Columna de Jorge Ramírez Pardo

Morando | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Divulgación de la ciencia en la posibilidad de un contrapunto

El martes de la semana, el realizador de cine José Orozco visitó distintos puntos de la ciudad. Le sorprendieron, la presa San José y el Centro de las Artes, por su arquitectura, claro. Le maravilló el Parque Tanagamanga I –“ya había escuchado hablar de él…, tal vez sea el mejor parque de México (en extensión, con sus 420 hectáreas, es el segundo del país) porque la última vez que estuve en Chapultepec me pareció descuidado”-. Pero, Orozco, también con sorpresa, se enteró del absurdo de tal parque con desarrollado y mantenimiento adecuados, tenga vedado el acceso al Museo Laberinto de las Ciencias, al que hay se debe llegar en transporte propio o rentado (no público) y pagando tarifas que escapan al bolsillo de la mayoría de los potosinos. Hasta los grandes museos del mundo, son gratuitos los domingos. El Laberinto no y, además, se dirige con criterio gerencial.

Ah, pero hay otra posibilidad de contrapunto 

Variante, también de ciencia. El doctor en física José Luis Morán López, nacido en Charcas, con posgrados en el extranjero, pero afianzado en la ciudad, ascendió en el escalafón, de secretario a presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, AMC. Esa fue, la semana pasada, una de las gratas noticias locales en medio del ya habitual mar de turbulencia, tribunos tramposos y criminalidad ascendente.

Morán es un hombre inteligente, proactivo y de trato amable. En años recientes, consiguió que dos iniciativas suyas fraguaran. Esto lo hizo director fundador del Consejo Potosino de Ciencia y Tecnología (Copocyt) y del fructífero e incluyente Instituto Potosinos de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT) (institución que en tiempo record adquirió estatura de excelencia con la contratación de investigadores eméritos de otros lugares del país y el extranjero para generar y consolidar aspectos de investigación y academia en posgrados, según se estila en la UNAM; algo también alcanzado en 20 años por el Colegio San Luis). Ello permitió a ambas instituciones obtener rango de excelencia según los parámetros del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

 

Ciencia para niños, gratuita, necesaria e indispensable 

Primero como docente y directivo del Instituto de Física en la UASLP, luego al frente del Copocyt, Morán López ha sido un generoso impulsor de la divulgación científica, lo mismo en contextos universitarios que como educación informal o de divulgación con niños y jóvenes. De esto dio cuenta El Vagón de Ciencia/SLP durante su etapa fundacional.

El martes pasado, cuando el Dr. Morán tomó posesión como presidente de la AMC, subrayó la importancia del desarrollo científico para cualquier país, y solicitó al gobierno federal, que se devuelva a la ciencia mexicana el presupuesto que se le ha recortado; que se tenga, al menos, el que se había alcanzado en 2010.

Llamó a continuar el proceso descentralizador del desarrollo y divulgación de la ciencia. Es necesario, remarcó, vincular las ciencias con la educación básica. En su discurso, José Luis Morán también convocó como aspiración a que la ciencia forme parte de la vida cotidiana.

Abrir la ciencia potosina a los merecimientos sociales 

Tales llamados merece ser escuchado y los potosinos de a  pie, que somos mayoría, también. El Laberinto de las Ciencias, debiera deponer su visión gerencial, y abrir acceso gratuito al Parque Tangamanga I y a todos los potosinos, quienes ya pagamos con nuestros impuestos los costos inflados del inmueble cuyo presupuesto inicial, ya inflado, fue de 100 millones y acabó costado 460 millones.

Por cierto El Laberinto no renueva su guión con frecuencia porque no cuenta con el soporte de la comunidad científica local que genere contenidos propios ni cuenta con divulgadores de ciencia profesionales. Soporta sus visitas guiadas de manera primordial con alumnos de servicio social cuyo paso por el plantel es efímero. A diferencia del Centro/museo de ciencias Universum de la UNAM que, desde sus inicios, respalda desarrollo y contenidos de todas sus salas y su cambio de guiones y formatos, con el aporte y supervisión de 300 científicos de su comunidad y una pléyade de creativos egresados de sus áreas de cine y artes.

El museo local, El laberinto, hasta ahora y con casi 10 años de ejercicio, es un gran juguete catártico, en “lindo” empaque, que ayuda a descargar emociones por la creatividad comprada de instrumentos que hacen converger la físico-matemática y la química con el arte. Carece, en lo general, de espacios para la reflexión, y no propicia la re-insidencia sistematizada de los niños para la construcción de conocimiento y desarrollo creativo propio que pudiera motivar a una cultura con-ciencia, y estimular la generación de vocaciones tempranas para la ciencia. Está construido con sofwers importados costosos. Disimula con exposiciones temporales o películas en 3D, pero carece de un cuerpo de divulgadores científicos profesionales.

Que la llegada de Moran a la presidencia de la AMC y los anhelos que plantea tengan eco local. Al rescate del movimiento de divulgación científica de otros días. A la tendencia desculturizadora planetaria, se puede contraponer una visión prospectiva a favor de una cultura con-ciencia. Hay recursos humanos para esa reconstrucción. 

enredarteslp@hotmail.com

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