#4 TiemposDesde mi clóset

Ser PUTO en un mundo buga | Columna de Paúl Ibarra

Desde mi clóset

Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza

Pedro Lemebel

Esta semana surgió en redes sociales un debate en respuesta a la rechifla protagonizada por legisladoras/es del PRI en San Lázaro, quienes, a grito tendido le dijeron “¡Puto!” a un diputado de MORENA. El dime y direte se caldeó más, luego de que el ilustrísimo Piojo Herrera, en entrevista dijera que decirle Puto al portero contrario no era un insulto, que no exageremos. Por lo anterior, decidí hacer las siguientes reflexiones:

 

La homofobia misógina

Desde que tengo uso de razón, he escuchado la palabra PUTO, toda mi educación básica fui el blanco de este mote. A diferencia del CHINGÓN, que se utiliza muchas veces en sentido positivo, no localizo una ocasión en la que al gritarme puto, a mi o a alguien más, fuera con un sentido vivificador o de elogio. La palabra puto tiene un alto contenido misógino. De acuerdo a la RAE, este es un calificativo denigrante, enfatiza la escasez de algo, es un malsonante despectivo pues. Por tanto, resulta irrisorio que el magnánimo Piojo Herrera intente disuadir a incautos con su discurso escueto, asegurando que este mexicanismo es parte del argot del país y hay que sentirse orgulloso de ello.

En ocasiones, de manera esporádica, a un hombre que tiene muchas mujeres se le dice puto, sin embargo, el dicho regularmente lo emite una mujer. Un hombre no le dice a su compa, “eres bien puto” para hacer referencia a que se está tirando con cinco a la vez, ¿o sí? Por donde se le vea, este adjetivo esta bañado de sexismo. Puto es el afeminado, el que se joteo cuando el bravucón de la escuela le canto el tiro, el muerde almohadas que goza de ser penetrado, aquel que en la peda les mama la verga a sus compas ya calientes, ese que se va a los cuartos oscuros los lunes argumentado juntas de negocios.

Si hacemos un análisis desde las teorías de género, la categoría mujer, allegada siempre a lo femenino, es víctima de la violencia misógina por el simple hecho de serlo. También, los cuerpos leídos como femeninos, o más cercanos a la categoría mujer, son clientes frecuentes de la violencia de género. No hay punto de comparación por supuesto, sin embargo, para el macho violento, en su reducido espectro no existe diferencia notoria.

Dicho lo anterior, la homofobia, vista como un arma del patriarcado, reproduce los mecanismos que la misoginia ha construido a lo largo de su existencia. Los hombres masculinizados, homosexuales o hetero, no resultan víctimas de la violencia de género. O ustedes cuántas veces creen que Wentworth Miller (protagonista de Prision Break) haya recibido un insulto homofóbico, o el mismo Javier Alatorre, que por más rumores que existan, su masculina presencia siempre lo ha salvado del escarnio público, o incluso algunos de nuestros políticos potosinos. Ellos conocen la forma en la que opera la homofobia, saben que es una de las hijas próceres de la misoginia, y no sucumbirán al lado rosa, al menos no de manera intencional.

Pedro Lemebel

Resignificar desde adentro, acallar desde afuera

Yo soy puto, lo soy porque lo he decidido. No soy gay, soy joto, marica, soy shoto, puño, puñetas, lo soy porque cómo dijo Pedro Lemebel, hablo por mi diferencia. Mi cuerpo es una pasarela de remedos de hombre, que día a día intento diluir.

Resignificarme como puto no implica tolerar la violencia. Cuando perteneces al lado oscuro de la fuerza, cuando eres afeminado, cuando llevas lo puto tatuado en la piel; activas un escudo, así como el “me protejo, me protejo, me protejo” de la Manigüis; lo que te permite discernir sobre la forma en la que los roles de género están impostados en el cuerpo. Por tanto, sensibilizas tu sentido de la percepción y ubicas los discursos de odio. La violencia de género no solo tiene que ver en general con los genitales, va más allá. Las diputadas y los diputados no vociferaron con tal ímpetu en sesión, para celebrar el dictamen del Presupuesto de Egresos 2018. Gritaron PUTO, señalando la cobardía del legislador, la cobardía, que es una característica de lo femenino. Lo masculino es osado, lo contrario a ser puto.

Desde mi perspectiva, resulta fundamental que la clase en el poder comience a trabajar la transversalización de la perspectiva de género, y digo comience, porque a diez años de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, los ataques feminicidas han aumentado, la discriminación se complejiza, se vuelve astuta y sutil.

Por otro lado, al interior es necesario generar espacios constructivos de colaboración, el macho es el enemigo, de este lado tendrá que haber más alianzas.

@paulibarra06

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