#4 TiemposColumna de Jorge Ramírez Pardo

Pautas para ver y mirar una singular forma acuática | Columna de Jorge Ramírez Pardo

Enred@arte

Reiteración.- Se ha mencionado aquí, el actual crecimiento exponencial de directores mexicanos de cine, debutantes o no, que se lanzan al rodaje sin un guion, intención y plan asentados. “De buenas intenciones (y corazonadas) está empedrado el camino del infierno”.

Por contra, hay realizadores fílmicos mexicanos de las nuevas generaciones, Guillermo del Toro entre ellos, con otra actitud y visión. Además de hacer lo que se denomina cine de autor (no sometido de manera solo a la conveniencia de la demanda comercial) filman en el país o fuera de él, pero saben ver su trabajo con autocrítica, logran circunscribirlo a interacciones multinacionales y en esa latitud obtienen premios y certificaciones. Entendieron temprano la debacle en distribución y realización de cine a que la obligada inequidad somete a una película hecha en México.

Los festivales mexicanos de cine son un modesto paliativo. Pero, no hay un programa, estrategias ni voluntad de recuperar una dimensión de industria fílmica mexicana (existente entre 1940 y 1960) y un mercado cinematográfico propio con sólido soporte para promoción/distribución. Los actuales exhibidores están sometidos a los dictados de las productoras fílmicas gabachas.

 

Guillermo, el infante terrible del cine fantástico.- L’enfant terrible, es expresión francesa para referirse a niños que hacen preguntas embarazosas (…) y a una persona cuyas opiniones se apartan de la ortodoxia, son innovadoras o de vanguardia en el arte. Ello, desde luego, aplica a Guillermo del Toro y su más reciente película “La forma del agua”. Va un recuento para mejor disfrute y decodificación de su filme.

 

Argumento: En este cuento de hadas transgresivo, una empleada de limpieza muda se enamora de una criatura acuática. La historia está inspirada en dos relatos conocidos “La bella y la bestia”, cuyo final cambió Del Toro porque no acepta que se tenga que transformar uno de los personajes (la bestia) para adaptarse a la sociedad. El otro elemento argumental es un clásico del cine de horror: “El monstruo de la Laguna Negra” (1954, dirigida por Jack Arnold). En ella, una criatura mitad pez y mitad humano protagoniza la cinta.

Hay, además, una fuerte carga personal del director (lo comenta él mismo). Como ya hizo en otras películas, incorpora elementos contextuales históricos de época. El monstruo de “La forma del agua” es capturado en las profundidades amazónicas durante la Guerra Fría en el Baltimore de los años 60.

En “El Laberinto del Fauno”, es telón de fondo es la Guerra Civil española. Y “El espinazo del Diablo”, se ubica en una cresta trágica de entreguerras, la Española y la Segunda Mundial.

Guillermo, sin proponérselo, dio en entrevistas entre Venecia y Morelia, una clase de producción de cine cuando se refirió a la construcción de su última película:

Guillermo del Toro, Sally Hawkins

Producción/presupuesto.- En la filmación, hubo muchos problemas. Quería que la película se viera como de 60 millones de dólares y teníamos 19.5, sets muy grandes y elaborados, criaturas, efectos especiales. 65 días de rodaje. (…) El presupuesto es un estado mental. Si a los 19 años me hubieran dicho te voy a dar 5 millones para que hagas “La forma del agua”, la hago. (…) en cambio, el chingadazo para mí con “La cumbre escarlata” es que como costó cincuenta y tantos millones, se tuvo que vender como película de terror. Y eso dañó a la película de manera profunda en su contacto con el público.

 

Color.- No la hice en blanco y negro porque hubiera sido un pastiche, una cosa postmoderna, que no era esencial para la película. Federico Fellini dijo, “cuando yo pasé del blanco y negro al color, me propuse hacer del color un instrumento narrativo, para que no sea un elemento que suceda, sino que yo lo controle a un nivel pictórico”, y me pareció genial y así vivo yo la vida.

 

Las miradas.- A la actriz protagónica (Sally Hawkins), le compuse su personaje como quien escribe una canción para que la interprete un cantante determinado. Vi películas en las que apareció antes y descubrí en “Submarine” (2010, de Richard Ayoade) que miraba, miraba hermosísimo todo y estaba escuchando todo, y dije qué bonito que alguien actúe con los ojos. Yo elijo mucho mis actores por los ojos, por cómo actúan con la mirada.

 

La fantasía es un género muy político. Porque surge en tiempos de grandes dificultades (hambruna, peste guerra). Estamos a punto de que se acepte por primera vez el cine fantástico como un género genuino. Está a punto de conseguir la validez que consiguieron otros géneros y no siempre la tuvieron, como el cine negro, por ejemplo. Ya se le reconoce importancia temática. Películas como “Get out” (2017 de Jordan Peele) o The Babadook (2014 de Jennifer Kent). (…) Con “El laberinto del Fauno” llegue a donde llegue, es una película mía, no tuve que hacer una película sobre la vida de Napoleón. La hice como quise y esa aceptación me renovó conmigo mismo y con el quehacer del cine. Y, opina el escribano de estas líneas, “”La forma del agua” lo confirma.

Esta película es un códice pletórico de simbolismos y abordajes crípticos. Se presta a infinitas percepciones. Si no la has visto, la recomiendo. Es de esos filmes para ver varias veces y comentarlo. No es difícil descubrir la caricatura de Donald Trump en el personaje antagónico de más presencia, y finas ironías al consumismo siempre decadente. Motivos que le pueden restar premios de Hollywood, pero una gran película no se hace para ganar premios. Ellos llegan y los hay de distintos certificadores. Otro día se puede abordar el tema. Hasta luego.

enredarteslp@hotmail.com

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