sí, amigo, el día que hiciste el recorrido conmigo ya había yo muerto”.

Desde ese día decidí dedicarme a contar historias tan fantásticas como la de mi amigo Ramiro, el Velador.

Gracias, hasta la próxima de mis historias y recuerden:

 “QUE EL TERROR INVADA SUS SENTIDOS PERO JAMÁS EL AMOR DE SUS CORAZONES”.

 

 

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