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El Premio Alfaguara 2018 | Columna de Dalia García

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Ayer se anunció a Jorge Volpi como ganador del Premio Alfaguara 2018 por Una novela criminal.

Supe de él en la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá (2015). Tomaba la clase de Literatura contemporánea, cuyo programa incluía dos de sus obras: La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 y La guerra y las palabras. Una historia intelectual de 1994. Los títulos dan flojera, sí, por lo largos que son, pero desde entonces me interesé por su escritura y por su trayectoria profesional, que no se inscribe únicamente el plano de lo literario, sino también dentro de la política y la gestión cultural:

Después de licenciarse en Derecho por la UNAM, Jorge Volpi comenzó a trabajar en un suplemento de Derecho en el diario El Nacional, que estaba a cargo de Diego Valadés Ríos, a quien más tarde nombraron Procurador General de Justicia del Distrito Federal e invitó a Volpi a trabajar con él como su secretario personal. Se desempeñó en ese cargo hasta enero de 1994, después de que el Subcomandante Marcos tomó San Cristóbal de las Casas; tras dicho acontecimiento, Valadés fue nombrado Procurador General de la República y Volpi recibió nuevamente una invitación para trabajar con él, ahora como asesor personal.

Su faceta como observador del poder terminó cuando Diego Valadés fue reubicado como Ministro de la Suprema Corte de Justicia, semanas después del asesinato de Colosio. Al poco tiempo, Volpi presentó su renuncia para trabajar en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

Más tarde, realizó sus estudios de maestría en Letras Mexicanas en la UNAM y después cursó el doctorado en Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca, España.

Su experiencia en la política le valió para desarrollar una de sus temáticas de mayor interés como escritor: los intelectuales y el poder, que abordó en sus trabajos de tesis de maestría y doctorado publicados más tarde bajo los títulos: La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (1998)  y La guerra y las palabras. Una historia intelectual de 1994 (2004), respectivamente. En el primero aborda las relaciones establecidas entre los intelectuales y el poder en México tras el conflicto que tuvo lugar en Tlatelolco en 1968; el segundo se centra en las relaciones de poder entre el subcomandante Marcos y los intelectuales en 1994.

En 2001 fue Agregado Cultural de la embajada de México en París, y más adelante se dedicó a dar clases en algunas universidades como Emory, Cornell, Princeton, Las Américas de Puebla y la Católica de Chile.

Encabezó el Canal 22 de México durante el periodo de Felipe Calderón, y en 2013 comenzó a dirigir el Festival Internacional Cervantino. En 2016 tomó posesión como coordinador del departamento de Difusión Cultural de la UNAM, cargo en el desempeña hasta ahora.

Su carrera literaria inició a los 24 años con la publicación de su primera obra narrativa A pesar del oscuro silencio (1992), novela que tiene como figura central al escritor mexicano Jorge Cuesta.

Se le ubica, además, como integrante del grupo literario del Crack, junto a Ignacio Padilla (1968-2016), Eloy Urroz, Pedro Ángel Palou y Ricardo Chávez Castañeda.

La novela y el ensayo han sido los dos géneros principales por los que ha transitado su escritura, frecuentemente trabajados desde una perspectiva científico-sociológica. Entre sus ensayos se encuentran El insomnio de Bolívar. Cuatro consideraciones intempestivas sobre América Latina en el siglo XXI (2009) y Leer la mente: el cerebro y el arte de la ficción (2011); el tema central de este último se basa en los mecanismos cerebrales que tienen lugar en la mente de un lector de historias de ficción.

En cuanto a su novelística, cabe destacar que la gran mayoría giran en torno a algún hecho o suceso relevante en la historia de la humanidad; es el caso de su obra más elogiada En busca del Klingsor (1999, premio “Biblioteca Breve” de Seix Barral), cuyo contexto se inscribe en el período del nazismo. Entre los personajes que la conforman se encuentran algunos hombres de ciencia como Einstein, Gödel y Heisenberg.

Esta forma de crear personajes literarios, partiendo de personalidades específicas que han formado parte del mundo real, es un recurso utilizado constantemente por Volpi; otro ejemplo de ello es El fin de la locura, cuya temática principal aborda el estructuralismo parisino con personajes como Althuser, Foucault, Lacan, Barthes, Fidel Castro, Salinas de Gortari y el novelista Carlos Monsiváis, entre otros.

En El jardín devastado (2008), sobre la política mexicana en el siglo XXI y la guerra de Irak, el narrador cuenta la historia de tres personajes a través de micro capítulos que ocupan desde una línea hasta no más de media página.

Otra de las temáticas recurrentes en la obra de Volpi es la música. Tiende a fundamentar algún detalle (por mínimo que sea: un personaje, un episodio, un capítulo, etc.) en un elemento musical preferentemente del género clásico. En este apartado puede citarse Pieza en forma de sonata, para flauta, oboe, cello y arpa, Op. 1 (1991); En busca del Klingsor; El fin de la locura (2003) y Memorial del engaño (2013).

En los últimos años publicó la novela en verso Las elegidas (2015), y los ensayos Examen de mi padre (2016) y Contra Trump (2017).

Habrá que esperar Una novela criminal para saber cómo y con qué sale a dar la nota, aunque ya se pueden consultar algunos adelantos.

Contacto: dalia.garciga@gmail.com

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