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Morir en el trabajo es indigno | Columna de El Mojado

Rudeza Necesaria

Morir en el trabajo es indigno, no importa cuántas personas consideren que sería un honor. Por tanto, nadie debería morir mientras trabaja, ya sean policías, obreros, periodistas, militares o luchadores.

Se ha idealizado por años la idea de que la gente muera “en cumplimiento del deber”, pero tiene un problema fundamental: reduce al ser humano a su ocupación. Nadie pone atención en su familia, sus seres queridos y que las condiciones laborales tendrían que ser siempre las adecuadas para evitar que un accidente mortal se presente mientras se labora.

La muerte de Silver King del pasado fin de semana en Londres, mientras luchaba, es por tanto indigna.

Lo acepto: no he visto el video de la lucha ni del momento en el que César Cuauhtémoc González Barrón ya no responde más.

No lo he hecho porque aprendí la lección hace cuatro años, cuando el Hijo del Perro Aguayo falleció en Tijuana, también sobre el cuadrilátero: ver morir a una persona que admiras es doloroso y por desgracia, imborrable.

Aún así, respeto a todas las personas que decidieron verlo, porque entiendo que el video tiene un valor periodístico. No quiero ponerme encima de ningún otro individuo que eligió eso.

A quienes sí les guardo recelo es a los medios que aprovecharon la desgracia para poner en sus muros y páginas principales, en notas precedidas por la frase “(VIDEO)”. Sobre todo porque ese nivel de cobertura difícilmente será alcanzado por la lucha libre en otras circunstancias y lo único que tratan hacer es llegar a más gente aprovechándose de la tragedia. Pero no hay nada que se pueda hacer al respecto.

Entonces elegí esta vez despojarme de mi derecho a hacer peritajes en redes sociales simplemente para no tener que cargar con la imagen de Silver King agonizante al centro del ring el resto de mi vida.

Pero aún así hay cosas que vale la pena resaltar, como que volvió a ocurrir otra muerte de una estrella mexicana en el cuadrilátero y solo pasaron cuatro años desde la ocasión anterior.

En 2015, después de la muerte del Hijo del Perro Aguayo, muchas autoridades se treparon al carro de la tragedia y dijeron que apoyarían a la lucha libre para evitar que más tragedias como la que ahora lamentamos volvieran a ocurrir. Pero el tema dejó de estar en el interés público y las promesas se disiparon.

Es cierto, la muerte de Silver King no ocurrió en México, sino en Londres, pero las mismas condiciones inseguras de trabajo, con empresarios mexicanos, se pudieron replicar en nuestro país y en Inglaterra.

El riesgo de trabajo es alto e inevitable para quienes practican la lucha libre profesional. Pero ese riesgo debería ser reducido al máximo con las condiciones correctas, con la atención puntual y adecuada. Pero nuestra lucha libre no ha logrado obtenerlas aún, y ya nos ha costado vidas.

Apenas el 3 de abril pasado, el Congreso de la Unión aprobó la declaratoria de Día Nacional de la Lucha Libre para el día 21 de septiembre. Ese nombramiento no sirve de nada si no ayuda a mejorar las condiciones salariales y de seguridad social de los luchadores. Pero a las autoridades no les interesa mejorar el trabajo de un gremio bastante amplio, pues calculo que solo en la ciudad de San Luis Potosí el número de luchadores profesionales debe superar los 300. Lo único en lo que se interesaron los legisladores fue en aparecer en fotos junto a enmascarados.

La muerte de Silver King dolió, pero no puede quedarse solo ahí. Es momento de, ahora sí, revisar cómo se realizan las funciones de lucha libre y mejorar la situación para cualquiera que suba al ring a poner en riesgo su vida.

No podemos permitirnos que ningún otro luchador pierda la vida mientras trabaja.

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