#4 TiemposColumna de Ricardo Sánchez García

Mirar hacia el pasado | Columna de Ricardo Sánchez García

Sin partitura

Allende el fuego, allende el viento/tú regresarás, tú nunca has muerto/de cabeza en cabeza, de uno en dos/ ha de volver tu voz y tu entereza, escribió Oscar Chávez en homenaje a Salvador Allende caído por el golpe de Estado perpetrado contra la voluntad del pueblo chileno un 11 de septiembre de 1973; recordado como el hombre comprometido que fue, en una coherencia de pensamiento y acción, por su creencia en la revolución pacífica a través de las urnas. También en septiembre, el uno de cada año, se rinde el informe de gobierno federal y aunque en el más reciente el presidente nos alerta del peligro de regresar al pasado, es ahí donde debemos ver nuestro futuro.

Rendir un informe tiene sentido. Es la oportunidad de evaluar lo que se ha hecho, cambiar de rumbo en lo que va mal y enmendar lo que aún se pueda. Pero sobre todo, es la obligación de un gobierno para someterse al escrutinio público mediante  la rendición de cuentas. Es nuestro derecho y ante la demanda ciudadana los antiguos formatos plenos de aplausos pasaron a la historia. Por eso las autoridades crean nuevas formas, buscan evitan el contacto con el pueblo y en la comodidad de un spot envían un mensaje con la pretensión de que tenga receptor, más no una respuesta basada en el diálogo y las interrogantes.

Siempre vendrán tiempos mejores, la esperanza muere al último y mejor malo por conocido que bueno por conocer son frases que podrían resumir el 5o. Informe del Presidente Enrique Peña Nieto, pues no veo una peor manera de intentar salir adelante cuando no hay nada bueno por informar.

¿A qué debemos tener miedo? En una lamentable actuación, el ejecutivo federal pretende señalarnos el camino de lo que considera una disyuntiva. La promesa, eterna promesa, es que debemos construir un futuro. ¿Acaso no tuvieron oportunidad para construir un México mejor? ¿Aún debemos dejar nuestro futuro en manos de los mismos gobernantes? Son más de 70 años y la economía, la educación, las pésimas condiciones laborales sigue siendo un pendiente por resolver. Generaciones completas se nos han ido desde López Portillo, quien nos invitaba a confiar en su gobierno y mirar hacia el futuro. Quienes eran unos niños han vivido estos sexenios de terror, persecución, muerte, hambre, narco gobierno, pobreza y un largo etcétera, escuchando repetidas falsedades en cada uno de los informes sexenales. Las violaciones a derechos humanos y la simulación de una democracia, la persecución de la disidencia en la clandestinidad fueron la forma común de gobernar a las generaciones de los 70s y 80s principalmente.

Mirar al pasado es bueno, pues un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, se ha dicho. Carlos Salinas de Gortari, con la firma del TLCAN nos había prometido regular el creciente comercio entre los países firmantes, alentar la inversión y la creación de empleo, ¿seguiremos creyendo que se está construyendo un mejor México?

En algo estoy de acuerdo con Peña Nieto y es que no debemos ceder a un modelo del pasado, pues un modelo calificado como fracaso por sus mismos hacedores no debe sostenerse. Hasta hoy la herencia es la pobreza extrema, marginación y una pésima calidad de vida en la mayoría de las y los habitantes. Sin embargo, el sistema político y económico fue instituido hace décadas e instrumentado en los últimos sexenios al que le dieron continuidad los llamados gobiernos de alternancia.

La memoria reciente nos evoca sistema de participación ciudadana imposible de sostener por más tiempo a base de mentiras y simulaciones. Las democracias hasta hoy sólo se han legitimado cuando quien gobierna está a favor de regímenes e intereses imperialistas. El lamentable Golpe de Estado contra Salvador Allende, perpetrado por intereses depredadores un 11 de septiembre de 1973, dio paso a quince años de sangrienta dictadura, es un ejemplo. Pero esos gobiernos carentes de legitimidad, represores y violadores de derechos humanos en Chile, fueron sostenidos y  justificados por aliados internacionales beneficiados con el derramamiento de sangre.

Salvador Allende, en su emotivo discurso en la Universidad de Guadalajara deja claro que las personas y sus derechos humanos están por encima de cualquier ideología política y creencia religiosa. Pero además, señala la obligación del estado de hacer efectivo un sinnúmero de derechos, entre otros, al trabajo digno. Sus arengas vienen seguidas de esperanza, pero sus palabras no quieren ser escuchadas porque así como incomodaron a los poderosos de su época, hoy incomodan igual, pues al paso de los años no se han solucionado estas problemáticas.

El Comité Cerezo documentó sólo del 1 de junio de 2016 al 31 de mayo de este año 1442 violaciones a derechos humanos cometidas en contra de defensores de derechos humanos vinculados a la labor que realizan y más de setecientas detenciones arbitrarias a opositores del gasolinazo o la reforma educativa-laboral. Con el informe del Comité Cerezo, Enrique Peña Nieto es fuertemente cuestionado como el gobierno más sangriento en décadas, comparando sus métodos con los mismos de gobiernos dictatoriales. Las palabras de Allende siguen vigentes cuando nos dejó en claro que la revolución la hacen los pueblos, pero esencialmente los trabajadores.

No debemos tener miedo de mirar hacia el pasado porque sólo así comprenderemos que las leyes no son hechas por los trabajadores, sino por los sectores de la burguesía cuando tienen el poder económico en sus manos y buscarán perpetuarse en el gobierno a base del miedo, como lo han hecho durante años contra la voluntad de las mayorías.

@RicSanchezGa

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