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Muy ricos y muy pobres. Columna de Óscar Esquivel

DESAFINANDO.

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Dependencias pobres… funcionarios ricos.

La sociedad mexicana se ve envuelta en un mar de turbulencias, marejadas de malas noticias donde cada vez pareciera hundirse más en arenas blandas y fangosas, que no ve cómo salir.

Los pensamientos negativos son los responsables del estrés colectivo, la amenaza constante de la violencia, sin embargo, estamos aquí luchando por nuestros hijos, las familias se juntan para resolver sus propios problemas.

La burocracia siempre ve para otro lado, es fácil hacerse los desentendidos o solo obedecer las instrucciones de sus jefes para tener razones de no hacer la tarea que les corresponde.

El país entero busca respuestas a su precaria manera de vivir, adquiere experiencia financiera, se vuelven administradores y nos convertimos en los principales recicladores de lo viejo… porque lo nuevo es inalcanzable.

Las sociedad siempre encuentra la alternativa más conveniente a sus intereses de bienestar, la democracia es casi siempre la más atractiva, el poder ciudadano o el empoderamiento social rebasó en estos momentos la capacidad de decidir del gobierno, la tarea de los políticos, que deberían ser los encargados de convocarnos a la participación. Simplemente no lo hacen, el desdén público los convierte en entes que no garantizan buenas cuentas y por consiguiente malos resultados.

La disparidad de salarios es abrumadora, no es que los funcionarios ganen miles o millones al año, pero en un país de pobres y a clase media cada vez más sufrida y empobrecida… no aguanta más.

Las percepciones salariales de quienes ostentan el poder no concuerdan con la realidad de muchos, el problema no es cuánto ganan, el problema son 52 millones de pobres.

Un secretario de estado que “administra” entregar despensas o techos de cartón o material de construcción… lo que gana es mucho para lo que hace.

El servicio medico deficiente en todos lados, el IMSS en franco deterioro económico, las aportaciones de los empresarios como de los trabajadores van a parar a hacienda, ¡obviamente!  Lo descapitalizan, no hay medicamentos, quirófanos contaminados sin equipo adecuado, alta tasa de infecciones. El Seguro Social tiene un mayor gasto en “efectos secundarios” que el mismo remedio.

Dependencias pobres funcionarios ricos, cualquier ejemplo de eficiencia es la antítesis del gobierno, hace falta una admiración moderna, eficaz pero sobre todo, austera. El éxito de una administración gubernamental recae en la forma de manejar la administración pública.

Los planes estatales de desarrollo se realizan con un presupuesto previo, pero no cuentan con el respaldo financiero adecuado, entonces el estado recurre a la deuda para realizar una obra y lo pide prestado, posteriormente lo utiliza para gasto corriente, aplicándolo en la operación administrativa del gasto de un hospital, por ejemplo.

Respecto a la deuda pública se manifiesta preocupación: ha llegado al 47.8 por ciento en 2016… Esta es una cifra tan grande que se dificulta comprender, por lo que si asumimos una población de 126 millones de habitantes, entonces la deuda pública de nuestro país es de 71 mil 300 pesos por persona, la deuda llegará a finales de año a la estratosférica suma de 9 billones de pesos.

¡¿En dónde están?! ¿En las nóminas? En los lujos con los que se conducen nuestros representantes, ¿en obra pública?, ¿servicios o educación?

La falta de sentido común: la inoperancia gubernamental para erradicar la pobreza es donde no se da el primer paso. ¡No Al asistencialismo social!, donde después se convierte en clientelismo electoral, impulso regional a proyectos sociales y productivos, incentivar a las pymes.

La austeridad debe imponerse como una forma de vida, una manera de ser coherentes con la realidad.

Es urgente la regulación de salarios de los servidores públicos, una ley federal avalada por todos los estados, solo así se logrará un equilibrio real entre lo que hacen en el trabajo y lo que perciben.

Una reducción del 50% parejo ¿sería mucho desafinar?

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