Serendipia

Nerve vs La Ballena Azul | Columna de Víctor Hernández

Serendipia

Muertos por jugarle ALV 

El reto de la ballena azul fue una terrible moda que en mayo pasado se volvió viral en redes sociales y fue dada a conocer en medios de comunicación por lo absurdo de su naturaleza y por la cantidad de víctimas que había cobrado. Se trató de una serie de retos que los seguidores debían cumplir hasta llegar al último que consistía en quitarse la vida. De hecho, esta misma semana el “juego” cobró una vida más, Isaiah, un joven originario de Texas que exhortado por esta serie de retos decidió grabar su propio suicidio.

Este juego macabro y estúpido, tiene su origen en Rusia, o al menos ahí se registó la primera ola de suicidios y que la mayoría estaban vinculados a una red social muy parecida a Facebook llamada Vlontakte. El nombre del reto tiene que ver con la naturaleza de la ballena azul que decide encallar en las playas para morir.

Ahora bien, esta red social incitaba a los miembros a cumplir una prueba al día durante cincuenta días. Según la investigación que se hizo en su momento, los participantes del juego deben tener de algún modo contacto con personas conocidas como “curadores” o “tutores en línea”, quienes guían a la víctima con los retos que iban desde observar películas de terror, causarse lesiones, entre otras cosas y registrar mediante fotos o videos los retos para compartirlos en la red, por lo general esto debía realizarse a la misma hora, las 4:20 de la madrugada.

El supuesto creador del reto, el ruso de 21 años Philipp Budeikin consideró que con el reto estaba haciendo una limpieza de la sociedad, aún así, desde que fue detenido, este individuo ha recibido cientos de cartas de amor provenientes de seguidores y fanáticos.

Y digo que es supuesto ya que en 2016 se estrenó una película estadounidense (qué raro), llamada Nerve, catalogada como un techno-triller juvenil y que a su vez está basada en una novela homónima publicada en 2012.

En esta película, cargada de elementos neón y presentada en un futuro no muy lejano, la protagonista, representada por Emma Roberts, es una adolescente que aparentemente tiene baja autoestima y que recientemente perdió a su hermano, por lo que es presentada como vulnerable ante las constantes invitaciones de una de sus mejores amigas para que se conecte con cierta especie de aplicación llamada Nerve que se ha vuelto viral.

Nerve es un juego presentado en diversas plataformas digitales, al inscribirse, el usuario debe decidir si es jugador u observador. Al principio, parece ser un juego muy amigable, con retos simples y que al cumplirlos, además de ganar popularidad, existe bonificación monetaria. Sin embargo, al aceptar ser parte del juego, también se aceptan las condiciones y reglas del mismo, se pierde totalmente la privacía, los creadores tienen total acceso a cuentas de redes sociales, cuentas bancarias y a través de la red son capaces de destruir la vida de los participantes en todos los aspectos.

Es tal la magnitud del poder de los creadores/administradores del juego, que incluso las autoridades están coludidas y miles de seguidores los respaldan. La película muestra diversas implicaciones de otorgar atribuciones a las redes sociales. Como yo lo veo, además de formar una identidad en relación a lo que es popular o viral, deshumaniza a las personas. Estar detrás de un monitor puede tener la ventaja de participar de una actividad colectiva desde el anonimato, aún así para los expertos es sumamente fácil crear algoritmos que permitan revelar la identidad de un usuario sin importar en qué parte del mundo se encuentre ni las medidas de seguridad que tenga.

Otra característica interesante de esta película, además de mostrar los extremos que pueden tener las redes sociales, es la pequeña mirada a la deep web, aunque de forma un tanto rosa, deja claro el alcance que tiene y todo lo que se puede encontrar en ella, así como el acceso limitado que tenemos a la internet, dejando ver lo insensible de la sociedad y lo oscuro que puede ser el mundo si miramos de cerca.

 

@MrVictorHdz 

También recomendamos: Spider-man Homecoming | Columna de Víctor Hernández

Nota Anterior

Historia que se olvida (Parte 6) | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

Siguiente Nota

La honestidad que nos falta | Columna de Óscar Esquivel