Columna de Jorge Kinich Ramírez

#Novela | Zarismo Total 6a entrega: La información de los rebeldes Austriacos

Por Jorge Kinich Ramírez

Llegaron al molino donde los rebeldes se encontraban confiscando sacos de arroz, trigo, cebada, y nueces. Dentro de grandes establos en la parte de las caballerizas tenían sentada a Renata semidesnuda con los pechos de fuera y atada a una silla, sucio por eses fecales y orina. Dos grandes golpes con tonos azulados que se inflaban con el calor de la piel, resaltaban en su pómulo izquierdo y un poco de sangre viscosa y pequeños pedazos de carne corrían de manera fluida por sus labios.

Jaceck sintió rabia de aquellos hombres, y se enfureció repentinamente, los observaba con odio y repudio al haber iniciado el maltrato a la mujer.

—Déjenla ir, ella no tiene nada que ver con éste asunto. — Reclamó al general de manera violenta.

Sigismund respondió tranquilamente mientras se acercaba a la silla donde la mujer se encontraba fuertemente atada.

—Al parecer eres más idiota de lo que aparentas, esta perra que ves aquí, te iba a asesinar pronto. Pregunta tu mismo…—

—¿Es cierto? —Preguntó incrédulo el misionero a pesar de que sabía que la respuesta no le cambiaría el sentido a su muerte.

—Es verdad, mi nombre no es Renata de Palermo, soy Laura de Champ…

Sigismund interrumpió sarcásticamente mientras se colocaba en la parte trasera de ella, y dejaba caer sus manos lentamente en los hombros desnudos de la mujer.

—Veras, Rela. Laura es una profesional aquí, usted y yo somos novatos frente a la mujer que tenemos de invitada al festín de la gloria. Escuche bien, el Lord Fiscal General Polaco; Makary Szezuska, contacto a través de una carta a Laura de Champ, pidiendo de su ayuda y colaboración, esto para llegar a los asuntos de resolución con vuestro caso. —Le decía sonriendo al misionero.

—La dama accedió, solo a cambio de protección asegurada, amnistía y 6200 monedas de oro.

El Lord Fiscal tras movimientos de recursos corruptos en Berlín, la llevó al norte de Austria, donde sabotearon la prisión a través del supuesto motín y ahora deberías estar muerto.

El misionero recordó que había pedido protección por parte del Vaticano, creyó que su recurso había funcionado y alguien había mandado ayuda moviendo el terreno diplomático y dando mala fama a la aristocracia católica de la Reina Zofia I.

—El Lord Fiscal polaco, el día de ayer ordenó que se te encontrará y se te fusilara de inmediato, usando la fuga como excusa para asesinarte, debido a que huyendo te declaras culpable, espía y saboteador de la monarquía rusa, aún sin que tus acusaciones sean ciertas, y así no perder la relación con Roma.

¡Oh sorpresa! Acabas de conocer un movimiento geopolítico único en su especie, tienes a una inminencia del espionaje posiblemente judía frente a ti…. —

El misionero preguntó:

—Pero…que no se supone que quieren mi muerte, a dónde me llevaban, si pudieron asesinarme al momento de que nos encontraron. — Sigismund respondió —Eso es lo único que nuestra amiga no nos ha dicho.

—Imbéciles!, yo también sé que eres inocente, debí haberte matado al momento de encontrarte fuera de la prisión, pero decidí salvarte la vida y llevarte a salvo, ahora los ejércitos monarcas nos buscan a todos, par de idiotas, y tú!…Con tu estúpida rebelión, jamás derrocarás a una monarquía como la Zarista…. —El misionero interrumpió…

—¡Ya basta!…Es suficiente, suéltala, ella está de nuestro lado. — Sigismund se adelantó: —no tan rápido vaquero…

Sigismund Muller le apuntaba con la misma arma que minutos antes tumbó de lleno a los guardias, los cuales ahora yacían sobre el piso ennegrecido de la taberna sin que nadie les prestase atención alguna.

Jacek cambió el semblante…

—Escucha, todos estamos en un problema, te podemos ayudar, te puedo ayudar…sólo permite que ella viva y venga con nosotros…

Sigismund, un hombre justo que peleaba por principios, ordenó de que la soltaran con la condición de que irían atados ambos y en cualquier mentira serían quemados vivos.

—De ahora en adelante formas parte de los servicios de la rebelión austriaca —le decía mientras se le acercaba y le daba la mano de forma alegre y orgullosa.

—Oye, Laura, sin resentimientos…— Concluía mientras salía del lugar riendo con dos de sus hombres.

Jaceck se acercó rápidamente a la mujer, mientras dos jóvenes rebeldes la desataban.

—¿Cómo estás?

—Idiota, tenías que bajar a comer algo…ahora nos asesinaran a ambos… —

—Por qué no me dijiste la verdad, por qué me dejaste vivir…

—Se que eres inocente, era mi último atraco, me iba a mover las Américas usando el transporte como medio para salir del régimen Polaco. Estoy harta de estos malditos burgueses…usaría las credenciales para llegar hasta la frontera y pedir asilo a las provincias unidas… lo has arruinado todo.

—Laura le escupió la camisa de manera déspota — Jacek conmovido le respondió — Debí haber dejado que te asesinaran.

—Claro que sí, ahora me violaran cada día y me harán trabajar hasta que muera.

Son piratas… no la maldita corte inglesa.

Los hombres que la soltaban y preparaban otro nudo, rieron tras el comentario de Laura. Jaceck se sintió un imbécil. Los llevaron a otro lugar en el molino donde pasaron la noche atados el uno con el otro…

 

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