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El primero y el último, Feminicidios | Columna de Ricardo Sánchez García

Sin partitura

Martha de Rentería es el nombre de la primera mujer registrada como víctima de feminicidio en San Luis Potosí, el cual fue confesado en versos perfectamente rimados por el autor de la poesía y del delito: Juan de Gabiria. Esta narración llegó a mis manos en el año 2001 pero en aquel momento, mientras estudiaba derecho, me dejé llevar por su cadencia y estructura sin reparar en reflexiones socioculturales y la gravedad del cruento hecho. El tema del escritor era poco común y me sorprendía por su ingenio para hilar una historia de amor y traiciones, toda vez que se confiesa responsable de una muerte y explica entre un párrafo y otro las justificaciones para cometer el atroz hecho. El texto sirvió como análisis jurídico en la clase de derecho penal y hoy viene a mi memoria en el contexto de la cantidad de feminicidios desbordados a lo largo y ancho de nuestro estado potosino.

En Rioverde hace apenas un par de días un hombre mató a su expareja y después se suicidó. El feminicidio se agrava por los cuatro menores hijos de la víctima quienes fueron testigos de los fatídicos instantes, lo cual, según la CEDH pudo haberse evitado, pero las medidas solicitadas no fueron suficientes para la seguridad de la víctima. Todo en el marco de la fallida implementación de la Alerta de Género por parte del Gobierno del Estado y la falta de capacitación y sensibilidad de las autoridades responsables.

El sufrimiento de la familia y el dolor desbordado en el círculo cercano de la víctima nos hace cuestionarnos: ¿valdrá la pena hacer un análisis de letras de canciones y poesías que dejan testimonios tan horrendos de hechos delictivos o debemos intentar que pasen desapercibidos? ¿Las narrativas son muestras de un deseo inconsciente de sus creadores o son solo expresiones artísticas? ¿Los escritores aplauden conductas indeseables o con sus letras generan frialdad en la sociedad hacia la violencia de género? A pesar de la posición que cada lector tenga, aquí mis consideraciones.

/Caído me has a las manos/pagas por donde pecaste/que si de mí te burlaste/yo de tus gustos livianos/que los cielos soberanos/viendo mi justa querella/te dan por sentencia en ella/que como desconocida/la que me quitó la vida/se quede sin mí y sin ella/. Es la última estrofa de la primera poesía escrita en San Luis Potosí en el año 1606, autoría de Juan de Gabiria. Por no tener a la mano la versión que aquella vez leí y siendo afortunado de encontrar un artículo de Xalbador García publicado en julio de 2013, de ahí le transcribo.

Es común escuchar en boleros y poesías románticas la idea “morir de amor” generalmente por el desdén que sufrimos de una persona, aunque desdén es decir mucho. Así, cuando Juan de Gabiria dice “la que me quitó la vida” habla metafóricamente y con una carga altamente sentimentalista de quedar vacío de su alma, quizá “sin un sentido de vivir”, cierra su último párrafo “se quede sin mí y sin ella” y en ese momento es literal la idea de muerte. Esto lo confirma Joaquín Antonio Peñaloza y Alejandro Espinoza (citados por Xalbador García) quienes señalan “…posiblemente la última décima fue escrita por el autor tras acuchillar cinco veces a su mujer. La separación entre esta estrofa y la anterior, la letra nerviosa sobre el papel, la necesidad de terminar pronto que puede percibirse en las copias originales sostienen esta teoría”. Y además: “tras la última línea el poeta salió huyendo”. Habrá que ir a la fuente directa (Letras Virreinales de San Luis Potosí, UASLP, 1988) pero no dejen de pasar a leer a Xalbador García en su blog Vientre de Cabra y el blog de Barrio de Tlaxcala SLP.

Pero en la música la violencia de género se aborda con tal liviandad que incluso lo bailamos con ritmos cubanos, la escuchamos en el rock, folk o cualquier género. Una muestra es la canción Mala Mujer interpretada por la Sonora Matancera, la cual en repetidas voces canta  “mátala, mátala, mátala, mátala” condenando a una mujer a perder la vida pues “no tiene corazón”. En ella la mujer es responsable de un engaño y de endulzar el oído a un supuesto pobre hombre inocente. Una mujer así, según el autor, se merecería la muerte por parte de su pareja.

En San Luis Potosí han asesinado a muchas mujeres, víctimas de sus parejas, la razón: decidir no compartir más la vida con ellos. Para este 2018, según la proyección de violencia, los feminicidios superarán en número a los 36 del año pasado y es posible los casos de impunidad también se incrementarán. Aun así el mensaje de vaciar una pistola sobre el cuerpo de una mujer, en un lugar público, habla más de la imposibilidad de controlar su cuerpo, su pensamiento y decisiones o quizá de un “te arrepentirás de ser una mujer libre”.

El primer feminicidio en tierras potosinas quedó confesado en una poesía. Según datos históricos el asesino fue sujeto a un proceso durante cuatro años obteniendo como castigo pagar cincuenta pesos de oro y sufrir el destierro de San Luis durante seis meses. De María Luisa, último feminicidio registrado, solo tenemos el suicidio del asesino. No queda más que exigir el esclarecimiento de los hechos, el abrigo institucional de los menores en orfandad y sanción para las omisas autoridades.

Y que nos explique Juan Manuel Carreras ¿De qué va la tan mentada Alerta de Género? No queremos más poesía de dolor y muerte.

@DDHHSamuelRuiz 

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