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Radiografía de las campañas (Tercera Parte) | Columna de Jorge Saldaña

Tercera llamada

 

Culto Público, para continuar con el recuento de las estrategias, discurso, impacto en redes y elementos que juegan a favor y en contra de los candidatos a alcalde de la capital, hoy toca turno revisar la campaña de Ricardo Gallardo Juárez, pero si se perdió las anteriores le comparto los enlaces:

Aquí la primera: http://laorquesta.mx/campanas-en-slp-2018/ y la segunda: http://laorquesta.mx/radiografia-de-las-campanas-segunda-parte-columna-de-jorge-saldana/

Ricardo Gallardo Juárez y el movimiento identificado con su apellido dejó de ser oposición a partir de que en 2015 ganaron la capital del estado y eso ha transformado su condiciones de competencia y por tanto su discurso.

Aun cuando por dos periodos padre e hijo fueron alcaldes de Soledad, el “Gallardismo” en ese año en la capital se percibió como una postura de protesta y franca rebeldía en contra de la administración que se hundió junto con Mario García Valdez y sus aspiraciones de gobernar el estado, así como contra el amargo recuerdo del periodo de la también priista Victoria Labastida, elementos que colocaron a la “rebeldía” en la preferencia electoral ganando con amplio margen.

Sí, al gallardismo en aquel entonces le sirvió el voto de castigo contra el PAN y el PRI, pero también ganaron porque tienen por lo menos nueve años construyendo una estructura social en toda la zona metropolitana, lo que representa el activo más valioso y determinante en términos electorales.

Los que acusan al gallardismo de hacer crecer esa base popular por medio de programas sociales, olvidan que tanto el PAN y el PRI cuando gobernaron la capital, tuvieron muchos más recursos que los que hoy administra el PRD, y sin embargo, no hubo crecimiento ni apoyo social, tampoco obra pública consistente, o un programa permanente de rehabilitación de calles; es decir, hubo más dinero pero menos acciones.

Lo que sí hubo en esas administraciones fue un incremento desmedido en la deuda, manga ancha en la burocracia (pero que hoy critican si se corren a los aviadores) y jugosos negocios inmobiliarios (basta recordar los casos de Monterra, Gran Peñón, la venta del Club Halcones y otros)

También hay que decir que estos dos partidos fueron poco a poco abandonando a sus bases populares. El PAN, por ejemplo, utilizó por años a sus votantes opositores como simples acarreados a los que compraban su voto pero que olvidaban escuchar ya en el ejercicio del gobierno.

Las estructuras del blanquiazul además fueron a la baja a partir de las pugnas internas entre sus grupos y representantes, al grado que muchos de los “movilizadores” o “agentes de tierra” de ese partido, hoy operan para una nomenclatura distinta.

El PRI por su lado también abandonó las “causas populares”, y de ser los reyes del voto corporativo, afiliar a comerciantes, atender a los propietarios de los puestos en los mercados, taxistas, obreros y campesinos, pasaron a ser apenas una sombra de su pasado, pues a sus huestes agraviaron de forma consistente.

¿A qué viene todo esto? A que en el análisis del discurso de Gallardo, se deben tomar en cuenta los factores de su competencia electoral y política, una ya abordada y otra en permanente negociación con el PRI y con los intereses intrínsecos al cargo del alcalde.

Por eso, como gobierno al Gallardismo le han brotado enemigos, que aunque son pocos, resultan ser muy poderosos tanto económica como políticamente y que han aprovechado el desgaste natural del ejercicio de gobierno, sobre todo durante la época de campaña, para emprender una embestida de medios a nivel nacional en contra del movimiento del que son cabezas visibles el alcalde con licencia y su hijo del mismo nombre.

Para explicar una campaña de esta magnitud, que intenta impregnar tanto en radio, televisión, redes e impresos la idea de que el “gallardismo” es un concepto nocivo, hay que preguntarse sobre la fuente de financiamiento de la misma, sobre todo si se sabe que las intervenciones de medios a nivel nacional suelen costar más de seis cifras por ocasión.

Ni los desarrolladores, ni las familias más ricas de la capital podrían estar detrás, en un ciento por ciento de estas campañas, y por lo tanto los indicios apuntan hacia una empresa transnacional con intereses inmobiliarios de corto plazo en la capital potosina.

Ese es el fondo del discurso en contra del gallardismo, que hay que decir, ha implementado el responder en cada ocasión los cuestionamientos a través de los representantes del partido y hasta de manera personal cuando se les ha otorgado el derecho de réplica.

En términos prácticos este mensaje en contra poco ha impactado en el “voto duro” de los Gallardo, quienes por sí mismos son capaces de reconocer el golpeteo y por eso son los únicos que pueden sostener una estrategia de eventos masivos en todas las colonias.

Si se observa con objetividad, los Gallardo no son cuestionados por sus seguidores y su gente, son cuestionados por algunos medios de comunicación que tradicionalmente apoyan a las oligarquías o a los intereses en turno, sin embargo, tampoco han logrado meter un solo golpe por debajo de la línea de flotación del proyecto del PRD potosino.

En las redes quizás es el lugar en donde más eco han hecho en contra del proyecto, no obstante ni los likes son votos, ni los comentarios cuentan en las urnas.

A favor de este proyecto les juega la división de lo que podría llamarse “oposición” al actual gobierno entre los candidatos que compiten, la estructura, voto duro y capacidad de movilización que tiene la Gallardía en toda la ciudad, y los resultados del trabajo que les han sido reconocidos.

Para mañana, Culto Público, mis opiniones sobre la campaña de Xavier Nava para completar esta entrega.

@jfsh007

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