#4 TiemposContrapunto

El propósito de la ciudad puede ser la paz | Columna de León García Lam

Contrapunto

El origen de la ciudad -nuestra ciudad- no fue un acto espontáneo, ocurrido un 3 de noviembre de 1592, hace 425 años, como algunos historiadores nos quieren hacer creer. No llegaron Caldera y Oñate con unos frailes detrás y mostraron la cruz, ante la cual los indios se arrodillaron y dijeron “está bien, don Miguel, hagamos una ciudad junto a las minas de San Pedro”.

Lo que hoy llamamos ciudad de San Luis Potosí ha sido el resultado de un proceso, que inició mucho antes de la llegada de los españoles y terminará cuando seamos ruinas y quizá incógnitas en la mente de los historiadores del futuro: ¿por qué habrán pintado toda la ciudad de amarillo? -Se preguntarán.

No hay muchos datos que nos aseguren cómo era la vida en este valle, antes del siglo XVI. Yo me lo imagino así: un lugar fértil, lleno de arroyitos y lagunitas, generalmente verde que era continuamente visitado y habitado por un conjunto enorme de grupos “nómadas”, con distintas lenguas, algunas emparentadas y otras no, que interactuaban entre sí mediante complejas formas de organización. Que tanto cultivaban milpas, como recolectaban frutos, semillas y productos locales (como la sal) y formaban parte de una extensa red de comercio con lejanos países (los actuales Utah y Costa Rica, por ejemplo). Ni nos podemos imaginar la riqueza de las creencias, los mitos, las costumbres y los conocimientos del entorno que alcanzaron nuestros ancestros. Probando la riqueza gastronómica actual, tenemos una sombra del pasado: la rata de campo, los venados, el mezcal (maguey y quiote cocidos), las chochas, los garambullos, los nopalitos, los elotes, el pozole, etc.

Vino la guerra: los indios “chichimecas” por conservar su territorio y su forma de vida y otros por adueñárselo y enriquecerse con las minas. Por eso, aun antes que fuera ciudad, se formaron los pueblos de indios: Tequis, Tlaxcala, Santiago… hoy los famosos barrios, que fueron asentamientos de indios sureños (tlaxcaltecas, otomíes y purépechas) traídos para el trabajo y la “pacificación”. De esa interacción se volvió potosina la palabra Tangamanga -tan atacada por Montejano- y las costumbres tlaxcaltecas, como las huertas de hortalizas, y las fiestas.

Luego vino “la Paz”, un acuerdo de vivir en prosperidad para todos (aunque esto no fue cierto). Y entonces los españoles hicieron su propio pueblo, repartiéndose solares en lo que hoy llamamos “centro histórico”, porque en San Pedro no hay suficiente agua. No fue hasta 1656, que el pueblo, por sus riquezas aportadas a la corona española, fue nombrado Ciudad de San Luis Minas del Potosí. De sus riquezas quedan los templos y un par de edificios, como el de la Alhóndiga (1771).

Las injusticias no han sido pocas desde entonces. De ello datan varios sucesos de rebeldía: los de la bruja guachichil, los tumultos de 1767, las insurgencias de independencia, las múltiples rebeliones serranas, la Revolución, la Cristiada y hasta las manifestaciones navistas y la lucha por el Cerro de San Pedro. Y quizá por eso, algunos le digan “pueblo quieto”, pues este territorio, a quién lo han acusado tantas veces de indómito, se ha revuelto para cumplir con su propósito y vocación que es permanecer en paz. Para eso fue fundado, mucho antes que Caldera, u Oñate.

Italo Calvino en su libro Las ciudades invisibles explica que las ciudades, como las personas, tienen un propósito particular, cada una fue diseñada para un fin. La historia quizá pueda orientarnos sobre cuál es la vocación de este pedazo de tierra con cielos espectaculares, templos barrocos y palomas, balcones y adoquines. Lo escrito indica que, aunque no sin problemas, esta ciudad se trazó orientada hacia aquel horizonte en donde sus ciudadanos viven en paz. Viendo hacia ese lugar, se ha vuelto urgente el exhorto a los gobernantes para detener de manera inmediata la escalada de violencia e inseguridad que otra vez -sin sentido- estamos viviendo los ciudadanos de San Luis Potosí.

También recomendamos: La libertad y la expresión | Columna de León García Lam

Nota Anterior

Egresado de la UASLP, obtiene Premio Nacional de Diseño con prototipo de prótesis de mano

Siguiente Nota

¿La Calle a dónde llega? | Columna de Jorge Ramírez Pardo