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Pedro Páramo, estruendo insondable; Arias, monumentalidad en maqueta | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Poesía de lo abismal complejo

La tarde del pasado jueves 25, luego de un día con temperatura estival severa, el montaje “Rulfo en Comala” para la lectura de pasajes de Pedro Páramo con sinfonía de voces lectoras y cantoras, solista cantor histrión y mariachi juvenil Ensamble del Mariachi Universitario a tono, rompieron la mustiedad ambiental de la UASLP y la seriedad arquitectónica de la Caja Real. Espectáculo coordinado en lo literario por Margarita Díaz de León y en el acompañamiento musical por Fernando González Álvarez del Castillo.

El enigmático y poliédrico texto rulfiano, cargado de ecos revolucionarios, fatalidad, murmullos y voces interiores escarnecidas por amores contrahechos, soledad y atavismos ancestrales, mostraron cuánto dialogan esos factores con México y Latinoamérica de hoy. Se afianza la singularidad multiterritorial de la obra de Juan Rulfo.

Dos horas fluyeron con rítmico compás y contrapuntos de lo literario a lo musical que aquello parecía un ejercicio no de la Universidad Autónoma local, sino de alguna universidad con ancestral y continua fortaleza en su oferta artístico/cultural, como la UNAM, la Veracruzana o la de Guadalajara. Universidades que han cumplido su misión de ser espejo e interrogante con estética.

Juan Rulfo prestó el argumento, los intérpretes hicieron un trabajo correcto sin acudir a sobreprotegidos becarios de ex Conaculta o ancestros de la noñería. Un intérprete débil en la expresión gestual gutural, hombre blanco, cano y barbado, fue Juan Carlos. Con la comunicación discreta y aguda heredada de su padre y rasgos faciales maternos. Interprete de voz frágil, ah, pero hijo de la leyenda y eso tiene peso entre un público que lo aquilata.

La UASLP ya ha mostrado antes ejercicios que le sacuden su opacidad en expresión cultural más allá de lo ñoño de principiantes o aficionados ejercido por décadas, al parejo de su inexistente ejercicio de debate de ideas en tolerancia y pluralidad. No basta tener la radiodifusora con más años acumulados, si no conserva el pundonor y rumbo que le dieron sus fundadores, Raúl Cardiel Reyes y compañía.

Este fue un evento de élite, aunque la entrada fuera “libre”. Fue un ejercicio endógeno para universitarios. Ciertamente replicable en barrios y municipios, si no, pa’ cuándo la extensión cultural y el baño de realidad.

Lectura de la escultura pública, para mirarla mejor

El pasado viernes 26, en horario nocturno, en la Casa de la Cultura de Avenida Venustiano Carranza (denominada en la guisa oficial museo ¿?) hubo otro ejercicio cultural de “entrada libre”, pero también de selección ¿natural? no darwiniana sino de rango socio/cultural, piu de socialité que d´artistic. Fue un buen coctel gratuito de grupo aderezado con exposición light y obsequio de algo aproximado catálogo que sí hubo y con extraña puntualidad. Salvo un breve texto de Oswaldo Ramos, todo es discurso de inauguración. Museografía cumplidora.

Vinos y canapés en una atmósfera para sentirnos, los asistentes durante un par de horas, extras de una particular puesta en escena de la novela El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald. Baz Luhrmann, director de la última versión fílmica de ese texto, declaró que planeaba que esta adaptación fuera más oportuna dada su crítica hacia los estilos de vida irresponsables de la gente pudiente.

Así son nuestras inauguraciones de élite, la pasamos bien los asistentes VIP y degustamos exquisiteces gourmet complementadas con un paladeo de arte. Porque así parecía la jerarquización del sucedido. Valioso constatar la presencia de algunos científicos recurrentes cuando de variopintas expresiones del arte se trata, de integrantes tercera edad del gremio creador, escasos jóvenes de ese mismo sector y mucho menos estudiantes de artes.

El pretexto o subtexto, la inauguración de “Joaquín Arias. escultor de monumentos”, exposición de maquetas, bustos en escala uno a uno y un conjunto escultórico de gran formato, el del Quijote y Sancho (alguien dijo, ya que se quede en ese jardín).

En los días subsiguientes, la entrada no es gratis ni con tinto y canapés. Hay algunas cortesías con credencial, pero ¿Cómo abolir la barrera emocional para ingresar a un recinto que el grueso de los peatones potosinos sentimos ajeno? No hay indicios de una labor para formación de públicos que contrasta con la sobreoferta de programación a ultranza en ese y otros recintos. Aquí valdría un esfuerzo de documentación y visitas guiadas con un guion creativo. Desde luego, gratuitas. Ocasión oportuna para el fomento de identidad ciudadana con la ciudad y estímulo contribuir a la preservación de sus tesoros lo mismo escultóricos que arquitectónicos y forestales.

Bemol aturdidor

El Festival de la Cantera sí tiene público masivo e impacto anhelado para la desaseada cultura electorera del tricolor.

@PEnredarteslp

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