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#Novela | Zarismo Total 4a entrega: Confrontación

Zarismo total

Por Jorge Kinich Ramírez

—¿Quién eres?… ¿quién te envió? -Preguntaba el misionero respirando agitadamente y agotado en una carroza tirada por dos caballos a toda velocidad.

—Soy Renata de Palermo, vengo a ayudarte, el comisionado del papa envió por ti… tenemos que salir de Austria inmediatamente, pasar por los alpes de Graz y llegar a Klangenfur, después… —¿pero… por qué? —El misionero interrumpió.

La mujer se quedó callada. Pensó por un momento y haciendo una pequeña reverencia dijo, —por su sacro bienestar —mientras clavaba su mirada a los ojos del hombre intentando transmitir más empatía, —el plan es alojarse en las cabañas del antiguo… —El misionero interrumpió una vez más de manera violenta, —no quiero ir a los estados vaticanos, ¡llévame a Hungría, o déjame aquí! -Decía el hombre mientras observaba el camino y la acumulación de la nieve sobre el camino.

La mujer extrañada por la respuesta enmudeció y continuó suavemente diciendo:

—El papa clemente IV mandó por ti, te necesitan en el vaticano, las relaciones con el imperio Polonia-Lituania han quebrando y tengo que entregarte con vida.

Jacek Rela reaccionó ante la palabra entregar, tuvo un sentimiento extraño que disimuló con una tenue afirmación mientras bajaba un poco la cabeza. Cambió el semblante de su rostro, suspiró profundo y de manera plena le dijo a la dama, —tienes razón, tengo que estar a salvo en las tierras de Roma.

Miró con un rápido vistazo hacia la puerta, mientras juntaba sus manos en señal de bendición y agradecimiento y con un latín fluido agradeció a la mujer al ajustarse complacido en su lado del carro.

La aristócrata lo observaba cautelosamente mientras le ofrecía una frazada y ordenaba velocidad a sus sirvientes. 10 minutos después, por los bruscos movimientos del camino y la pesada carreta, incomodaron a Jacek en su supuesta siesta, cuando de manera directa decidió abrir los ojos y exigir información con respecto a su extraña acompañante, que evidentemente no esperaba, que no conocía y que indagando fuertemente, no encontraba relación alguna con sus actos o en alguno de sus informes.

—Em…disculpe, hermana Renata de Palermo…. —refiriéndose así a la  sofisticada mujer dispuesta a dormitar el largo camino.

—Le escucho padre, ¿qué necesita? -Decía tranquilamente inclinando su cuerpo hacia la parte trasera de la carroza, donde la falta de luz y la poca que entraba con tono lunar, se tamizaba el polvo que se hacía por el correr de los caballos, dando una visión erótica y surrealista del pequeño sombrero de corte militar gris, los guantes negros y los grandes ojos cafés de la dama.

—Me gustaría hermana mía, que me comentara más acerca de ese plan en el que dispuesto estoy a servir —decía el misionero de manera humilde ante la belleza que sus ojos recién notaban, acercando también su rostro a la parte de la luz que emanaba por los ventanales altos del carruaje, enfatizando el acento de la pregunta en que la mujer observara su expresión y su rostro.

Renata se acicaló un poco. Afirmó suavemente y con una bocanada larga dijo, —soy enviada por parte del vaticano, para llevarlo de regreso a los estados italianos, usted se encuentra en un grave peligro… —El misionero la miró extrañamente, pero no comentó nada, esperó que el silencio hiciera que su acompañante continuara desarrollando los hechos.

Cambió su actitud más humildemente y respondió,—necesito llevarlo a salvo, pasaremos la noche en los altos de Graz, después bajaremos a Klangenfurt y de ahí a Tarvissio en la frontera con los estados de Venecia. Son 6 días de viaje, pero estaremos a salvo en estos lugares.

El misionero, al ver que la dialéctica y el discurso de la mujer era la misma y no alteraba sus oraciones y sus comentarios, reaccionó de manera agitada y severa haciendo que la mujer diera un pequeño brinco debido a la exaltación del mismo.

—¡Quién dio la orden! Necesito un documento o carta de comprobación…

—Con todo respeto a usted y su sacra presencia, mi misión es llevarlo a salvo bajo los dictámenes de los muy respetados ministros parlamentarios de Roma, no tengo un documento que avale dicha información debido a que las relaciones se han roto entre ambas naciones, esto es un rescate de un representante del estado vaticano por parte del papa Clemente VI…

Jacek se quedó mudo, no comprendía las palabras de la mujer, comenzó a sospechar de que trataba de un asunto de estado o asesinato y lo estaban llevando a su tumba. Se concentró en generar un plan de salida inmediato. La mujer iba resguardada bajo dos hombres caucásicos de aspecto militar cargados de armas y municiones.

—¿Cuando llegaremos al primer destino? —cuestionó Rela.

Mañana a primera hora, estaremos en un pueblo cerca de Graz, ahí pasaremos la noche en una de las posadas.

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