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#Perfiles | Manuel Barrera y Guadalupe Torres: algunas coincidencias

Blakely Morales

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Manuel Barrera Guillén

Desde que llegó a la dirigencia estatal del Partido Verde por primera vez en 2002, ha extendido su círculo de poder de manera estratégica. Es un tipo de pocas expresiones faciales, su altura y complexión le dotan de cierto aire misterioso, parece que siempre tiene ideas rebotándole en la cabeza; sus compañeros lo tratan como una especie de gurú; ha aprendido a no decir más que lo estrictamente necesario, pues un partido como el Verde Ecologista de México, así lo solicita.

Es originario de Ciudad Valles y su familia se ha dedicado al negocio de las farmacias con una franquicia de Similares; según testimonios, su padre ha ostentado cierta confianza de parte de los directivos del negocio farmacéutico propiedad de Jorge González Torres, fundador del Partido Verde Ecologista de México.

Las descripciones sobre Manuel Barrera coinciden en que es un hombre parco, serio, con actitud de constante análisis, inteligente, pero no un ambientalista. Aunque, otros testimonios no se atreverían a decir que siempre fue así: “Cuando yo lo conocí era un hombre, como un hare krishna, muy tranquilo, muy relajado, muy ajeno a lo mundano, esa fue la impresión que tuve de él; ya después se fue profesionalizando”.

Cuando el hijo del empresario González Torres, Jorge Emilio González el niño verde, incursionó en la política siendo presidente nacional del PVEM durante diez años (2001-2011), llegó a representar una de esas oleadas de juniors en el poder, y acaso la antesala de lo que después se denominaría el mirreynato.

Aunque no era precisamente una persona adinerada, Manuel Barrera empató generacionalmente con Jorge Emilio y en el 2002 sustituyó a María Gregoria Catarina, una mujer indígena colocada desde la llegada del Verde a San Luis a mediados de los noventa, en la presidente estatal del PVEM. Antes de eso, todo parece indicar que Barrera había tenido una participación mínima en la política.

Estudió Derecho en la UASLP, y aunque se le recuerda por su amistad con gente cercana al PRI, también se le describe como estudiante con un rendimiento académico mediano, y sin notables protagonismos. Algunos testimonios recuerdan que Manuel Barrera fue ocasionalmente puesto al frente de algún grupo político, pero divergen en los motivos, que son dos según las voces: por su capacidad de guardar la calma y por su buen porte.

“Su carácter es el del hombre que no se mete en problemas, muy agudo, que no se queda con el primer análisis”, apunta.

Fue durante la elección a Gobernador del 2009 cuando Manuel Barrera cobró presencia, pues se volvió determinante la presencia del Partido Verde para llevar a Fernando Toranzo a la gubernatura, y devolver a San Luis a un gobierno priista después del primer sexenio del panismo con Marcelo de los Santos.

Los testimonios observan que la mimetización del PRI con el Verde en el 2009, fue un parteaguas para que Manuel Barrera Guillén tuviera la proyección y dejara un poco de ser ese tipo silencioso.

Junto a su familia caciquea desde el Partido Verde en San Luis y es la única razón que explica la presencia de su hermano en la Auditoría Superior del Estado, Fernando Barrera Guillén; a pesar de que se ha señalado a ambos personajes, por alguna razón Manuel Barrera conserva cierta buena reputación. Basados en los testimonios no obstante, se podría decir de Barrera, que es un hombre al que le gusta el poder, pero no por algo tan poco elegante como el dinero.

También en el 2009, Barrera se convirtió en secretario de Gestión Ambiental y duró el sexenio completo de Toranzo. Desde ese puesto se volvió cercano a Cándido Ochoa y gracias a la amistad que trabaron, según se presume, el exsecretario general de Gobierno pudo obtener una candidatura para ser diputado federal por el cuarto distrito por el PVEM.

Cándido está ahora en el Congreso de la Unión. Y aunque su nombre no viene a cuento de manera específica con el escándalo de corrupción destapado en el video de la conversación entre el diputado Enrique Flores y el alcalde de Ébano, Crispín Ordaz, su nombre aparece como hilo conductor determinantes en la política local. Cándido Ochoa respaldó hace poco una solicitud de juicio político contra el gobernador Juan Manuel Carreras.

 

Guadalupe Torres Sánchez

Igual que a Manuel Barrera Guillén, J. Guadalupe Torres Sánchez es descrito como un hombre serio, de riguroso y detenido análisis. Aunque ya ha sido secretario general del Ayuntamiento en Soledad y síndico en el mismo municipio, Torres se esfuerza por hablar de sí mismo como un abogado, no como un político. Y tiene sus motivos, personas que conocen el gremio, lo han llegado a calificar como uno de los mejores litigantes del estado, aunque tiene también su historial de grisáceos.

Es abogado por la UASLP y su familia es originaria de Tierra Nueva. Es descrito como un político cargado a la izquierda, pero moderado. Aunque había venido trabajando por años como abogado para el PRD, no estuvo afiliado sino hasta el 2015, cuando encabezó la lista de los candidatos plurinominales que ahora lo tiene ocupando una curul en el Congreso Local.

 

Su hermana, Silvia Torres Sánchez es una prominente abogada que ha trabajado en el despacho de Ochoa Rojas, quien no obstante su mala reputación en la opinión pública, como litigante puede llegar a ser descrito como alguien brillante.

Guadalupe pasó por el despacho de Ochoa Rojas, donde habría afianzado su conocimiento. Hay quien afirma que J. Guadalupe y su hermana Silvia se convirtieron en los auxiliares estrellas del despacho: “la gran fama de litigante de Cándido, no se podría entender sin estos dos abogados”.

Ahora que su nombre ha salido entre los aludidos por el diputado Enrique Alejandro Flores Flores, en el video donde describe una presunta red de corrupción al interior del Congreso, en el PRD, Xavier Nava Palacios ha cuestionado a Guadalupe Torres, y el gallardismo ha salido en su defensa.

Los testimonios de personas cercanas a Torres Sánchez, no lo reconocen como un personaje de la peor calaña, tampoco se atreverían a decir que como político y diputado es un desaseado éticamente. Parece que comprende para qué sirve el poder. Junto a Manuel Barrera Guillén, coinciden en lo serio de sus personalidades y en lo analítico; ambos han formado parte del denominado grupo de los Broncos, y acaso sean los únicos, junto a Héctor Mendizábal, que saben realmente de qué iba esa seudo fracción parlamentaria. Llegados Barrera y Torres Sánchez al Congreso del estado, coinciden en su pasado muy cercano a Cándido Ochoa;

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