#4 TiemposColumna de Enrique Domínguez Gutiérrez

Racismo | Columna de Enrique Domínguez

Cuentas claras

 

Un sweater gris, oloroso y nauseabundo, una pródiga barba canosa, unos lentes al estilo de John Lennon, un andar silencioso, un morral multicolorido y una mirada con el ceño fruncido, es el estigma que se utiliza para catalogar a las personas que poseen un pensamiento alternativo; los llaman comunistas, o en el peor de los casos: chairos. De cualquier modo, pensar o establecer un pensamiento acerca de una etiqueta vigente, sería ahora un sinónimo de porro, es decir, una persona con tez morena, incipiente vello facial, “mal vestido”, retador y pobretón.

Nuestro país se caracteriza por ser acérrimos críticos de todo aquello que no va con nuestras propias voluntades, por lo general se critica el color de la piel, la escasez de recursos, las necesidades y en algunos casos las malas palabras.

Somos una sociedad que por lo general antepone esos principios religiosos para concebir una norma moral y establecer de esta manera lo bueno y lo malo.

No existe esa libertad y esa franqueza para tener un pensamiento libre de arraigo.

En el caso del racismo, se establecen varias pautas, una de ellas es discriminar al que no tiene, al que no es agraciado físicamente y objeto de burlas en la mayoría de los casos. Pedimos un trato digno por parte del gobierno de Trump, pero difícilmente existe esa autocrítica para saber que nosotros estamos peor, con nuestra propia métrica como para castigar y juzgar a los inmigrantes procedentes de Centroamérica, el trato indigno y las vejaciones. Es un grave problema para una nación donde las etnias son prácticamente las mismas de nuestros congéneres.

El desprecio y malestar con los pueblos indígenas es una clara prueba de ello.

El juicio a personas solo por su apariencia. No en algo similar a lo que vemos en una televisión donde se proyectan rostros aparentemente bellos.

Se critican las marchas de personas que se expresan, haciendo uso de sus facultades para exponer sus pesares, anteponemos nuestro egoísmo criticando el cierre de calles y avenidas y pocas veces nos fijamos en las causas de las personas que protestan, no vemos qué orilló a esos reclamos. Ellos no pueden protestar en sus lugares de origen, pues dentro de su marginación, jamás serían escuchados. No olvidemos que más de la mitad de la población vive en situaciones precarias.

Hacerse presente es una real necesidad de exponer y ser escuchado muy a pesar de los inconvenientes y molestias que eso genera. El gobierno calla, se retira y hace oídos sordos a esa necesidad de justicia que el pueblo reclama.

La insensibilidad se hace presente para pensar que por su condición meramente involuntaria no tienen los mismos derechos que nosotros como citadinos.

El prejuicio y la calificación barata de asumir en primera instancia que no se pertenece a una clase por su aspecto físico y su condición, son aspectos deplorables e incalificables de nuestro limitado círculo social.

Sensibilidad, apertura y tolerancia a las diferencias son necesarias para crecer como sociedad.

 

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