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Nahui Olin y el feminismo | Columna de Marcela del Muro

Mujer al agua

Bajo la mortaja de leyes humanas, duerme la masa mundial de mujeres, en silencio eterno, en inercia de muerte, y bajo la mortaja de nieve —son  la Iztatzihuatl, en su belleza impasible, en su masa enorme, en su boca sellada por nieves perpetuas, por leyes humanas […].

Nahui Olin. Óptica cerebral

El legado de Carmen Mondragón, conocida como Nahui Olin, va más allá de la pintura, literatura, música o modelaje. Fue una mujer adelantada en el tiempo y poco valorada que ha sido conocida por su impresionante belleza, inestabilidad emocional y romances tormentosos; fue de las artistas más versátiles de su época y una mujer que ejerció su libertad hasta los últimos momentos. Tomás Zurián en su ensayo “Nahui Olin, Una mujer de los tiempos modernos” la describe: “Sin ninguna inhibición se convierte en el baluarte de la mujer nueva, liberada, con una moral que pregona más que con palabras con actitudes, una verdadera revolución sexual y de las costumbres”.

Nahui vivió el feminismo en todo su esplendor y es una figura representativa de la liberación femenina en México de 1920 a 1950. De Nahui Olin hasta ahora, existe un abismo de avance en cuestiones de equidad de género en el país, pero sigue siendo notorio cómo la liberación femenina se presenta como una cuestión de alerta para algunas personas y se refleja en algún tipo de violencia; es vista como el intento de quitar ciertos privilegios con los que el hombre cuenta y donde la mujer pretende tomar ciertas actitudes masculinas que no corresponden con lo que marca el patrón de lo femenino en la sociedad.

Estos patrones sociales se conocen como estereotipos de género y son los culpables de que exista desigualdad en los sexos pues se convierten en agentes de discriminación que impide que nuestro desarrollo sea equitativo y menos desgastante. Esto lo vemos habitualmente en menor o mayor escala en nuestro círculo social. Un ejemplo claro es cómo la sociedad nos dice que la maternidad es una parte importante en el desarrollo de una mujer: no está mal desear ser madre, lo malo es la presión que se tiene para ver a la maternidad como el fin o el complemento de una mujer.

Se convierte en una especie de guerra que enfrentan casi todas las mujeres en su vida diaria, algo tan habitual que llega a ser parte de la cotidianidad  y que en realidad son formas de violencia que limitan esa libertad por la que se lucha cuando hablamos de equidad de género. Como te dicen cuando eres pequeño, “la violencia genera más violencia” y estos comportamientos insignificantes puede ser la raíz de mas problemas de opresión para la mujer. La discriminación contra la mujer no se basa en diferencias biológicas entre los sexos, sino en una construcción social.

Rebecca Solnit en su libro “Los hombres me explican cosas” nos dice: “Comprenderíamos mejor el alcance de la misoginia y violencia, si tomamos el abuso del poder como un todo y dejáramos de tratar la violencia doméstica aislada de la violación, acoso, asesinato; si tomas todo en conjunto, el patrón de violencia contra la mujer se ve claramente”.

El derecho de las mujeres a vivir libres de discriminación y violencia es un desafío prioritario en los sistemas de protección de los Derecho Humanos.

Estos cambios sociales no se darán por decreto, es un proceso lento donde se debe de trabajar en conjunto para diseñar nuevos ideales sobre el poder y el papel que toma la masculinidad y que afecta a todos los sectores de la población. La libertad en un país como el nuestro sería más fácil si se trabaja en respetar la individualidad de todos los integrantes de una sociedad, sea mujer u hombre.

El 9 de septiembre del 2018, finalizó la exposición “Nahui Olin, Una mirada infinita” en el Museo Nacional de Arte (Munal), la cual nos permitió recordar, indagar y fascinarnos con la multifacética Carmen Mondragón; una mujer fuerte, irreverente, sensual y totalmente libre en una época adversa para los derechos de la mujer.


http://www.munal.mx/es/exposicion/nahui-olin

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