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Oro. El día que todo cambió | Columna de Alma Barajas

 

La capitana #13

Los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas acaban de entregarle a los mexicanos una historia más que contar. Todo el mundo escribe, platica, presume, o crítica el tema. Ciertamente aparece un atisbo de felicidad dentro de los corazones de todos los soñadores mexicanos, y más con esas palabras de aliento que retumban en la mente de aquellos aspirantes a cineastas, o los que ya lo son y necesitan un poco más de ánimo para brillar. Aquellas que pronunció del Toro mientras sostenía la estatuilla dorada tan anhelada por muchos; “Nunca pensé que esto pasaría. Me pasó. Y quiero decirles a todos que sueñan con el poder de la fantasía para contar las cosas que son reales en el mundo: pueden hacerlo. Esta es una puerta, túmbenla y pasen.”

El soñador es por inercia aquel que busca superarse en la mayoría de los casos. Hoy el país le aplaude a un grande. Y cual predicción aventurada, México también le aplaudirá a 11 grandes en un futuro. Aplica exactamente lo mismo que Guillermo dijo en esa maravillosa noche, o más bien, aquello que transmitió, tal vez, sin darse cuenta; el ánimo, y el orgullo de ser mexicano y esperar cosas grandes de un país tan lastimado como México.

Carlos Armella y David Romay, forman parte de ese grupo de soñadores fantásticos que no dejan pasar las oportunidades. Un día de repente, a través de una llamada de la Federación Mexicana de Futbol, estos dos excelentes cineastas consiguieron ser los realizadores de un documental llenó de valor, entusiasmo y profesionalismo, “Oro, el día que todo cambió”.

De la mano de Héctor González Iñárritu ex-director de selecciones nacionales y hermano de Alejandro González Iñárritu, otro ícono y figura del cine universal, Carlos y David comenzaron una historia de 45 minutos que relata la travesía de aquellos 22 mexicanos ganadores de la medalla de oro en los juegos olímpicos de Londres 2012. Historia que con tanta certeza cuenta a través de anécdotas, de testimonios, de opiniones de jugadores y personal del cuerpo técnico, cómo México fue campeón olímpico.

Días que no se olvidan, días que, como el del pasado 4 de marzo, son memorables, y se quedan para la historia. El cine y el fútbol, en este documental unen fuerzas, dentro del mismo, se podrá ver a los hermanos González Iñárritu dando testimonios y opiniones. Los amantes del fútbol y el cine serían felices viendo a Alejandro G. Iñárritu hablar del gol de Peralta o de un grupo de chicos que como él, pusieron en alto el nombre de un país que ya merecía un poquito de felicidad futbolera.

Porque, con toda sinceridad, pocos eran los que esperaban tan magnífico triunfo. Cuando de soñar se trata, el fútbol lleva la delantera, claro, la música, el cine, el teatro, y más demostraciones artísticas están llenas de postulantes soñadores, de practicantes que esperan cada día el reconocimiento de aquellos como Gael García, Idina Menzel, Paul McCartney. Pero pocas veces el sueño es colectivo, casi siempre de forma individual. Acá, en los barrios bajos futboleros, o en las zonas altas millonarias, todos soñamos lo mismo, que si México campeón del mundo, que sí un mexicano estrella del Real Madrid, etcétera, es más hasta sueñan con que un árbitro mexicano sea el referí de la final mundialista, que tontería, sí, rían todo lo que quieran. Pero soñar no cuesta nada.

“Oro el día que todo cambió”, es un buen largometraje, para soñadores, podría ser, pero, no tiene nada de malo emocionarse gracias a aquellos jovencitos y Oribe Peralta. Gracias a Guillermo Del Toro y su cine. No tiene nada de malo. ¡Qué orgullo le dieron al país! Qué bonito día, día que seguramente muy pronto se volverá a repetir, de eso no cabe la menor duda.

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