#4 TiemposMosaico de plumas

Por la carretera | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de Plumas

 

Viajar no siempre es bonito.  No siempre es cómodo.
A veces duele, incluso rompe tu corazón, pero eso está bien.
El viaje te cambia; debería cambiarte
Deja marcas en tu memoria, en tu conciencia, en tu corazón y en tu cuerpo.
Te llevas algo. Con suerte, dejas algo bueno atrás

Anthony Bourdain

 

Las historias sobre viajes son abundantes en la literatura universal desde tiempos remotos, por ejemplo, los bestiarios medievales que retrataban las criaturas que los marinos encontraban en tierras desconocidas, los cuales iban acompañados de ilustraciones para complementar las descripciones. Además de los diarios de viaje donde los marinos escribían lo que vivían en su travesía, uno de los más populares es el diario de viaje de Cristóbal Colón donde retrata su camino a las Indias y la llegada a ellas. En el siglo XIX la crónica de viaje se popularizó en la prensa, escritores como Guillermo Prieto, Manuel Payno y Manuel Gutiérrez Nájera consolidan en tinta sus experiencias de las travesías.

El clásico de la literatura beat de Jack Kerouac, On the Road, narra los viajes del autor en Estados Unidos y México, los excesos serán centrales para las experiencias escritas. En el cine contemporáneo nos encontramos con una película mexicana filmada en Armadillo de los Infante, hace solo un par de años atrás, La delgada línea amarilla, una historia de cinco hombres y un perro que como su nombre lo dice tienen que pintar el camino. Durante este largo transcurso se describen cada una de sus historias y la causa que los llevó a estar ahí.

Seamos sinceros, de los viajes nos quedan sólo dos cosas: las fotografías y la anécdota, esta última más importante que la primera. Viajar va más allá del destino, el cual claro que importa, pero es el camino el que nos dará tema de conversación en la siguiente borrachera.  Recuerdo hace un par de años, mi cuasi marido y yo nos lanzamos a la aventura de la Huasteca Potosina. Aunque la conozco bastante bien como lo habrán deducido por mi apellido, ningún viaje familiar en una camioneta con aire acondicionado se compara a la experiencia de trasladarse en una pecera compartida con trabajadores de caña recién salidos del trabajo después de más de diez horas bajo el sol; bien rico que olía en la camioneta. Decidimos que de regreso pediríamos un aventón, al menos en la caja de las camionetas la ventilación era más amplia. Así lo hicimos, estiramos el brazo y ahí estábamos subiendo a una ranger con desconocidos chilangos. Por un momento, olvidé la inseguridad del país y me subí sin que los pensamientos sobre que me podían vender mis órganos o llevarme a prostituirme a algún bar en Tijuana atravesaran mi mente. Fue lo mejor que pude hacer: disfruté los kilómetros como nunca y al bajarnos la mejor anécdota de viaje de ese año: nuestros anfitriones nos preguntaron por el castillo surrealista. Le respondí que ahí donde nos recogieron dos kilómetros hacia arriba. Sí, nos dieron un ray gratis, ellos tuvieron que regresarse y nosotros viajamos gratis.

  (Las aventuras de Tom Sawyer y El príncipe y el mendigo) escribió que “la única forma de saber si te agrada una persona, es haciendo un viaje con ella”, una frase romántica para aquellas parejas viajeras, pero viajar con tu pareja y tu perro es la experiencia que confirmó que debería casarme. Viaje con el amor de mi vida y mi cuasi marido en una camioneta fletera, sin caja sólo una plataforma; el viento congelaba los huesos, las cobijas no bastaban para parar el flujo de aire, el perro, un Golden Retriever de seis meses le parecía divertido brincar de pierna en pierna, olvidando sus 25 kilos, hasta que cansado decidió meterse entre sus dueños y dormir plácidamente debajo de las cobijas que intentamos mantener abajo. Lo vimos tan dormido que solo sonreímos.

Pero si de anécdotas hablamos, nada se compara con conocer gente en los viajes, gente que sabes que posiblemente nunca vuelvas a ver por lo cual te muestras más libre, sin miedo de ser juzgado. Hay aplicaciones que promueven el conocer gente y ahorrar unos cuantos pesos por viaje. Soy usuaria frecuente de BLA, BLA, semanalmente realizó el recorrido SLP-QRO-SLP. La carretera a Querétaro se encuentra en reparación intermitentemente, hay días que la duración del trayecto puede ser de dos horas y otros de cinco de horas. Uno de esos días dónde los vendedores toman la carretera, había cuatro mujeres que iban a visitar a sus parejas, no había mucho que hacer solo preguntar a qué nos dedicábamos. Una de ellas era diseñadora de modas y calzado, específicamente de lencería pues su familia tenía una sex-shop. No iba a perder la oportunidad de eliminar el tabú sobre el placer sexual, le pregunté qué me recomendaba. Ella entusiasmada sacó de su bolsa una pastilla capaz de dormir tu garganta por un largo tiempo “para que te quepa completo”. Estallamos en carcajadas y claro que decidí comprar la famosa pastilla que hará feliz a mi cuasi marido.

Esta experiencia decidí compartirla en cada viaje a Querétaro, no sé si las ventas de la sex shop aumenten, pero si rompe el hielo y ha hecho de todas mis travesías una fuente de historias que contar.

Viajemos más por la anécdota que por las fotos en Instagram.

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