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No llores por mí, América | Columna de Adrián Ibelles

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A nadie le sorprende que Agustín Federico Marchesín sea protagonista de una controversia más en el balompié mexicano.

El cancerbero ex de Lanús (2009-2014) y ex del Santos Laguna (2015-2016), se vio involucrado en un posible negocio bajo la mesa para salir de su club actual, el América, con rumbo a tierras argentinas.

Lo que parece haber salido a la luz, es la causa por la que el arquero de 30 años estaría dispuesto a cambiar de playera. A la mitad de su carrera y quizás en su punto más alto, Marche plantea la chance de hacer un buen negocio con sus ya probadas habilidades deportivas.

La novela entre él y el presidente de los guerreros, Alejandro Iraragorri tiene un par de episodios tensos, en los que el jugador, tras conquistar la liga, buscó mejorar su contrato, topándose con la negativa del empresario santista. El negocio (Santos cediendo a Marchesín al América) parece haber funcionado solo para la parte de los laguneros, campeones unos meses atrás ya sin el pibe porteño.

Ahora Marche podría estar jugando a lo mismo, con la intención de escalar cifras o millas, lo que prefieran en Coapa. Probando que es tan bueno en la cancha como en la mesa de negociación.

Lo que sigue es un juego muy complicado, ruptura en el vestidor, baja en el juego, declaraciones incómodas y propuestas indecorosas. Serán jornadas largas para el Ame, y para su hinchada, que parece no tener el interés y la entrega de ese mercenario que usó al futbol mexicano como trampolín, algo comprensible desde la perspectiva del argentino, pero que no le sirve al aficionado que sí ama sus colores.

Que las águilas se deshagan pronto de ese falso ídolo. Nadie lo va a extrañar.

Sigan en sintonía.

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