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Qué bueno que ganó el América | Columna de Héctor Morán

Tercer tiempo

 

Es difícil escribir sobre algo que te causó mucha frustración y molestia hace pocas horas, esa felicidad por haber llegado a una final, se colma con la desilusión de volver a perder una más.

Ya es difícil de contar cuantas finales han sido y más duro recordarlas con tu amigo de la oficina mientras ambos se preguntan, por qué carajos al Cruz Azul, por qué a nosotros.

Causa molestia esta nueva caída, pero la verdad en algún lugar muy recóndito de mi ser, me alegra que este Cruz Azul haya perdido, como perdió la noche del domingo. Me explico, este torneo sin duda era el nuestro, era del Cruz Azul, hasta los mismos aficionados al América me lo decían: “Obviamente quiero que gane mi equipo (América) pero este torneo es suyo”, hasta comentaristas en los medios nacionales lo repetían. La mesa estaba servida para nosotros luego de remontar el partido contra Monterrey en el Azteca, pero de esta manera no.

Después de tanto sufrimiento, tanto deseo y anhelo de los aficionados al azul, por obtener el título, no podría ser en la peor final de la historia del futbol mexicano, aunque cierto es que una final, es una final y un título, es un título y más si tienes 21 años de sequía y contando.

Pero en serio queridos lectores, con la playera puesta, da mucha impotencia ver a un equipo que tanto nos ilusionó a lo largo de todo un semestre, que tanto brilló luego de años de ser un equipo gris en la gloriosa Liga MX, a volver a ser un punto gris en donde la historia de la institución te pedía dar más del 100%.

Y eso se reflejó desde que terminó el partido de ida de la final, mientras el “Piojo” Herrera decía que el próximo domingo, su equipo tenía que salir victorioso como diera lugar, Caixinha defendía a los suyos luego de un aburridísimo juego y decía: será una final diferente, hasta que alguno de los dos anote un gol. Y por si fuera poco, traicionar la propia filosofía del equipo, la presión alta, el control del balón, todo el torneo jugar con un punta para tener mayor equilibrio en la media cancha, pero en el momento crucial poner a Cauteruccio y Caraglio, algo que nunca se había visto en todo el torneo y más cuando el segundo se la pasó gran parte del torneo lesionado. Inventar en una final, siempre es el principio del fin y eso que ni siquiera había empezado el juego de vuelta, porque puedes perder una final, el mismo deporte dicta que siempre debe ganar uno y perder el otro, pero existen maneras.

A este equipo se le comparó con el del “Cholo” Simeone, por la manera de jugar con un cuchillo entre los dientes al momento de meter el pie en cada balón, pero es eso lo que los caracteriza, morirse con la suya, cuando el Atlético de Madrid tenía que sacar un punto para ser campeón en su visita al Camp Nou, no le temblaron las piernas y salieron a jugar como solo ellos sabían, pelear, pelear y más pelear, y terminaron coronándose en uno de los campos más difíciles de Europa, con todo y su historial perdedor, algo que también afecta al “Atleti”, pero acá fue la cosa muy diferente. El equipo sé traicionó y el único partido que Cruz Azul perdió en el Azteca en el semestre, fue contra el “ave” y sí, les temblaron las piernas, las ideas y les pesó la playera cuando la historia les exigía levantarse como héroes en el Azteca y no puede haber campeón, sin un héroe, como Diego Godín lo fue para el Atlético de Madrid.

Cuando te pones nervioso desde la zona técnica, solo queda espera que tus líderes en la cancha no te fallen y exactamente 2 de los 3 líderes (Marcone, Corona y Aguilar) fallaron en el gol que definió la serie, y me refiero al primero, porque el equipo no tuvo respuesta durante más de 40 minutos, algo reprobable si te dices contendiente a un título, ya sea en una liga amateur y más en una profesional.

Cayó el segundo y con esa la ilusión, aunque en mi persona terminó por diluirse desde mucho antes, cuando vi que el equipo se sentía derrotado aún con más de 20 minutos a su favor. Elías desapareció, al igual que Méndez, Aldrete, “Caute” y compañía, entró Mena y nada, ese gran Ángel que llegó desde Ecuador se apagó desde hace un año, pero Caixinha, luego de no jugar todo el torneo, pensó que a la hora buena, podía ser quien resolviera la final. De Rentería mejor ni hablamos, porque fue una verdadera lágrima en todo el juego.

Duele y duele mucho el no haber tomado venganza de aquel 26 de mayo; todos los aficionados exigíamos la revancha desde que supimos que Cruz Azul y América terminaron sembrados uno y dos respectivamente y así lo fue, pero lo esperábamos con un final totalmente diferente.

Sigo confiando en este equipo y en el proyecto que a inicios de torneo presentó Peláez en las oficinas de Billy Álvarez es el correcto para regresar los títulos a las vitrinas de Ciudad Cooperativa, pero este domingo no fue y eso no hace que el dolor disminuya, pero ya estamos ahí, a un paso, algo que desde el 2013 no se veía, luego de ligar años sin calificar a liguilla, se ven grandes cosas para la institución. Ahora solo falta que a la hora buena, no les pese la exigencia de ir y demostrar lo que fuiste el mejor equipo durante todo un semestre, porque ante todo, lo cierto es que ese equipo que por 180 minutos se le olvidó cómo jugar al futbol, fue el mejor desde la jornada uno hasta la final.

El domingo perdió el mejor equipo de nuestro país, no ganó el América, ¡lo perdió el Cruz Azul! porque ese título, tiene que ser en un evento memorable y no una final gris como el domingo pasado. Sin traicionar tu manera de jugar y principalmente, sin traicionar a toda una afición que lleva más de dos décadas, o en algunos casos como el mío, toda la vida de espera para celebrar ese título y presumir con pecho inflado que conseguimos la novena.

 

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