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#Novela | Zarismo Total 3a entrega: La acusación del misionero II

Por Jorge Kinich Ramírez

Durante la junta de planeación de ataque, el distraído Roman mencionaba de manera risueña a las mujeres que ayer había conocido, con un ligero aliento a whisky, mientras su séquito de trabajo y  homólogos se veían unos a otros impacientes y confundidos de la nula toma de decisiones y la actitud poco firme y profesional del mayor.

Ya se tenía registro que el hombre  blanco y robusto, sufría ataques de ansiedad y se automedicaba con un coctel de píldoras supuestamente recetadas por médicos de la Corona.

Viejo político y de poco hábito militar, las decisiones de carácter se tomaban bajo su mando, por lo cual, el Ober-ofitser y segundo al mando Donat Czerniejewski persuadió a la mayoría de los monitores de batallón para modificar  las órdenes del mayor, e intervenir  a favor de las tropas de la corona polaco-lituanianas.

El Mayor, cada vez más confundido seguía configurando a las tropas a través de movimientos ensayados para los desfiles y celebraciones sociales que se efectuaban en Varsovia.

Las tropas confusas caminaban haciendo movimientos antiguos y poco usados durante las batallas. Sin embargo, el Mayor estaba seguro de las oraciones que gritaba, a tiempo de enfadarse y expresar un cólera que salía a través de su rostro,  en forma de sudor y saliva.

El traje ajustado mostraba el poco uso que el Mayor disponía del uniforme y su sobrepeso.

Ambos bandos se disputaban el control del lugar. Por las puertas entraban bloques de soldados polacos  sin resistencia de ocupación,  y una vez dentro y desformados se encontraban con un gran bloque de formación en cuadro romano, donde los batallones  rusos se conglomeraban bajo los gritos de firmes y fuego, acción que confundía al enemigo, ya que el soldado polaco esperaba un ejército descuidado y rebelde, en trapos y hambruna, según la descripción del Mayor noche anterior.

Cinco batallones de artillería montada de seis libras del más alto calibre, con la ingeniería más avanzada de la época y recién inauguradas a través del documento de Viena, disparaban ágilmente y de manera adiestrada hacía las fortificaciones del fuerte, haciendo que toda la región se perpetrara en explosiones y olor a pólvora.

Cientos  de  balas  de cañón se disparaban a la cortina de piedra. La caballería galopaba en desorden al noroeste de la zona, tras malinterpretar los gestos a distancia del ya más nervioso y tambaleante Shtabs-ofitser, que avanzaba sobre su caballo con ridículos gestos, desorbitado y balbuceando oraciones incomprensibles, casi irreconocibles.

Dentro, las líneas confiadas de soldados polacos, avanzaban a una carnicería de hombres  perforados, calcinados y degollados, al ser abatidos por las ágiles líneas de infantería ligera, mosqueteros y fusileros bien formados al centro de la explanada.

El mayor había perdido el razonamiento, sufría un ataque de ansiedad y se encontraba al borde de un paro cardiaco. Debido a la obstrucción de grasa en las arterias, tras dos horas de regreso una vez hospitalizado en Leópolis.

Los médicos cirujanos decían que  su estado de estrés era tan avanzado que estaban sorprendidos por su resistencia al los síntomas epilépticos.

—Un mal momento para la guerra  —decía el misionero católico Jacek Rela, que 3 días antes había entregado al Mayor Roman la carta de ataque supuestamente autorizada por el Canciller Polaco Artur Trush, dicho lo anterior y ante la catástrofe política, el canciller negó la  carta.

El Oficial Superior Polaco Donat Czerniejewski, segundo al mando después del Mayor, apenas y lograba salir de la batalla al  hacer una retirada y movimientos de salida pertinentes, evitó que una última cuarta parte del ejército desplegado fuera acribillado, además de ganar una medalla de gallardía por recuperar del campo de batalla 2 carros de artillería que se creían tomados por los rusos.

Urgentemente enviaba una Carta al canciller Trush en Berlín, para esclarecer bajo qué órdenes se habían aprobado los hechos tan contundentes que marcaron un momento decisivo en la línea frente-centro de la guerra Maria-Zofia I.

—Demandamos  esclarecer la  orden de primer mando al ataque del fuerte, y bajo qué criterio se seleccionó, al muy enfermo mayor Roman Deren, baja definitiva.

El misionero católico Rela, delgado y con poco cabello; salía  tranquilamente de un convento en Eslovaquia cuando un regimiento de la guardia polaca civil lo esperaba a las puertas del mismo. Jacek Rela al ser miembro romano por  parte  de los estados de Venecia, un imperio  aliado y con acceso militar a las regiones húngaras y eslovacas  no podía ser condenado o fusilado públicamente debido a que los intereses comerciales eran más grandes con la región aliada.   

—Es un hombre que ha perpetrado los asuntos del imperio Polaco Lituaniano, trabaja para los rusos y su política exterior  a través de la iglesia ortodoxa junto con los estados del vaticano!

Redactaba Czerniejewski, justificando su premeditado arresto hacía el misionero.

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