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Mudanza. Colaboración especial de Liz Mireles

MUDANZA

LA FLAUTA

Basura, bolsas, papeles, cajas, ganchos, fotos; ropa, ropa, más ropa; el letrero del hospital con el nombre de la bebé atesorado entre tus cosas, las habitaciones blancas, llenas de eco, a punto de ser desocupadas. Toda tu vida apilada dentro de las cajas en la entrada. Veo tus cosas, me cuentan tu historia como pequeños fragmentos que vienen y van sin orden: los trajes sastre, los abrigos, las faldas, las medias, lo que usabas cuando desayunábamos los domingos en la casa de nuestros padres; las fotos, los zapatos ¡decenas de pares! Documentos, cremas para la cara, para las manos, los pies, esmaltes, lociones, maquillaje, ropa de bebé, mucha de ella sin usar, tu ausencia; todo sellado en cajas. ¿Dónde voy a guardar tu recuerdo? No me cabe en el pecho querida.

Apareció el vestido que no encontré el otro día, cuando tuve que ir a tu casa; donde todo olía a tu perfume, hasta el eco de tus tacones se escuchaba. Me senté en tu cama y miré a mi alrededor, tu nombre se repetía intermitente en mi cabeza y se resbalaba por mi cara. Todo ahí eras tú, tus perros me ladraron al abrir la puerta, después, se callaron, cuando lo comprendieron se hicieron a un lado. Fui pensando que podría hacerlo sin problema pero me quebré frente a tu espejo, entre tus cosas, buscando tu ropa, tal vez no hice la mejor elección, tal vez no te gustaba el azul ¿pero qué más podía hacer para salir de ahí? Apenas esa mañana habíamos hablado mientras viajabas, querías que todos los detalles estuvieran perfectos para la fiesta de la siguiente semana, te acordabas de algún pendiente y me hablabas para compartirlo, ví tu número en la pantalla muchas veces, por eso se hizo raro no saber nada de ti después de varias horas, el último mensaje lo recibí a las 3:45 p.m. me pedías algo que no puedo recordar qué era. La siguiente llamada fue para decirme que había pasado algo terrible, esas palabras aún suenan en mi cabeza y hasta el día de hoy no las entiendo; ha muerto, ella se ha ido.

Todo cambió en un segundo, todos los planes, todo el futuro a partir de ahí. Poner punto final a nuestra historia, la que comenzó cuando éramos niñas y jugábamos toda la tarde, metidas en nuestra habitación: peinar muñecas, cambiar nuestros nombres, brincar sobre la cama, pelear, hacer todo lo que hacen las hermanas en una infancia atrapada en fotos donde reímos y crecemos; como durante los viajes a la orilla del mar, en el asiento trasero del auto, en ratos dormidas una encima de la otra o viendo pasar el tiempo hasta llegar con los primos y hacer de esos momentos los mejores de nuestras vidas; más grandes, salíamos juntas a bailar, viajábamos solas, nos encantaba hacer compras y tomarnos fotos; lloraste en mi boda, te emborrachaste junto con el abuelo, no puedo dejar de pensar en él, me dijeron que fue al lugar del accidente y te vio por última vez ¡que golpe tan duro! Aún cuando hablamos de ti se le llenan los ojos de lágrimas… a todos, sin duda, se te extraña.

Borré aquel el último mensaje porque nada decía de ti, atesoraré la foto donde nos sentamos juntas, donde soñábamos con ver crecer a nuestras niñas; serían las nuevas niñas, las niñas de papá, las niñas por siempre, como tú, como yo.

Conservaré tu sonrisa, los aretes de nuestra madre, repartiré los años que te faltaron, tu corazón angustiado, tu piel apenas mutada de maternidad; cuidaré de tus perros que aun te esperan en la puerta, los miro y te veo a ti.

Repetiré tus palabras para que no se olviden, reiré y pensaré en ti en el mes de junio, también en diciembre, de camino al norte, de regreso a casa.

Dedicado a mi querida Hermana Heidy, quien junto con su pequeña hija Andrea y nuestra Tía María, murieron en un trágico accidente en junio del 2014, víctimas de la imprudencia de un hombre alcoholizado quien era seguido por la policía atentiendo una llamada de auxilio de la ciudadanía, durante la persecusión sobre la carretera 57 a la altura del municipio de Matehuala.

Ellas tuvieron la mala fortuna de cruzarse en su camino de regreso a San Luis Potosí. Actualmente, el proceso en contra de Melchor Martínez Ceballos, detenido desde esa fecha y quien apeló el auto de formal prisión, concluyó el desahogo de pruebas y estamos en espera de la sentencia que puede llegar a ser absolutoria. Ninguna acción legal contra el responsable me regresará lo que perdí ese día, pero recordarle los nombres de las víctimas y todo aquello que destruyó es la manera de preservar su recuerdo, no dejaré que el tiempo olvide las consecuencias de aquello con lo que tiene que vivir.

 

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