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Modrić, The Best | Columna de Emmanuel Gallegos D.

Gambeta


Aún recuerdo ese lejano Agosto de 2012 cuando el Real Madrid comenzaba a armarse y entre los jugadores que llegaron para esta temporada estaba el experimentado croata, Luka Modrić, que provenía del Tottenham Hotspur. De ese equipo la verdad es que no recuerdo mucho, si bien contaba en sus filas con jugadores como Dempsey (el rival norteamericano), Adebayor (viejo conocido del Madrid), Bale (que en ese entonces era un prospecto muy interesante) y Defoe (un veterano muy reconocido en Inglaterra).

Un cuadro que aspiraba a pelear por entrar en puestos europeos, y de entre ellos, llamó la atención del cuadro blanco un mediocampista menudito, de cabello largo y rizado de origen croata, que orquestaba ataques con su velocidad y visión de campo así como con sus grandes disparos de larga distancia (eso era, sólo que yo no lo veía).

A su llegada y con los minutos que le daban, la verdad es que no me deslumbró y estaba lejos de parecer un jugador que tuviera los arrestos para pertenecer al mejor club del mundo (sí, por encima del Barcelona y todos sus campeonatos recientes). Intentaba lanzar ataques, perdía balones y regularmente jugaba a lo seguro, no arriesgaba pero tampoco era tan ofensivo o peligroso como yo esperaba de un jugador que llegaba al Real Madrid. La verdad es que no veía la hora de que lo traspasaran a otro y trajeran un mediocampista con mucho mejor desempeño que el “güerito” que trataba, pero no se le daban las cosas.

Tuvo que llegar la temporada 2013 de la Champions para que pudiera entender la importancia de “Lukita”. Partido de dieciseisavos de Champions League contra el Manchester United. Casi al comienzo de la segunda mitad, en el minuto 48, Ramos hace un gol en propia puerta. El Real Madrid cayó 1-0 en Old Trafford ante uno de los equipos ingleses más poderosos y ganadores. El Madrid estaba encima de los devils, pero nomás no lograban concretar las jugadas. Llegó el minuto 66 y Modrić me calló la boca e hizo el gol del empate en uno de los míticos estadios del futbol europeo. Disparo lejano del croata que golpea primero en el poste y que posteriormente se incrusta en la red del equipo Inglés. Ahí fue la primera vez que creí en él. Posteriormente llegó Cristiano, (quién más) viejo conocido del United para en el tiempo extra marcar el gol y dar el pase del Madrid a la siguiente ronda.

Entrega del galardón The Best

De ahí en adelante mi percepción de Modrić cambió, abrí los ojos y puede ver todas esas cualidades que vieron otros (que seguramente saben mucho más que yo) y que le hicieron llegar al conjunto merengue. Temporada tras temporada, título tras título, me demostró no ser un jugador más del montón. Su entrega, sus goles y pases fueron importante en todos los partidos en los que se enfundó la camiseta merengue. En este año tuvo la fortuna de comandar y dirigir el medio campo de la selección croata, y colarse hasta la final con un equipo más que bueno, aunque Francia traía la suerte y el buen futbol de campeón, además de una mejor escuadra. Pero Modrić fue importante para su selectivo con goles y con asistencias, lo que le valió ser considerado el Mejor Jugador del Mundial, por encima de Griezmann o Mbappé, que sí levantaron la Copa del Mundo.

Con esto, me hace recordar la injusticia que se dio en 2012, cuando Messi ganó el botín de oro por encima de Xavi e Iniesta, siendo campeones del Mundo y teniendo menudas temporadas con el Barcelona. Ellos en su momento, también debieron ser The Best, pero pudo más la marca y el nombre.

Afortunadamente, hoy el mundo del futbol le hizo justicia a un jugador que mediáticamente no lo verás en muchos anuncios de televisión, ni saliendo en noticias de la farándula porque se hizo un peinado diferente, o porque se compró un carro de último modelo. Su pasado envuelto en guerra y pobreza lo hicieron crecer con una mentalidad diferente y fuerte. Alejado de todo eso que termina envolviendo a muchos jóvenes en el Madrid. Fue premiado como The Best, título que debe llevar con mucha alegría y sobre todo con todo orgullo. Además, rompe la hegemonía que por más de una década se llevaban Cristiano y Messi (ambos ausentes en la entrega del trofeo).

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